No va de correr, sino de quedarse y disfrutar: el fútbol andarín que revoluciona Asturias
Un torneo de fútbol andarín reúne en el colegio San Ignacio de Oviedo a 29 equipos y más de 280 jugadores en una iniciativa donde "el gol se celebra sea de quien sea"

Arriba, por la izquierda Svetlana Stepanenko y Yuliya Philippova, junto a su hija Anna, ayer en el torneo. Abajo, de rojo, el equipo del fútbol andarín de La Guía. A la derecha, uno de los dos equipos del Real Oviedo. | MARÍA RENDUELES/FERNANDO RODRÍGUEZ

"¡Que no me gusta el fútbol!". Cati Riesgo se ríe mientras lo dice, como si todavía no entendiera muy bien cómo ha acabado aquí. Hace nada "no sabía ni lo que era un fuera de juego". Ahora entrena una vez por semana, alarga los entrenamientos media hora más porque nadie quiere irse y forma parte de un equipo con otras diecinueve compañeras que empezó casi por casualidad.

No va de correr, sino de quedarse y disfrutar
El fútbol andarín tiene algo de eso: gente que no venía del fútbol, gente que sí venía, gente que buscaba moverse un poco, gente que buscaba algo más. Y todo eso se ha juntado estos días en el colegio San Ignacio de Oviedo, donde ayer y hoy se reúnen 29 equipos para un maratón de partidos en tres pistas. Cuatro son femeninos, dos de ellos del Real Oviedo. En total, 230 licencias masculinas y 51 femeninas. Números modestos, pero suficientes para entender que esto ya no es una prueba aislada. El fútbol andando, donde no se puede correr, es algo que está creciendo.

Equipo del Real Oviedo / María Rendueles
Cati Riesgo insiste en que todo empezó como una tontería. "Nos pusieron carteles anunciándolo en el HUCA", cuenta esta enfermera. Hablaron varias compañeras para apuntarse y al final entre unas y otras son casi veinte en el equipo del Real Oviedo. Entrenan una hora, pero nunca se queda ahí. "Acabamos alargando media hora más porque nos entretenemos jugando una pachanga". Y mientras habla, la sensación es que eso es exactamente lo que buscaban: no competir por competir, sino tener un sitio al que ir.
En una de las pistas está su compañera de equipo Svetlana Stepanenko. Tiene 63 años, habla un español atropellado y señala el anillo mientras dice: "Ahora estoy casada". Llegó desde Ucrania cuando estalló la guerra con Rusia y se quedó en Asturias. No venía del fútbol. "Antes, en Ucrania, jugaba al baloncesto, al hockey, al vóley…", explica. Su cuñada fue quien la metió en el equipo del Oviedo y desde entonces el fútbol andarín se ha convertido en algo más que deporte. Le sirve para adaptarse a la ciudad, para aprender el idioma y, sobre todo, para tener un sitio donde sentirse acompañada.
Y junto a ella juega también Yuliya Philippova. Es rusa, de Siberia, y lleva once años en España. "Me vine porque me encanta el fútbol. En Siberia, como hay nieve, no se puede jugar", dice entre risas. La broma explica muy bien lo que se respira alrededor de la pista. "La iniciativa me parece genial, el ambiente es muy bueno. Aquí el gol se celebra sea de quien sea". Y esa frase dice mucho más que cualquier marcador. Porque entre Yuliya y Svetlana hay algo que no tiene que ver con el resultado: un idioma casi igual que les hace a ambas sentirse un poco en casa. Otras diferencias se quedan en casa.
Begoña Coronas, capitana de uno de los dos equipos del Oviedo, habla de algo que va mucho más allá de este torneo. "Como somos tantas hemos hecho dos", dice. Hace años le hablaron del fútbol andando y al principio tenía que ir a Gijón porque el Sporting tenía un equipo mixto. Pero ella quería otra cosa. "Yo quería hacer un equipo femenino, así que hablé con el Oviedo y con la Fundación. Se implicaron a tope y ahora somos diecinueve", cuenta.
Cuando explica por qué, se le nota en la cara. "Mi sueño de toda mi vida fue jugar al fútbol. No tuve la posibilidad y ahora es casi como cumplir un sueño". Y no es solo el suyo. "Me encuentro con un montón de mujeres que comparten mi mismo sueño y eso es muy bonito", asegura emocionada.
Puede parecer un deporte tranquilo, pero ellas no lo ven así. "Es muy técnico: te penalizan si corres, tienes que hacer pases muy rápidos, muy precisos, es muy bonito". El equipo entrena dos días, lunes y miércoles, una hora a las nueve de la noche. Y ya están pensando en algo más grande: "Estamos intentando crear varios equipos femeninos con la intención de formar una liguilla".
En una esquina de la pista, Ariste Desescudero Castelo observa cómo juegan sus compañeros. Tiene 79 años y hoy le tocará a él. "Jugué al fútbol toda la vida e hice deporte", dice con naturalidad. Está en el equipo Rayo Villalegre y entrenan los lunes y jueves. Lo resume fácil: "Me parece muy bien la iniciativa y que la Federación lo esté moviendo".
Hay equipos que vienen incluso de fuera de Asturias. Uno de ellos es de León. Y también están los que llevan toda la vida juntos. Gonzalo Perán, presidente del Llaranes, lo explica así: vienen al maratón organizado en el San Ignacio "para jugar un poquitín y divertirse con gente de nuestra edad". No hay más secreto. "Aquí todos hemos jugado al fútbol y ahora queremos mantenerlo", afirma.
Mucho más que deporte entre compañeros
A su lado, Julián Arenas se ríe cuando le preguntan cada cuánto entrenan. "Nosotros entrenamos diez minutos antes de los partidos" y la respuesta a si ganan o pierden es clara: "Ganamos amigos".
Y quizá eso sea el fútbol andarín: un sitio al que la gente llega pensando que va a hacer un poco de deporte y acaba quedándose por algo mucho más importante. En realidad va de eso y no de correr: va de quedarse y disfrutar.
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