Emilio Mauro, director deportivo y entrenador del Siroko Gijón Basketball: "La permanencia era el objetivo realista, pero mi cabeza quería más"
"El momento más difícil fue cuando Carlos dejó el equipo; decidí dar el paso adelante, pero ni se me pasa por la cabeza seguir de entrenador", apunta el gijonés

Emilio Mauro, arrodillado, rodeado de las jugadoras y los miembros de su staff técnico, en el Palacio de los Deportes de La Guía. / Marcos León
Dicen que los comienzos son siempre duros, y Emilio Mauro (Gijón, 1974) puede dar fe de ello. Piedra angular del proyecto del Siroko Gijón Basketball por amistad con sus fundadores, Mauro ha tenido que lidiar con la confección de una plantilla desde cero sin ninguna experiencia previa, con la gestión de los múltiples inconvenientes del día a día y con hacerse cargo de la dirección de la plantilla tras la marcha del entrenador que inició la temporada, Carlos Fernández, por cuestiones personales. Una vez conseguido el objetivo prioritario, la permanencia del equipo en Liga Femenina 2, hace balance del curso para LA NUEVA ESPAÑA. El técnico gijonés confía en disfrutar de las dos jornadas que restan de competición y aprovechar lo aprendido para dar nuevos pasos hacia adelante.
¿Qué balance hace de la temporada?
Es un año positivo porque el objetivo inicial, realista, era la permanencia, aunque en mi cabeza quería más. La categoría nos puso en nuestro sitio rápidamente. El "feedback" de equipos de fuera es que está muy bien, que es muy difícil empezar de cero. Ahora, a disfrutar de los dos partidos que quedan, siempre con la intención de ganar, pero con menos tensión.
¿Cuál diría que fue el momento más difícil?
Cuando Carlos decide irse. Tenía que decirle que sí porque era básicamente una cuestión de salud. Fue duro cambiar el rol y resultó mucho más difícil sacar adelante el día a día. Requiere más tiempo, más dedicación, y me tuve que quitar por ejemplo de un curso que estaba haciendo.
¿Tuvo claro que debía ser usted el relevo?
Posiblemente no hubiera habido otra opción con los condicionantes que teníamos, que fuera asturiano, que conociera la categoría, la plantilla... Era complicado. Lo valoré y decidí dar el paso adelante.
Y empezó con cuatro victorias consecutivas, a las que siguieron cuatro derrotas también seguidas.
Fue muy guapo ganar los cuatro primeros, pero perder los cuatro siguientes fue muy duro. Al final, si no tenemos diez jugadoras para entrenar es complicado, lo decimos todos los entrenadores y es verdad: se juega como se entrena. Empezamos a flojear porque flojearon los entrenamientos. La semana pasada fue cortita, jugamos de jueves en Baracaldo, pero lunes, martes y miércoles fuimos capaces de entrenar bien. El partido salió bien por el buen trabajo semanal.
¿Se plantea seguir como entrenador la temporada que viene?
No, no, de ninguna manera. Fue el mal menor, una emergencia, pero ni se me pasa por la cabeza coger el equipo de inicio el año que viene.
Dice que el momento más difícil fue cuando Carlos Fernández deja el equipo. ¿Y la racha inicial de varapalos? Llegaron a estar con un balance de dos victorias y ocho derrotas.
Estaba convencido de que el equipo iba a salir para arriba, pienso que con Carlos se hubiera sacado igual. Nunca dudé, igual algo cuando perdimos los cuatro seguidos cuando cogí el equipo. Fueron noches sin dormir, de pensar: ¿qué hice mal? ¿qué pongo?, ¿qué quito?
¿Esperaba un inicio tan duro?
La verdad es que pensé que iba a ser más fácil. Sigo pensando que la confección de la plantilla era buena, no estuvo mal. Nos faltó un poco de cohesión que podía haber llegado antes, y eso nos penalizó. En Gijón no puedes tener un piso hasta el 1 de septiembre, es inviable, y eso es un handicap muy grande. Lo ideal sería empezar el 15 de agosto y hacer seis semanas de pretemporada, y solamente tienes cuatro. Si hubiéramos tenido más entrenamientos, más partidos, incluso más actividades de equipo, creo que hubiésemos podido tener antes más cohesión.
Contaron con Merissah Russell, que fue elegida mejor jugadora de la jornada en varias ocasiones, pero al final resultó clave la incorporación de la húngara Anna Dénes.
Anna fue un pilar básico, y al final solo jugó un partido con Carlos. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todas las jugadoras, pero dio mucha consistencia al equipo, mucha seguridad atrás y tenía puntos cuando los necesitábamos. Es además una jugadora de equipo, siempre pendiente de sus compañeras y del staff técnico. Como jugadora, muy bien; como persona, un sobresaliente.
¿Se arrepiente de alguna decisión tomada?
Te diría que no. Creo que las decisiones que he tomado, acertadas o equivocadas, han sido pensadas y dando vueltas a las cosas. Se puede mejorar seguro y los errores que he cometido soy el primero que los conoce, tanto en la faceta de director deportivo como en la de entrenador. El bagaje me hace ser mejor para la próxima temporada. Yo siempre fui entrenador y al final la relación con agentes, con jugadoras, era una cosa totalmente nueva para mí.
¿Y qué deparará el futuro? ¿Ve mimbres para pelear a medio plazo por el ascenso a la Liga Challenge?
Hablaba con los agentes y todos me decían que tenía que tener paciencia, que no se sube en dos años. En nuestra cabeza estaba subir en dos años, pero de momento vamos a poner las bases. A ver si con las renovaciones lo conseguimos y sobre esto podemos dar otro paso más. Quizás el siguiente objetivo sea estar entre los cuatro primeros y jugar los playoffs.
Tenía experiencia como jugador y como técnico en la Liga EBA, actualmente Tercera FEB, y en Plata (ahora Segunda FEB) en el cuerpo técnico del Círculo. ¿Qué le ha parecido la Liga Femenina 2?
Las jugadoras son profesionales, muchos agentes también, pero creo que debería haber algo más de profesionalismo en los despachos. Nos perjudican algunas exigencias como el color de las camisetas, el tamaño de los logos de patrocinadores... Supongo que estará estudiado por la Federación. Me gusta la obligatoriedad de la televisión. En cuanto a nivel de juego, ha habido partidos muy buenos y otros muy malos.
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