Cuando el pantalón blanco juega en contra: las claves del uso de esta prenda en el deporte femenino
Asturias comienza a aplicar un cambio de color adoptado por el Real Oviedo e impulsado en Wimbledon por su incomodidad en situaciones como la menstruación: "La atención se desvía"

Un momento del partido entre el Sporting y el Oviedo en Copa de la Reina. / Marcos León / LNE

A simple vista, el debate sobre los pantalones blancos en el deporte femenino puede sonar menor, incluso un poco cogido con pinzas. No parece, ni mucho menos, la gran batalla del deporte de élite. No lo es. Pero tampoco es una ocurrencia sin fondo. Detrás de esa prenda que durante años se ha dado por normal hay una incomodidad concreta, un ruido mental que muchas deportistas conocen bien y que, en algunos casos, les obliga a competir con una preocupación añadida: la de manchar, transparentar o no sentirse del todo cómodas en mitad de un partido. En Asturias, además, ese debate ya ha dejado de ser puramente teórico. El Real Oviedo Femenino anunció el cambio del pantalón blanco al azul en su primera equipación con el objetivo de mejorar la comodidad de sus jugadoras en los partidos, en concreto durante la menstruación. Trasciende al fútbol. LA NUEVA ESPAÑA se adentra en cómo afecta esta curcunstancia a través de mujeres protagonistas en diferentes deportes.
La discusión no nació en Asturias ni en el fútbol. Su gran símbolo histórico ha sido Wimbledon, donde el blanco forma parte de la identidad del prestigioso torneo de tenis desde sus orígenes. El All England Club recuerda que el campeonato se disputa desde 1877 y que la tradición del blanco fue quedando fijada con el tiempo: en 1963 se estableció que la vestimenta debía ser predominantemente blanca y en 1995 la exigencia se endureció hasta definirse como "casi enteramente blanca". Esa norma, durante décadas casi intocable, empezó a moverse cuando las propias jugadoras comenzaron a verbalizar un malestar que durante mucho tiempo se había tratado en voz baja. En noviembre de 2022, Wimbledon anunció una modificación de su histórica regla: desde 2023, las mujeres y niñas que compiten en el torneo pueden llevar undershorts oscuros bajo la falda o el pantalón, siempre que no sobresalgan más que la prenda exterior.
La excepción no acabó con el blanco de Wimbledon, pero sí supuso un reconocimiento oficial de que existía un problema específico de bienestar femenino. El fondo del asunto está lejos de la frivolidad. La UEFA recoge una investigación de la marca Adidas según la cual el 65% de las personas que menstrúan señalan como principal preocupación al hacer deporte el riesgo de manchar.
En el Sporting Femenino, por ejemplo, el pantalón blanco sigue formando parte de la equipación actual, aunque el club trabaja ya sobre esa cuestión. "No creo que llegue a despistar a nadie en el partido. Sí que sería un plus y lo hemos hablado con el club; se está trabajando en ello y esperamos que de aquí a un tiempo pueda hacerse, pero no es algo que nos preocupe a día de hoy", explica Nuria Cueto, una de las capitanas. El matiz es importante: el blanco no se vive internamente como un gran conflicto cotidiano, pero sí como un aspecto abierto a revisión.
Sara Lolo, exjugadora de hockey sobre patines y una de las grandes capitanas de la historia del Telecable, lo resume desde la experiencia. En un partido, recuerda, tuvo que quedarse en el vestuario en el descanso para cambiarse el pantalón después de haber manchado con la regla. "Tuve que quedarme cambiándome mientras las demás ya salían", viene a decir su relato. La escena explica por sí sola el alcance del problema: durante esos minutos la cabeza no estaba en el partido, sino en una preocupación ajena al juego.
Isa Barreiro, campeona de España de cross, introduce un matiz importante. En disciplinas individuales como el atletismo suele haber más margen de maniobra, porque la deportista puede escoger entre distintos modelos de uniforme. "Se puede ir cambiando a medida que quieras", explica en ese sentido. Ahí la incomodidad existe, pero hay más capacidad de decisión. En los deportes colectivos, en cambio, esa salida individual desaparece
Laura Álvarez, exciclista y narradora de ciclismo femenino en Eurosport, añade otra capa. En su experiencia, "las chicas del ciclismo nunca suelen llevar pantalones claros", no solo por el temor a las manchas durante la menstruación, sino también porque el color claro expone más y condiciona cómo se percibe el cuerpo en un deporte de ropa ceñida y enorme visibilidad.
La explicación profesional la pone Irma Álvarez, psicóloga deportiva. "Cualquier estímulo que no sea el propio del deporte te saca de los estímulos que tienes que atender en el deporte", resume. Y remata la idea con claridad: "Si tu atención no puede estar en el juego, en tu rendimiento, sino que tiene que estar en cosas que se pueden solucionar, seguramente tu rendimiento baje porque tu atención, tu concentración, esté pendiente de otras cosas". Para ella, la clave está en ese "ruido de fondo" que acompaña a la deportista cuando compite pendiente de si ha manchado, si transparenta o si necesita revisarse.
María Cheza, portera asturiana del Sevilla, introduce un contrapunto útil para no sobredimensionar el tema. "Entre nosotras, en los vestuarios, la verdad que mucho no se habla", señala. Y añade: "Dentro del juego se te puede pasar un par de veces tener esa preocupación, pero es que no te da el juego para más". Su visión rebaja el tono de conflicto total, pero no invalida el debate. De hecho, ella misma admite que, si se cambia, "siempre se agradecerá", porque al final "es una cosa menos por la que preocuparte". Probablemente ahí esté el punto exacto.
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