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El Alimerka Oviedo Baloncesto, de Tavares a Ngom: una visión de los 13 años del equipo asturiano en Primera FEB

El análisis de la trayectoria de un club que ha cambiado desde que llegó a la segunda categoría del baloncesto español, aunque en algunas cosas sigue siendo igual

Ngom trata de machacar en el Palacio ante Dan Duscak.  |

Ngom trata de machacar en el Palacio ante Dan Duscak. | / MARIO CANTELI

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Antonio Lorca

Antonio Lorca

Oviedo

Hace 13 años, dos meses y algunos días que el Alimerka Oviedo Baloncesto ascendió a la LEB Oro (ahora Primera FEB) frente a un tal Edy Tavares. Faltaban todavía dos jornadas por disputarse de la LEB Plata (Segunda FEB) y el equipo que dirigía Guillermo Arenas jugaba en la cancha del filial del Gran Canaria, de ACB. Una victoria les daba un ascenso que prácticamente se habían garantizado ganando una jornada antes en Pumarín al Guadalajara.

Ese día eran favoritos, pero contra un filial cualquiera sabe lo que puede pasar, y más con el tal Tavares, que a sus 20 años ya daba miedo. Además, los pívots grandes al OCB se le suelen atragantar. Fue el ahora jugador del Real Madrid el mejor del equipo canario, con 17 puntos y 20 rebotes, pero todo se quedó en nada ante el recital de un excelso Diego Sánchez (25 puntos), con Víctor Pérez castigando desde el triple y Will Hanley corriendo toda la cancha al ritmo de Fran Cárdenas.

El equipo que cambió la historia del baloncesto ovetense

Guillermo Arenas miraba su obra desde la banda, la culminación de una temporada en la que, como siempre sucede con el Oviedo Baloncesto, no estaban entre los favoritos, pero ningún rival fue mejor que ellos. Nadie sabrá nunca cómo ese grupo que cambió para siempre la historia del baloncesto ovetense celebró la victoria en Las Palmas de Gran Canaria. Adrián Macía, el capitán de aquel barco, nunca lo revelará.

Ese equipo, en un porcentaje muy alto, fue el que volvió loca a toda una ciudad con un montón de remontadas imposibles en su debut en LEB Oro. Atrás quedaban las historias de los ascensos en la Liga EBA, los Tony Tate, Lucas Kraus y compañía, y comenzaba una nueva era, con Agustín Prieto, Héctor y Adrián Macía cumpliendo el sueño de vivir en primera persona cómo era eso de jugar en la antesala de la ACB.

Siempre igual, con la misma cantinela, ofreciendo sueldos humildes, lo que permite el presupuesto, pero pagando con puntualidad y dejando entre la mayoría de los que han pasado por el club una llama que nunca se apaga. Ferrán Bassas, Miquel Salvó, Harald Frey, Edu Hernández-Sonseca, Felipe dos Anjos, Oliver Arteaga, jugadores que han tenido trayectorias espectaculares a los que les viene siempre al rostro una sonrisa cuando se les pregunta por el Oviedo Baloncesto.

Tienen que ser simpáticos estos del OCB para que estas cosas pasen, para que muchos todavía busquen un hueco en el calendario para escaparse a Oviedo, quizás solo a visitar a Salva Suero, el de Pizza Juan, otro que podría contar muchas historias de ese viejo OCB.

El mismo espíritu ante otro gigante

Ves ahora a Raúl Lobaco, Robert Cosialls y Dan Duscak subir por la calle Gascona a comer en alguno de los locales que colabora con la entidad y piensas que esto ha cambiado mucho, pero no tanto. La inflación no ha encarecido tanto la lista de la compra como la de Primera FEB, una competición en la que algunos clubes esperaban estar solo de paso y se terminan quedando por muchos años. Pero el OCB sigue siendo el de los sueldos humildes, que cumple y cae bien a casi todos.

Los pívots grandes se le siguen sin dar bien del todo, aunque entre Alonso Faure y Cosialls les suelen hacer pasar un mal rato. Bien pensado, el sexto puesto en el que han quedado en la Liga regular da cierto margen al optimismo, aunque haya que empezar viajando. Fue el mismo con el que debutaron en Oro y al menos el primer asalto al ascenso lo pasaron ante el Leyma Coruña y teniendo el factor cancha en contra.

Lo de Palencia es otra historia que ahora, de momento, no toca; aunque ese examen habrá que aprobarlo algún día. Primero hay que ver qué hacemos con los 2,18 de Tanor Ngom, el pívot de Gipuzkoa. Esto ha cambiado mucho, decíamos, ahora jugando en el Palacio de los Deportes y no en Pumarín, aunque algunas cosas siguen siendo igual: el OCB no es favorito en el play-off, el pívot del rival es más grande, el factor cancha está en contra y el Oviedo Baloncesto sigue pagando sueldos humildes, pero en tiempo y forma. ¿Qué puede salir mal?

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