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El Alimerka Oviedo Baloncesto se despierta de un sueño maravilloso: el equipo asturiano cae con todos los honores ante Estudiantes (79-71)

El OCB acaba una temporada fantástica al perder ante el histórico club madrileño en las semifinales del play-off de ascenso a la ACB

El Alimerka Oviedo Baloncesto se despierta de un sueño maravilloso: el equipo asturiano cae con todos los honores ante Estudiantes (79-71)

Miki López

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Antonio Lorca

Antonio Lorca

La Coruña

El Alimerka Oviedo Baloncesto se despertó de un sueño maravilloso, el de ascender a la ACB, del que estuvo a solo dos victorias, tras caer ante uno de los grandes favoritos, el Movistar Estudiantes, un equipo construido para esta empresa y que impuso su experiencia ante un OCB que llegaba con la ilusión de alargar una aventura que, a pesar de todo, ha sido maravillosa.

Se perdió un partido, por 79-71, pero se ganó un espíritu, se comenzó una leyenda, la de un equipo que hizo soñar a toda Asturias con derrotar a Estudiantes creyendo en una idea, confiando en unos valores, siendo fieles a sí mismos y no poniendo la excusa, justificada, de que tienen menos recursos que todos sus rivales. En La Coruña comparecieron cuatro equipos y el de Asturias se resistió a asumir el papel que, por presupuesto, le corresponde. Tuvieron tres triples para empatar en el último cuarto y se salieron.

Nadie sabe qué hubiera pasado si llegan a entrar. Y no se sabe porque junto a ese equipo estuvo una afición que, esa sí, fue la gran ganadora de esta Final 4. No solo es que el OCB jugó en casa ante Estudiantes con más de mil aficionados en la grada, es que empujaron y creyeron hasta el final, cuando las cosas se habían puesto muy cuesta arriba, cuando todo conducía a la derrota. Se abrió un camino y, equipo y afición, trataron de recorrerlo juntos. La despedida al equipo será recordada.

Pumarín vibra con el Alimerka Oviedo Baloncesto: centenares de aficionados siguen el partido en una pantalla gigante

VIDEO: Javi Viso / FOTO: Juan Plaza

El OCB llegó a acariciar la final por el ascenso

Todo comenzó bien para el equipo de Oviedo en el primer cuarto. El OCB salió como un avión al encuentro, concentrado en defensa y acertado en ataque. Golpeó Lobaco a Movistar Estudiantes con un par de triples y un inspirado Parham elevó la renta a doce puntos (7-19) a 3:52 de acabar ese primer acto. La única pega, que se agravaría en el mal segundo cuarto del cuadro asturiano, estaba siendo el rebote, una de las principales armas del OCB y que en este encuentro estaba cayendo del lado de los madrileños.

Se echó Granger, una pasada de jugador, a Estudiantes a la espalda para llevar el partido al segundo cuarto con una desventaja de solo cinco puntos (18-23). Un mal menor visto lo visto. La afición asturiana se estaba creyendo que el sueño era posible, que se podía dar un nuevo paso hacia el ascenso a la ACB.

El segundo cuarto fue un varapalo importante para los de Javi Rodríguez, que a la derrota en la batalla por el rebote sumaron el paso adelante que dio en defensa Estudiantes y que les llevó a equivocarse demasiado. El talento de Granger y un par de despistes de Oviedo permitieron al histórico base uruguayo encadenar tres triples seguidos y cambiar por completo la tendencia del choque (35-28) mediado el segundo parcial. Fueron siete puntos de desventaja al acabar (46-39) el cuarto y el OCB se fue al descanso con la sensación de haber dejado escapar a un Estudiantes al que tuvo a su merced en los diez primeros minutos.

El tercer cuarto fue un quiero y no puedo del Oviedo, incapaz de salir de la maraña defensiva de su rival. Estudiantes había parado el golpe inicial del OCB, apretó las tuercas a los dos anotadores del equipo de Oviedo, Parham y Townes, y no encontró el equipo asturiano alguien que cambiara a base de acierto exterior esa tendencia que había cogido el partido. En cambio, McGrew sí que abrió el campo con sus triples liberados, que hicieron mucho daño al cuadro azul, ya situado en una desventaja que rondaba siempre los diez puntos. Un poco más abajo o un poco más arriba.

Pero hay una cosa que este equipo de Oviedo tiene a raudales: alma. Ese coraje, esa capacidad de lucha, esa afición empujándoles desde la grada, hizo que no se rindieran. Parham, que lideró el ataque de Oviedo, no se cansó de intentarlo y a 1:05 de acabar el tercer parcial se pusieron a cinco (62-57). Un par de genialidades de Granger la elevaron a nueve (66-57) de cara al último y definitivo.

Una afición de ACB para un equipo inolvidable

Oviedo no se iba a rendir, eso lo lleva demostrando desde que comenzara la temporada en octubre, precisamente ante Estudiantes en el Palacio de los Deportes. Y qué locura de último cuarto, qué maravilla de equipo, qué escándalo de afición. Ver a todas esas almas en la grada confiando en una remontada, empujando a los suyos en los momentos malos, fue emocionante y una pequeña victoria, un consuelo para el equipo, tras la decepción de perder un partido que confiaban en sacar adelante. Le faltó acierto y lucidez al Oviedo Baloncesto en los momentos en los que, gracias a su enorme defensa, gracias a un imperial Faure, gracias al coraje de un grupo fantástico, tuvo a su merced a Estudiantes.

Una gran salida de cuarto y un parcial de 0-6 permitieron a Oviedo ponerse a solo tres del cuadro madrileño (66-63) y meterles el miedo en el cuerpo. Todo se les hacía complicado y la iniciativa era del conjunto asturiano. Tres triples, en buenas condiciones, tuvo el OCB para empatar y los tres los erró. Siguió defendiendo y una increíble técnica a Javi Rodríguez cuando tan solo juntó las manos –este tipo de decisiones deslucen espectáculos tan redondos como el que se vivió en el Coliseum– permitieron a Estudiantes volver a coger una renta que fue de siete puntos tras un triple de Stumbris. Una renta que se fue a los diez puntos (72-63) cuando ya solo quedaban 2:40 minutos por jugarse. Agrandó la herida Silverio (76-63).

Pero ni por esas se rindió Oviedo, que les endosó un parcial de 0-8 que los devolvió al partido. Y robaron un balón, pero Parham no completó la acción con una canasta que, aún con casi un minuto por jugarse, podía haber dado más salsa al final. Les faltó un poco para completar esta fiesta. Lo que sí dejaron muy claro es que este OCB está más vivo que nunca, que Asturias quiere baloncesto y que este equipo ha despertado algo muy grande. No solo se trata de lo que han ganado, que es mucho, sino de cómo lo han hecho, qué lecciones han dado a lo largo de este camino que han recorrido y que ha permitido que toda una región se viera en la ACB. Lo que han logrado desde la humildad les convierte en héroes. Se les recordará durante mucho tiempo.

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