Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Los artífices del menú del Alimerka Oviedo Baloncesto: un éxito cocido a fuego lento

El club asturiano, la gran sorpresa entre los candidatos al ascenso a la ACB, se ha hecho respetar por su fiabilidad y por una familiaridad y desenfado que combina con un trabajo muy profesional

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

l antonio lorca

Al Alimerka Oviedo Baloncesto le hacen fuerte sus contradicciones y la paciencia que ha tenido en los malos momentos para que vinieran de nuevo los buenos: un club humilde pero tremendamente ambicioso, muy familiar pero con una estructura que se ha ido profesionalizando y discreto a la vez que enormemente popular en la ciudad y cada vez más en el conjunto de Asturias. Huyendo de la arrogancia pero sin renunciar a los más altos objetivos. Esa forma de ser desenfadada le ha permitido resistir en los peores momentos, saber esperar y rehacerse para volver con fuerza en una temporada, la del traslado al Palacio, que está siendo un éxito en lo social, con aforos superiores a los 4.500 espectadores de media por partido, y en lo deportivo, donde aún no se sabe cuál es su techo: el sábado (20:15 horas) juegan en La Coruña la semifinal por el ascenso a la ACB y, si ganan al Movistar Estudiantes, el domingo (19:00) la final en el mismo escenario.

Las claves de este éxito residen en todas las estructuras del club y en la cabeza de todo está Fernando Villabella, presidente, fundador y figura clave en una historia que comenzó en 2004 con la creación del OCB tras la desaparición del Vetusta. Nacido en Oviedo, en 1962, Villabella siempre ha reinvindicado su origen de Grado. Lo grande y lo pequeño, esa contradicción que le sería tan útil más adelante en el Oviedo Baloncesto. Al deporte de la canasta se enganchó en su colegio, el San Ignacio, y a partir de ahí siempre estuvo cerca de un balón de baloncesto, aunque nunca fuera para meter canastas.

Villabella, coordinador general de la Camara de Comercio de Oviedo, pensó desde que fundaron el OCB que ese proyecto algún día tenía que llegar a la ACB. Quizás aún no era del todo consciente de lo escarpado que iba a ser el camino hasta un lugar que nunca ha alcanzado un equipo de la capital. De nuevo la contradicción. Junto a esa ambición declarada, un realismo económico brutal. Si hay algo que hasta ahora no se han permitido en el OCB es que alguien deje de cobrar lo que se le ha prometido. Para que fuera así se llegó a renunciar a jugar en la LEB Plata cuando pudieron hacerlo tras la desaparición de la LEB Bronce en la temporada 2009-10 porque no se sentían preparados. Volvieron a la Liga EBA y empezaron de nuevo. Fue un varapalo dar un paso atrás pero una decisión sin la que quizás nunca se hubiera vivido una noche como la del viernes 22 de mayo, con casi 5.500 personas abarrotando el Palacio de los Deportes para ver a su equipo derrotar al Inveready Gipzukoa en el play-off de ascenso a la ACB.

Villabella se fue rodeando de un grupo de gente cercana, de fiar, que iba creciendo dentro de la estructura del club. De ahí surge la figura de Fernando García (Oviedo, 1977), conocido por todo el mundo como "Ferdi", entrenador de cantera, después coordinador de las categorías inferiores, más tarde mano derecha de Héctor Galán, el director general del club en sus veinte primeros años de historia, hasta finalmente ocupar él ese cargo tras la marcha del avilesino.

El impulso de este ovetense inquieto, que pasó un tiempo viviendo en Inglaterra, ha sido fundamental en todo lo que está sucediendo ahora, especialmente en el aspecto social. De nuevo la contradicción, ahora con el desembarco en el Palacio de los Deportes: Ferdi fue siempre prudente a la hora de hacer los números y ambicioso con los objetivos de aforo y abonados. La campaña de captación que encabezó, estudiada al milímetro, cuidada y pensada en cada detalle, consiguió cuadruplicar la masa social del club de lo que tenía en el polideportivo de Pumarín a lo que ahora hay en el Palacio. Pasar de algo menos de 900 socios a 3.500 redimiensionó lo que es el OCB.

Lo malo de crear un club y de gestionarlo, dirán Villabella y Ferdi, es que lo puedes hacer todo muy bien y después en la pista darte de bruces con una pared. Más aún cuando, a pesar de esa campaña de abonados, la situación presupuestaria del OCB para esta temporada era aún precaria, en el vagón de cola de Primera FEB, entre los candidatos por su dimensión económica a pelear por la permanencia. En ese aspecto, la figura de Íñigo de la Villa (Madrid, 1989) ha tenido una enorme importancia desde su llegada hace dos años tras la marcha de Héctor Galán, que compatibilizaba la labor de director general con la de director deportivo. La parte deportiva quedó a partir de entonces en las manos de Íñigo, con experiencia en el Estudiantes y en otros ámbitos y con un gran conocimiento del mercado. El madrileño supo adaptarse a la realidad económica de la entidad, algo nada sencillo, y tener una mirada larga. Un caso paradigmático de ese pensar un poco más allá fue el caso de Alonso Faure, que llegó la pasada temporada de la NCAA, con la campaña casi agotada, con el tiempo justo para integrarse en el trabajo del equipo, y con la idea de que en la actual campaña su adaptación fuera más sencilla. El rendimiento de Faure demuestra al acierto de la operación.

La mirada de Íñigo también le permitió detectar rápido que si había una pieza importante en todo lo que estaban levantando en el apartado deportivo era Javi Rodríguez (Porriño, 1979), el entrenador. Supo ver que tenía a uno de los mejores técnicos de la categoría, con un estilo muy claro y con una enorme capacidad de liderazgo. "Humildad y ambición", dijo Javi Rodríguez tras eliminar a Gipzukpoa y lleva diciendo desde que llegó, en 2015, al OCB como ayudante de Carles Marco. Otra vez la contradicción.

Los caminos de Javi Rodríguez y el OCB se unieron en 2015 y se separaron en 2019, en su segunda temporada como primer entrenador, en un momento en el que todo se torció. Estuvieron separados cuatro años, tiempo que sirvió tanto al entrenador como al club para madurar con otras experiencias. Tras ese periodo, Javi regresó para liderar durante tres años un proyecto que vivía sus momentos más bajos y que estuvo cerca del descenso. Acaba de firmar por otros tres años y el contexto ha cambiado. El gallego sigue siendo decidido y temperamental, pero se ha ido apaciguando. Todo lo que hace en la cancha suele estar justificado, ya sea la reprimenda a un jugador o la protesta a un árbitro. Es un técnico respetado con el que muchos jugadores quieren estar.

Todo esto, gestión, planificación y masa social de poco sirven sin los que saltan a la pista y tienen que hacer pasar el balón por el aro. Ellos han hecho posible este esplendor. El líder de todos ellos es Raúl Lobaco. De nuevo la contradicción. Un líder desde la más absoluta discrección. En su cuarta temporada en el OCB, la tercera seguida, ha alcanzado un nivel que le convierte en uno de los mejores nacionales de la competición. Un tipo que se ha hecho querer sin decir una palabra más alta que otra. En la pista y fuera de ella ha estado muy bien escoltado por los otros dos capitanes, que comenzaron junto a él hace tres temporadas esta andadura: Robert Cosialls y Dan Duscak. Unos capitanes que han sabido integrar a sus compañeros, hacerles entender el listón de exigencia y esfuerzo que exige el entrenador y convencerlos de que les podía llevar al éxito.

A todos menos a uno, Marques Townes, el artista invitado, un genio que llegó a última hora y al que nadie le ha tenido que convencer de nada. Un talento descomunal que ha dado un salto de calidad al equipo y que tiene una confianza absoluta en su capacidad individual –última contradicción– y en el poder de este grupo para llegar a lo más alto. Y a Townes no le gusta equivocarse.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents