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Asturias pita en los partidos de balonmano de australianos

El ingeniero asturiano Carlos del Valle crea un comité arbitral de balonmano en Australia, una forma de conectar con el deporte que practicaba en su juventud

1. A la izquierda, Carlos del Valle y Max Illing , durante el IHF Trophy Oceanía 2023 en Nueva Caledonia. 2. Arriba, árbitros y delegados  de la Australian Handball Club Championship 2025. 3. Por la izquierda, Vahid Abdollahi, Gisela Montenegro y Carlos del Valle en el campeonato de clubes 2025. 4. Carlos del Valle, juntos a árbitros australianos en la Copa Canberra 2026.  | CARLOS DEL VALLE

1. A la izquierda, Carlos del Valle y Max Illing , durante el IHF Trophy Oceanía 2023 en Nueva Caledonia. 2. Arriba, árbitros y delegados de la Australian Handball Club Championship 2025. 3. Por la izquierda, Vahid Abdollahi, Gisela Montenegro y Carlos del Valle en el campeonato de clubes 2025. 4. Carlos del Valle, juntos a árbitros australianos en la Copa Canberra 2026. | CARLOS DEL VALLE

María Rendueles

María Rendueles

Oviedo

A más de 16.000 kilómetros de Asturias, en la ciudad australiana de Adelaida, el ingeniero asturiano Carlos del Valle (40 años) ha encontrado una forma inesperada de volver a conectar con el deporte que marcó parte de su juventud. Lo que empezó como una forma de recuperar una afición acabó convirtiéndose en un proyecto pionero: crear prácticamente desde cero un comité arbitral de balonmano en Australia.

Asturias pita en las canchas de Australia

Asturias pita en las canchas de Australia

Carlos del Valle llegó al país oceánico hace cinco años y medio por motivos profesionales. Ingeniero de formación, trabaja como director de operaciones en una multinacional española del sector energético. "Llevo cinco años y medio en Australia. Empecé como jefe de proyecto y ahora soy director de operaciones", explica el gijonés desde Adelaida.

Asturias pita en las canchas de Australia

Asturias pita en las canchas de Australia

Pero el deporte nunca ha quedado lejos de su vida. Antes de emigrar, Del Valle fue colegiado de balonmano en Asturias. "Yo fui árbitro en categoría territorial y lo dejé antes de ir a nacionales. Había que ponerse a trabajar y esas cosas", recuerda. Tras dejar el arbitraje "en 2008 o 2009", aún mantuvo el contacto con el balonmano durante un tiempo como delegado del Balonmano Gijón, hasta que su carrera profesional lo llevó a viajar por todo el mundo.

Asturias pita en las canchas de Australia

Asturias pita en las canchas de Australia

La llegada a Australia cambió el escenario. Por primera vez en años tenía una base fija y decidió recuperar aquella espina que le había quedado clavada. "Pensé: ‘voy a contactar con la federación porque me apetece volver a pitar’", cuenta.

El regreso al arbitraje fue también un descubrimiento. Cuando empezó a participar en competiciones nacionales en 2022, Del Valle se encontró con una realidad muy distinta a la que conocía en Asturias. "Vi un panorama bastante amateur, sin mucho apoyo y con un nivel un poco flojo", explica.

La principal diferencia era estructural. "Aquí no había comité arbitral. Era un caos. Arbitraba gente que más o menos sabía, muchas veces jugadores", recuerda.

Ese sistema funcionaba mientras el nivel competitivo era bajo, pero tenía límites. El campeón australiano participa en competiciones internacionales y algunos equipos refuerzan sus plantillas con jugadores europeos de buen nivel. "Ahí el nivel sube muchísimo y se notaba que necesitábamos algo más estructurado", señala.

Así nació la idea de crear un comité arbitral nacional. En 2023, junto a otro árbitro de Queensland, Max, empezó a organizarlo. "Decidimos empezar a formar gente y aplicar lo que yo había aprendido en Asturias", explica.

El proyecto empezó a crecer poco a poco. Hoy el comité cuenta con entre doce y catorce árbitros repartidos por todo el país. "Tenemos cuatro o cinco australianos, dos alemanes, una argentina, un francés, un iraní, una brasileña…", enumera.

La diversidad es una riqueza, pero también un desafío. "Uno de mis mayores retos ha sido uniformizar los criterios. Cada uno viene de un país distinto y entiende el balonmano de forma diferente", reconoce.

El comité ha intentado resolverlo con formación constante y con el apoyo de la Federación Internacional. "Hemos tenido cursos con gente de la comisión de reglas de la IHF y estamos intentando estandarizar nuestra forma de arbitrar", explica.

Además de la diversidad cultural, el arbitraje australiano se enfrenta a otro obstáculo evidente: la geografía. El balonmano es un deporte minoritario y las competiciones regulares apenas existen.

"La única liga semanal está en Nueva Gales del Sur, en la zona de Sídney", explica Del Valle. Y aun así, el volumen de partidos es reducido.

Las diferencias con Asturias también se notan en algo tan básico como las instalaciones. "Aquí muchas veces ni siquiera hay pistas de balonmano", cuenta. El deporte suele jugarse en pabellones diseñados para otras disciplinas, especialmente el netball, muy popular en Australia. "En los campeonatos tenemos que ir el día antes y construir la pista con cintas en el suelo", explica. Incluso los balones son distintos. "Se han creado balones que no necesitan resina porque limpiar la pista sería carísimo", añade.

A pesar de las dificultades, el proyecto avanza. El propio Del Valle ya ha dado un paso importante en su carrera arbitral. "En octubre conseguí la acreditación continental como delegado por Oceanía", explica.

El siguiente objetivo es ambicioso: llegar a los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032. "Nuestro objetivo es tener una pareja arbitral o un delegado representando a Australia allí", afirma. "Sabemos que es muy difícil, pero es el camino".

La experiencia australiana también le ha servido para mirar a Asturias con otros ojos. "Cuando te vas fuera te das cuenta de que muchas cosas que dabas por normales no lo son", reflexiona.

El nivel del balonmano asturiano, asegura, es uno de esos casos. "Estaba en un comité donde había árbitros de División de Honor, de División de Honor B y varios de Primera Nacional, y pensabas que eso era lo normal. Y no lo es", reconoce.

A pesar de la distancia, Del Valle está plenamente asentado en su nueva vida. Su hija nació en Australia y está en proceso de obtener la ciudadanía. "Vendí mi casa en Gijón y compré una en Adelaida. Mi intención es quedarme aquí", explica.

Eso no significa que haya olvidado sus raíces. "Echo mucho de menos ir al fútbol con mi padre al Tartiere, pasear por Gijón o ir a Covadonga", confiesa.

Una vida entre Asturias y Australia

Cuando vuelve a Asturias, dice, tiene una sensación curiosa. "Siempre digo que voy a una realidad paralela que dejé aparcada hace cinco años, pero que sigue ahí".

Mientras tanto, en Australia, sigue construyendo algo que antes no existía: una estructura arbitral para un deporte que aún está dando sus primeros pasos en el país. Y lo hace aplicando lo que aprendió a miles de kilómetros de distancia, en los pabellones asturianos donde empezó todo.

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