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OCB, ¡oh, qué bien!: Francisco García analiza la espectacular temporada del Alimerka Oviedo Baloncesto

El Oviedo Baloncesto ha demostrado que jugar en equipo y creer hasta el último segundo sigue siendo la mejor jugada

Por la izquierda, Greg Parham, Dan Duscak, Daniil Shelist (tumbado), Pablo Longarela, Jorge Arias, Raúl Lobaco, Robert Cosialls, Francis Nwaokorie, Fede Copes, Alonso Faure, Marques Townes y Calvin Hermanson, con el Palacio de los Deportes al fondo.

Por la izquierda, Greg Parham, Dan Duscak, Daniil Shelist (tumbado), Pablo Longarela, Jorge Arias, Raúl Lobaco, Robert Cosialls, Francis Nwaokorie, Fede Copes, Alonso Faure, Marques Townes y Calvin Hermanson, con el Palacio de los Deportes al fondo. / Luisma Murias

Al baloncesto, decía un laureado entrenador balcánico, no se juega con las manos ni con los pies, sino con la cabeza. Y si esta temporada tuviera que resumirse en una sola palabra para el Oviedo Baloncesto, sería precisamente esa: cabeza. Mucha inteligencia. La necesaria para leer correctamente los partidos, para ajustar detalles en cada tiempo muerto y para competir en una liga donde el talento suele cotizarse al alza. Con uno de los presupuestos más bajos de la categoría, el conjunto ovetense se ha colado en el play-off de ascenso a la ACB jugando un baloncesto reconocible, a toda velocidad y generosamente solidario. Y también bonito de presenciar. El grito de guerra de la grada ya no debería ser "OCB, OCB", sino "OCB, ¡oh, qué bien!".

El Oviedo Baloncesto de la cabeza y la solidaridad

Desde el banquillo hasta la última rotación, el cuadro azul ha sabido jugar sus cartas como un base veterano: sin prisas, leyendo correctamente las ventajas y castigando los errores del rival. El equipo no dispone del físico más intimidante ni de la nómina más alargada, pero sí de un excelente balance ataque-defensa, un compromiso colectivo que empieza por cerrar el rebote en la retaguardia y una circulación de balón que en pocos segundos suele encontrar al hombre liberado. No se fuerzan tiros: se seleccionan. No se especula: se compite cada posesión. No se defiende: se muerde. Y se ataca la yugular de la "bombilla" con un cuchillo en los dientes.

En los despachos también se ha jugado un partido casi perfecto. La directiva que preside Fernando Villabella, "el hombre tranquilo" al modo de John Wayne en aquella vieja película, ha construido un "roster" equilibrado, con roles bien definidos y química de vestuario, apostando por jugadores que entienden el juego y aceptan el plan como marines en pie de guerra. Mucha cabeza para no descuadrar las cuentas y mucho "scouting" fino para encontrar piezas que encajen en el sistema.

El corazón del OCB en el Palacio

Y luego está el corazón, ese intangible que no aparece en las estadísticas avanzadas pero que decide finales apretados a golpe de sístole y diástole. El Oviedo Baloncesto ha plantado cara a rivales con más centímetros en la pintura, más kilos en el poste bajo y más ceros en el presupuesto, respondiendo a esas deficiencias con ayudas constantes, cambios defensivos bien ejecutados y un espíritu colectivo que contagia al Palacio, convertido todo el curso en un fortín casi inexpugnable. Cambiaron de casa sin perder el espíritu guerrillero de Pumarín.

Ahora llega la fase decisiva, el momento de los detalles, de las defensas duras y los ataques largos contra un rival rocoso. Pase lo que pase, esta temporada será recordada como la del triunfo de los modestos. Porque en un baloncesto cada vez más dominado por el músculo, el Oviedo Baloncesto ha demostrado que jugar en equipo y creer hasta el último segundo sigue siendo la mejor jugada. La jugada de las tres ces: cabeza, corazón y…

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