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El Llanera regresa a Segunda Federación y desata la locura de la afición en el Pepe Quimarán

El Llanera gana al Titánico con un 3-0 que desata la locura y la invasión del campo por parte de la afición

El ascenso del Llanera a Segunda Federación desata la locura entre jugadores y aficionados: así fue la apoteósica celebración en el campo

VIDEO: María Rendueles / FOTO: Juan Plaza

María Rendueles

María Rendueles

El Llanera ya es equipo de Segunda Federación. El conjunto asturiano certificó su ascenso en el Pepe Quimarán con una victoria contundente ante el Titánico, en una tarde de nervios, emoción y celebración colectiva. Apenas un año después de su descenso, el equipo vuelve a la categoría que perdió la pasada temporada y lo hace como campeón justo, con solo una derrota en todo el curso.

El ascenso se vivió antes incluso del pitido final. Con el 2-0 en el marcador y a falta de quince minutos, la grada ya empezaba a saborear el regreso. Cerca de 650 aficionados llenaron de ambiente el Pepe Quimarán, volcados con un equipo que necesitaba ganar para no depender de nadie. “Chicos, ¿venís a celebrarlo a la portería?”, gritaban unos niños en el minuto 78. Otro aficionado, más prudente, respondía: “Yo voy en el 89, que no está nada decidido”. Pero lo estaba. El tercer gol terminó de desatar la fiesta.

Cuando el árbitro señaló el final, el campo fue invadido por aficionados, jugadores y familias. La alegría se mezcló con el alivio de haber cerrado el objetivo en casa. “El trabajo durante todo el año fue fenomenal y lo rematamos con un ascenso en casa y un 3-0”, resumía el entrenador, Chuchi Collado, todavía con la emoción reciente. “Solo hemos perdido un partido en todo el año. Creo que somos un justo campeón y que el ascenso es muy merecido”.

También el presidente, Miguel Ángel López-Cedrón Freije, destacaba la dimensión de lo conseguido por un club humilde. “Ver a todo un pueblo como el nuestro, con un club tan humilde, volver a una categoría tan exigente como la Segunda RFEF es un auténtico sueño”, reconocía. La camiseta del ascenso ya estaba preparada, aunque nadie quería dar nada por hecho. “Había que hacerlo hoy. Salió todo a pedir de boca y es una alegría muy grande”, añadió.

Entre la emoción de la grada estaba también Abel González Rodríguez, sobrino de Pepe Quimarán, figura que da nombre al campo. Su presencia aportaba un punto de memoria a una tarde histórica. “Yo vi al Llanera desde su fundación, en el 61, cuando tenía 13 años. Me parecía impensable que llegáramos a Tercera División en 2016”, recordaba. Para él, el ascenso tenía un significado especial: “Nuestra familia Quimarán tiene mucho que ver en el fútbol de Llanera. Ya jugaban mi tío y mi padre en 1935”.

En el vestuario, los jugadores también hablaban de una semana marcada por la tensión. Mikel Busto reconocía que el partido tuvo más carga mental que futbolística. “Sabíamos que el Titánico venía en una situación complicada, pero era difícil controlar la euforia de toda la semana. Teníamos que ganar y por suerte lo hicimos”, explicaba. “Bajar y volver a subir con una puntuación tan alta es muy complicado. Se tienen que dar muchas cosas: trabajo, suerte y un equipo comprometido. Esta plantilla lo tuvo claro desde el principio”.

La alcaldesa de Llanera, Eva María Pérez, tampoco ocultaba su emoción. “Es el equipo de mi pueblo, es de casa. Siento mucho orgullo”, afirmaba. Aunque el ascenso parecía encarrilado, apelaba a la prudencia: “Siempre decía que había que jugar los 90 minutos”. Tras el pitido final, ya solo quedaba celebrar. “Esto es una familia: el cuerpo técnico, las familias de los jugadores, el presidente… Es un orgullo este equipo”.

El Llanera vuelve así a Segunda Federación por méritos propios, arropado por su gente y con la sensación de haber cumplido el objetivo que se marcó desde el primer día: regresar cuanto antes al lugar donde quiere estar.

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