La generación que llevó al Grupo Covadonga a la élite del balonmano revive su ascenso 50 años después
Cincuenta años después, los protagonistas del histórico ascenso del Grupo Covadonga reviven la gesta que abrió el camino del balonmano asturiano y dejó una herencia que todavía perdura sobre la pista.

El equipo de balonmano del Grupo de 1976 / María Rendueles
“Habíamos ganado de ocho goles en Gijón, pero aun así siempre te quedaba la duda. Gavá era una cancha complicada, de las de antes, de pueblo, y temíamos una encerrona, que en aquella época eran muy habituales”. Cincuenta años después, Falo Méndez todavía revive con precisión el partido que cambió la historia del balonmano asturiano. El que fuera segundo entrenador del Grupo Covadonga en 1976 recuerda cómo aquel equipo llegó a la pista catalana sabiendo que estaba a un paso de la gloria. “Arrancamos ganando 0-3 y aquello nos dio tranquilidad. Los ocho goles de ventaja pasaron a ser once y el equipo jugó un partido muy serio”.
A su lado, Antonio Oliva, entrenador de aquella plantilla histórica, completaba el relato. A sus 85 años, mantiene intacta la memoria de aquel ascenso. “No fueron solo los dos partidos contra el Gavá, aquello fue el sprint final. Antes hubo muchísimas cosas buenas”, explicaba durante el homenaje celebrado este sábado en el Grupo Covadonga. Porque aquel ascenso del 76 no fue una casualidad ni una explosión puntual. Fue el resultado de años de crecimiento, de trabajo silencioso y de una ambición poco habitual para la época.
“Hubo cuatro ascensos para llegar hasta donde llegamos”, recordaba Oliva, mientras antiguos jugadores completaban las historias del técnico casi como si siguieran dentro del vestuario. El entrenador evocó un balonmano mucho más áspero. “Hubo partidos que acabaron pegándose”, decía entre sonrisas. Y resumía el secreto de aquel equipo con la naturalidad de quien lo tiene claro medio siglo después: “Había que rodearse de los mejores jugadores de Asturias y hacerlos trabajar duro”.
Un homenaje cargado de memoria
El Grupo Covadonga reunió esta mañana a buena parte de los protagonistas de aquella generación irrepetible en un homenaje cargado de emoción y memoria. Hace ya cincuenta años, un grupo de jugadores y entrenadores logró llevar al balonmano grupista a la máxima categoría nacional “con sacrificio y una profunda pasión por el deporte”. Durante el encuentro se proyectó un vídeo con fotografías de aquella época.
Pero el momento más especial de la mañana todavía estaba por llegar. Tras el reconocimiento individual a cada uno de los integrantes de aquella plantilla histórica, los homenajeados regresaron a la cancha donde tantas victorias celebraron. “Venga, al vestuario, que hay que cambiarse”, bromeaban mientras recorrían los pasillos camino de la pista, como si el tiempo apenas hubiese pasado para ellos.
La cancha que les vio hacer historia partido a partido volvió a recibirles medio siglo después. Sobre ella se estaba disputando un partido de balonmano que tuvo que detenerse durante unos minutos para permitir la entrada de aquellos pioneros del balonmano asturiano. Allí, entre aplausos y sonrisas, llegó la fotografía de familia de un equipo que sigue formando parte de la memoria sentimental del deporte gijonés.
Y en medio de esa imagen apareció también el símbolo más claro de todo lo que aquel equipo dejó atrás. Entre los jugadores que aguardaban estaba Matías de la Puente, nieto de Mariano de la Puente, uno de los integrantes de la plantilla del ascenso. El joven luce en su camiseta el nombre de “M. De la Puente”, algo que su abuelo observaba con orgullo desde la banda. “Toda mi familia ha estado vinculada al balonmano, es el signo de la familia”, comentaba emocionado Mariano. “Todos mis hijos jugaron al balonmano y ahora también mis nietos”.
Una herencia que continúa en la pista
Fue entonces cuando el homenaje tomó todavía más sentido. Porque aquella generación no solo abrió el camino competitivo del balonmano asturiano, sino que dejó una herencia que todavía continúa sobre la pista.
Así lo recordó Jorge Pañeda, concejal de Deportes y jugador de generaciones posteriores, profundamente emocionado. “Yo soy jugador de balonmano gracias a vosotros”, confesó. “Mi padre era una persona de tradiciones y siempre nos llevaba al Grupo a ver el balonmano. Veros jugar era mucho más que un partido, era un acontecimiento para Gijón”. Pañeda explicó que comenzó a jugar en 1978 y con el tiempo incluso llegó a compartir vestuario con algunos de aquellos referentes. “Hay ídolos de juventud que nunca dejan de serlo. El tiempo pasa, pero los vínculos permanecen. Fuisteis un espejo en el que se reflejó toda una generación como la mía”.
También el presidente del Grupo Covadonga, Joaquín Miranda, quiso poner el foco en lo que representó aquel ascenso más allá de lo deportivo. “Fue mucho más que un éxito deportivo. Fue un grupo de personas que creyó en un sueño y lo hizo realidad”. Miranda recordó especialmente “la amistad nacida en el vestuario” y “el orgullo de representar a un club que es una escuela de valores”. “Los grandes logros no llegan por casualidad”, añadió, reivindicando una historia “que merece ser recordada”.
Visiblemente emocionado, Falo Méndez insistió en que aquella gesta trascendió los resultados. “No solo fue un éxito deportivo. Fue fruto del compañerismo y de la ilusión de todos los que creían que se podía hacer historia en el balonmano”. Para el técnico, “muchos de los valores que hoy defendemos nacieron en equipos como aquel”.
El vicepresidente de la Federación Asturiana de Balonmano, Sergio García, aprovechó además para reivindicar el buen momento actual del balonmano regional. “Esperemos que el próximo fin de semana el Lobas Oviedo tenga la oportunidad de llegar también a la máxima categoría”. García destacó que “el balonmano asturiano goza de salud” y quiso reconocer “la importancia imprescindible que tiene una entidad como el Grupo Covadonga para este deporte”. “La Federación siempre le tenderá la mano”, aseguró.
Una victoria que sigue viva medio siglo después
El homenaje concluyó con una visita al paseo de la fama del balonmano grupista, en los pasillos de la entidad. Allí, Antonio Oliva tomó la palabra para cerrar una jornada atravesada por los recuerdos. El técnico agradeció el reconocimiento “por haber sido el mejor equipo y porque nadie llegó después de nosotros”, antes de recibir el aplauso emocionado de compañeros, familiares y aficionados.
Cincuenta años después, aquella generación volvió a reunirse donde empezó todo. Ya no había marcador ni ascensos en juego, pero sí algo quizá todavía más importante: la certeza de que algunas victorias nunca dejan de celebrarse.
Suscríbete para seguir leyendo
- Multas entre 300 y 900 euros después de rellenar el depósito de su coche con gasolina 95 tras el encarecimiento del litro: la Guardia civil ya extrema la vigilancia
- El BOE hace oficial la tasa 0,0 con multa de 500 euros y pérdida de 4 puntos del permiso conducir: la Guardia Civil ya empieza a parar
- Multado con 200 euros e inmovilización del vehículo pese a circular respetando la de velocidad pero errar en lo que pasa en el asiento trasero: la Guardia Civil extrema la vigilancia
- Un segundo hotel 'Gran Lujo' para Asturias: el nuevo proyecto del empresario asturmexicano que creó Pueblo Astur
- Detenida una concejala de IU de Grado por enfrentarse a la Policía Local de Oviedo tras recibir un bofetón de su pareja: '¡Machirulos, payasos, chulos de mierda
- El lote de productos asturianos que los Reyes regalaron al Papa León XIV: embutidos, quesos y conservas regados con sidra
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el set de 2 cojines para terraza más barato: por solo 3,99 euros
- Buscan por tierra y aire a un hombre de 81 años desaparecido en Piedras Blancas
