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Y Pumarín volvió a rugir como antaño: cientos de aficionados se congregan para animar a distancia al Alimerka Oviedo Baloncesto

La afición carbayona responde para apoyar en los suyos en las semifinales de la Final Four y rozan el lleno en el antiguo pabellón: "Volver aquí me pone el vello de punta, aquí hemos vivido canastas inolvidables"

Pumarín vibra con el Alimerka Oviedo Baloncesto: centenares de aficionados siguen el partido en una pantalla gigante

VIDEO: Javi Viso / FOTO: Juan Plaza

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Javi Viso

Javi Viso

A cientos de kilómetros de distancia, pero con el corazón y, sobre todo, los ojos en el Coliseo de La Coruña, cientos de aficionados del Alimerka Oviedo Baloncesto se congregaron en Pumarín, su antigua casa, para vivir un duelo que, pese al resultado, ya es historia viva de la entidad. Todos ellos animaron hasta el final al cuadro carbayón y habían iniciado la tarde con muchos nervios y nostalgia. "Subir viéndolo desde aquí sería cerrar el círculo", decía José Aurelio Riva, abonado desde hace más de 13 años.

Pumarín entró enchufado desde el inicio, recordando sus grandes noches, y el buen hacer del equipo se notó en los primeros compases. El pabellón no será tan grande como el Palacio, pero los rugidos son igual de ensordecedores. A pie de pista estaba Chus Carbajal, incansable durante todo el encuentro y haciendo levantarse a la grada. ¡Estamos a tope!, decía con alguna que otra gota de sudor en el cuerpo tras tantos y tantos saltos. "Vamos a conseguirlo, si no no estábamos aquí. Lograrlo sería superar todas las expectativas porque este año la previsión era librar la categoría y llegar aquí ya es un éxito", reflexionaba Paco García durante el partido.

En la tribuna de Pumarín, que rozó el lleno, se congregaron cientos de personas. "Aquí hemos vivido canastas que nunca se olvidan", decía Mari Paz Cuesta, mientras que Riva reconocía lo "emocionante que es regresar aquí para la gente que llevamos viniendo tantos años a este pabellón". Aficionados, familiares, jugadores del club y técnicos no quisieron perderse la cita. Uno de ellos fue Paco Bulnes, técnico de categorías inferiores que acumula 20 años en la entidad. "Al volver aquí se me pone el vello de punta porque conozco este equipo desde hace muchos años. El Palacio es precioso, pero volver aquí es espectacular y más jugando nuestra primera final four. La ciudad ha respondido", subrayaba.

En las gradas también había muchos aficionados a los que les entró la pasión por el OCB tras su salto al Palacio. "Nos enganchamos desde un día que ganaron y no hemos dejado de venir", confesaba Susana Blanco y otros como Javier Fidalgo saben que han llegado para quedarse. "Da ganas de continuar siendo socio. Han creado mucha afición e hicieron muy buen ambiente. No hay que tenerle miedo a nadie", explicaba.

Con el paso de los minutos Movistar Estudiantes fue dando un paso adelante y la distancia cada vez era más y más grande, pero los aficionados en Pumarín nunca dejaron de animar. "Venga que tiene que entrar", gritaban desde la grada en los peores momentos de los carbayones, cuando los madrileños ya estaban con más de 10 puntos de ventaja. Y esa insistencia también la tuvo el OCB, que se vino arriba en el último cuarto llegando a colocarse a un triple de su rival. Pumarín rugió y sufrió con cada punto fallado. Finalmente no se logró el pase a la final, pero el ambiente vivido en su antigua casa fue todo un triunfo.

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