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Los árbitros, decididos a acabar con la violencia verbal en el fútbol: "No podemos normalizar el insulto"

El presidente del Comité Técnico de Árbitros de Asturias, Marco Santurio, tras la última reunión nacional del colectivo, insta a los colegiados de categorías inferiores a aplicar sin dudar el protocolo, que prevé la detención del partido, su suspensión temporal y la definitiva: "La gente sensata actuará contra los insensatos"

Los asistentes a la reunión de la Comisión de Coordinación Interterritorial del Comité Técnico de Árbitros, con Marco Santurio y Francisco Soto noveno y decimotercero por la izquierda, respectivamente

Los asistentes a la reunión de la Comisión de Coordinación Interterritorial del Comité Técnico de Árbitros, con Marco Santurio y Francisco Soto noveno y decimotercero por la izquierda, respectivamente / RFEF

Oviedo

Los árbitros del fútbol base han sido instados a aplicar sin miramientos el protocolo contra la violencia verbal para eliminar los altercados en los campos, de nuevo de actualidad tras la intervención de la Guardia Civil en un partido de prebenjamines entre el Caudal y el Langreo en el polideportivo de Ujo. "No podemos normalizar el insulto", apunta Marco Santurio, presidente del Comité de Árbitros de la federación asturiana, convencido de que la nueva instrucción impartida a los colegiados permitirá atajar los capítulos desagradables, o al menos reducirlos de forma considerable.

El mandamiento procede de la última reunión de la comisión de coordinación interterritorial del Comité Técnico de Árbitros, celebrada hace unos días, a la que asistieron los 20 representantes territoriales bajo la presidencia de Francisco Soto, dirigente de la Española. En el encuentro se argumentó que los colegiados de categorías inferiores tenían tan interiorizado que les iban a insultar que no utilizaban la principal herramienta a su disposición, el protocolo contra la violencia verbal, y se acordó que los presidentes de los comités autonómicos instaran a sus árbitros a echar mano de él. El protocolo prevé tres pasos: la detención del juego cuando se observe algún episodio de violencia verbal, la retirada de los jugadores a los vestuarios si se mantienen los comportamientos agresivos y, en caso de persistir una tercera vez, la suspensión definitiva del partido.

Esa secuencia es precisamente la clave para desinflar la tensión, razona Santurio. "Tengo la firme convicción de que si aplicamos el protocolo de manera coherente y continuada vamos a lograr desterrar el insulto del fútbol. Las personas sensatas, que son la mayoría, van a ser las que actúen contra los insensatos que tienen ese tipo de comportamientos", declara el dirigente asturiano, que matiza que lo que se intenta es eliminar los insultos a cualquier participante en un partido, no únicamente al colegiado. Por ejemplo, en el caso del incidente del encuentro de prebenjamines Caudal-Langreo, aunque la situación estaba tensa con el encargado de pitar, la mecha se prende cuando un aficionado de un equipo insulta a un jugador del otro. También aclara Santurio que da igual el tipo de insulto: "Es más grave el insulto xenófobo, racista o que atenta contra la identidad sexual o el género porque conlleva un componente de discriminación hacia un grupo, pero tampoco debemos pensar que si no son ese tipo de insultos no hay que hacer nada".

Marco Santurio considera que no se van a multiplicar las suspensiones de partidos y, de hecho, los colegiados ya tenían la instrucción citada en la última jornada y no hubo partidos detenidos antes de tiempo. En el citado encuentro prebenjamín celebrado en Ujo el protocolo ni siquiera llegó a aplicarse porque el árbitro tuvo conocimiento de los incidentes al descanso y reclamó la presencia de la Guardia Civil, tras cuya intervención se disputó la segunda parte.

Tratar de atajar la violencia verbal en los campos es el siguiente paso del colectivo arbitral después de analizar la violencia física. Es en este último terreno en el que los colegiados tratan de arrancar al CSD, representante deportivo del Gobierno, el compromiso de dotar a los árbitros de la figura de autoridad, lo que agravaría las sanciones para las agresiones contra ellos. "Es un proceso complejo porque requiere modificar el Código Penal, por eso buscamos la complicidad del CSD", apunta Santurio, que, sin embargo, no cree que la situación sea peor que años atrás. "Ahora somos más conscientes del problema porque todo el mundo tiene una cámara en el bolsillo, la gente lo graba y hay mecanismos de divulgación como las redes sociales que modifican la percepción. En Asturias hay algún capítulo de violencia física, fue muy llamativo el del San Luis, pero al cabo de una temporada no tenemos muchos, hay que tener en cuenta que en Asturias se celebran del orden de 800 partidos todas las semanas entre fútbol y fútbol sala", concluye el dirigente arbitral asturiano.

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