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La Oviedo Cup, el gran escaparate de la cantera: ojeadores de Madrid, Barcelona y Atlético siguen la competición

Los captadores de talento de las mejores canteras de España siguen durante esta semana a futuras promesas en un torneo por el que pasaron Nico Williams, Griezmann o Joan García

Inicio de un partido entre Oviedo y Sporting en el  Hermanos Llana durante la Oviedo Cup. | MATÍAS SUÁREZ

Inicio de un partido entre Oviedo y Sporting en el Hermanos Llana durante la Oviedo Cup. | MATÍAS SUÁREZ

María Rendueles

María Rendueles

Oviedo

La Oviedo Cup llega hoy al final de esta edición y, más allá de los resultados que deje la jornada, el torneo supone mucho más que trofeos y goleadas. No es nuevo recordar que por sus campos han pasado nombres que hoy brillan en la élite como Antoine Griezmann, Nico Williams, Joan García o Dani Ceballos. LA NUEVA ESPAÑA se adentra en cómo ojeadores de toda España aprovechan el torneo para hacer seguimiento al talento reunido en Asturias.

La Oviedo Cup se ha consolidado como un escaparate privilegiado para miles de niños que sueñan con hacerse un hueco en el fútbol profesional. Durante toda la semana, ojeadores de distintos puntos de España —y también del extranjero— recorren los 28 campos en los que se disputan los partidos con un objetivo claro: detectar talento. Entre ellos, representantes de clubes como el Real Madrid, el Atlético de Madrid, el FC Barcelona, el Valencia CF o el Villarreal CF, lo que confirma el peso del torneo dentro del fútbol base nacional. Con cerca de 9.000 jugadores en liza, el margen de observación es enorme, pero también exige método.

El trabajo de los ojeadores no empieza ni termina en este torneo. A lo largo de la temporada, el seguimiento se centra principalmente en aspectos técnicos y tácticos dentro de las competiciones habituales. Sin embargo, citas como la Oviedo Cup aportan un valor añadido: permiten comparar el nivel real de una cantera frente a otras, algo que en las ligas regionales ocurre con mucha menos frecuencia.

En este contexto, la observación se vuelve más selectiva. Los clubes no acuden a ver partidos al azar, sino que priorizan aquellos que encajan con sus necesidades. Si una categoría concreta requiere refuerzos, la atención se dirige hacia esos encuentros. Además, el foco puede variar entre el talento local —más conocido y trabajado durante el curso— y jugadores de otras canteras que aparecen en el radar gracias a este tipo de competiciones.

Uno de los aspectos clave que se analiza en torneos así es la competitividad. Más allá de la calidad individual, los ojeadores buscan futbolistas capaces de rendir en escenarios exigentes, de tomar decisiones bajo presión y de adaptarse a rivales de nivel similar o superior. Es precisamente en este tipo de contextos donde resulta más fácil identificar qué jugadores pueden dar un salto.

El desarrollo del torneo también condiciona su utilidad. Durante los primeros días, las diferencias de nivel entre equipos suelen ser amplias, lo que se traduce en goleadas y partidos poco exigentes para las canteras más potentes. Es a partir del fin de semana, especialmente en las fases finales, cuando el nivel se equilibra y aparecen enfrentamientos que ofrecen una lectura más fiable del rendimiento de los jugadores.

Cuando un futbolista destaca, el proceso que se abre es progresivo. El primer paso consiste en valorar la viabilidad de su incorporación a través de su entorno más cercano. Si existe predisposición, el siguiente movimiento es contactar con su club de origen. En edades formativas, donde todavía no existe una relación laboral como tal, estos cambios se gestionan mediante licencias federativas, lo que facilita especialmente los movimientos dentro de un mismo ámbito territorial.

A estas alturas de la temporada, además, muchos clubes ya tienen buena parte de su planificación cerrada, sobre todo en el ámbito local. Por eso, torneos como la Oviedo Cup sirven en muchos casos para confirmar decisiones previamente trabajadas o para detectar oportunidades concretas fuera del entorno habitual. Mientras tanto, en las gradas, el trabajo continúa de forma discreta. Sin grandes focos , los ojeadores observan, anotan y comparan. En silencio, pero con la certeza de que, entre miles de niños, puede estar el próximo nombre que dentro de unos años vuelva a aparecer en la lista de estrellas que un día pasaron por el torneo.

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