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Oviedo vuelve a creer en su baloncesto con el OCB en el Final Four: 5.500 espectadores en un Palacio a rebosar

El equipo respondió al calor de su gente y alimentó el sueño de seguir avanzando en la fase decisiva

Oviedo vuelve a creer en su baloncesto con el OCB en el Final Four

María Rendueles

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María Rendueles

María Rendueles

El Alimerka Oviedo Baloncesto se jugaba esta tarde algo más que un partido. En el Palacio de los Deportes estaba en juego otro peldaño hacia el sueño del ascenso. Una victoria les mantenía con vida y acercaba al equipo a la Final Four. Y la ciudad respondió como responden las grandes aficiones cuando sienten que algo importante está pasando: llenando el pabellón y convirtiéndolo en un hervidero desde mucho antes del salto inicial. Con 5.445 espectadores.

El club puso de su parte para vestir la cita como merecía. Bufandas gratuitas, cartulinas amarillas para formar un mosaico y hacerlas sonar como aplaudidores, bocinas atronando tras cada canasta azul. Pero hubo un momento que estuvo por encima de todo eso: escuchar el himno de Asturias cantado a pleno pulmón por todo el Palacio. Ahí el partido todavía no había empezado y, sin embargo, ya daba la sensación de que el OCB jugaba con ventaja.

Antes del encuentro también sonó por primera vez “Titanes en el aire”, una nueva canción que inevitablemente llevaba a muchos a los tiempos de Pumarín. Porque el escenario ha cambiado mucho en apenas un año y el club también ha crecido a toda velocidad, pero hay cosas que siguen intactas. El alma del Oviedo Baloncesto continúa siendo la misma.

El Palacio empuja al OCB hacia otra noche grande

Y eso se notó también sobre la pista. El OCB mantuvo el ritmo de una grada entregada, muy por encima de su rival durante todo el encuentro. Cada punto encendía todavía más el pabellón. El Palacio rugía y el equipo respondía. Cossials anotó justo antes del descanso y el Oviedo se marchó al intermedio con un 48-38 que disparaba la ilusión en las gradas.

Carlos Ferrer

Carlos Ferrer / María Rendueles

Entre los asistentes estaban las jugadoras del Lobas Global Atac Oviedo, recién ascendidas a la máxima categoría del balonmano femenino. Durante un tiempo muerto de la segunda parte recibieron el homenaje del pabellón. Quizá algo de esa inercia ganadora se contagió también al parqué, porque el OCB parecía decidido a no dejar escapar la noche.

En la grada había historias de todo tipo. Carlos Ferrer seguía el partido convencido de que el equipo tenía muchas opciones de seguir adelante. Además, observaba con atención a un rival, Aitor Anabitarte, con quien había coincidido años atrás en la universidad en Estados Unidos. “Todavía tiene que aprender un poco más”, admitía al ver al jugador en el banquillo.

Jorge Mayo, Lucas Mayo, Teo Linares y Cristian Linares

Jorge Mayo, Lucas Mayo, Teo Linares y Cristian Linares / María Rendueles

También habían viajado desde Cangas Mariví del Río y Pilar López. “Mi hijo y su amigo no podían venir y nos dieron las entradas para que viniéramos las madres”, contaban entre risas, ya perfectamente aleccionadas sobre todo lo que significaba aquella victoria.

Y entre tanta bufanda azul también destacaban los que, seguramente, eran los más pequeños. Lucas Mayo, de tres años, y Teo Linares, de cinco, acudieron con sus padres. No les llegaban los pies al suelo, pero tenían claro que esta tarde tocaba animar. “Aunque yo soy más de fútbol”, confesaba Lucas, vestido completamente de azul. Eso sí, ya sabía lo que era ver ganar al OCB.

Oviedo vuelve a creer en su baloncesto

Hubo pompones en el aire, una grada joven que no se sentó en todo el partido y una sensación constante de que el Palacio entero empujaba en la misma dirección. Como si nadie quisiera perderse el momento exacto en el que el sueño empezaba a parecer real.

María Jesús Fernández, Mónica Morán e Isabel Bohigues

María Jesús Fernández, Mónica Morán e Isabel Bohigues / María Rendueles

Y cuando quedaba menos de un minuto para cerrar la victoria más importante de la temporada, el pabellón ya celebraba algo más que un resultado. Celebraba sentirse parte de algo.

Porque al acabar el partido nadie tenía prisa por marcharse. La gente siguió en la grada, aplaudiendo, cantando y acompañando a su equipo un rato más. Como si supieran que estas noches hay que alargarlas todo lo posible. La Final Four está un paso más cerca, sí. Pero quizá lo más importante es que Oviedo vuelve a creer de verdad en su baloncesto.

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