Rafa Fidalgo no lo duda, al ver desde Siero el debut de su nieto con México en el Mundial: "Siempre con España, pero ahora hay que ir con Álvaro"
El de Hevia es titular en la victoria de la tricolor ante Sudáfrica en el partido inaugural

En la imagen grande, Rafa Fidalgo señala a su nieto durante los himnos. En el detalle, con la camiseta del América y junto a la del Betis. / Fernando Rodríguez

Rafa Fidalgo llevaba toda la semana esperando este momento. Los nervios aparecieron hace días, cuando la cuenta atrás para el Mundial comenzó a hacerse más corta, pero alcanzaron otro nivel dos horas antes del partido. Javier Aguirre anunció el once titular de México y allí estaba el nombre que había venido a buscar: Álvaro Fidalgo. Su nieto. "Ya sabíamos que saldría titular".
A las nueve de la noche arrancaba el Mundial en el Estadio Azteca –o Estadio Ciudad de México, como obliga a llamarlo la FIFA durante el torneo– y un chico nacido en Hevia, criado futbolísticamente entre Oviedo, Mareo y Valdebebas, iba a ser uno de los protagonistas de la inauguración. Aunque medio mundo estaba pendiente del comienzo de uno de los mayores acontecimientos deportivos del planeta, en Hevia había una razón especial para encender la televisión. España no debutará hasta el lunes, pero Asturias sí jugaba ayer. Y lo hacía a través de Álvaro Fidalgo, el único futbolista asturiano presente en el Mundial y que ganó su partido ante Sudáfrica.
El partido no se vio en ningún bar. La cita era demasiado importante para eso. Rafa Fidalgo lo siguió desde casa, en el sofá de siempre y en su sitio de siempre. A su lado, una camiseta del Betis con el dorsal 8 de su nieto. Puesta, la del Club América, el equipo mexicano donde Álvaro se convirtió en ídolo y desde el que terminó abriéndose las puertas de la selección.
La gran pregunta de la noche llegó pronto. ¿Hoy con México o con España? Fini no dudó. "Yo voy con mi nieto", dijo. Y después matizó entre risas: "Pero si México pierde, ya iré con España". Rafa tampoco escondió sus preferencias para aquella noche. "Con España siempre hay que ir, pero hoy (por ayer) vamos con Álvaro", resumió.
En cuanto Rafa encendió la televisión, su mujer, Fini Vallina, cogió el mando para poner La 1. Y ahí estaba Álvaro, durante el himno de México. Rafa se puso entonces, con algo de prisa, la camiseta de su nieto. "Para que te entre vas a tener que bajar un poco, me parece", bromeó Fini entre risas. Después señaló orgullosa la pantalla. La escena se repitió varias veces durante la noche. Cada vez que las cámaras enfocaban a Álvaro, un dedo se alzaba desde el sofá para señalarlo. Como si hiciera falta identificarlo.
Durante el himno mexicano sonó el teléfono. Era el hermano de Rafa, desde Huesca. Preguntaba si estaban viendo a Álvaro. La pregunta parecía innecesaria. En el salón también aparecía de vez en cuando María José, tía y madrina del futbolista. Intentaba disimular los nervios, aunque no siempre lo conseguía. "A mí estas cosas me ponen muy nerviosa", decía.
En las gradas del Azteca estaban sus padres, que a última hora decidieron viajar. "Se calentaron y dijeron: ‘venga, vamos allá’", contaban en casa. A miles de kilómetros de distancia, en una vivienda asturiana, el orgullo también ocupaba todo el espacio.
La familia no había hablado demasiado con Álvaro en los días previos. "Está concentrado. Y con la prensa allí y todo…", explicaban en casa. Nadie necesitaba muchas más palabras para entender lo que estaba viviendo. Rafa conoce bien el fútbol. Jugó en el primer equipo del Oviedo y pasó muchos años en el Langreo. "En esta casa siempre se vivió el fútbol", recordaba. Quizá por eso conserva grabados tantos momentos del camino de su nieto.
Cuando llegó la llamada de la selección mexicana, Rafa también recuerda perfectamente la emoción del momento. "Se hablaba de que podía ir. Cuando lo llamó el seleccionador, qué alegría llevé. Yo le dije que se preparara bien, que ir a un Mundial es cosa seria", contaba. "Es muy buen chaval. En México lo querían mucho. Es muy buen compañero", destacaba su abuelo. También subrayaba otra cualidad: "Álvaro habla muy bien. Siempre es a él al que eligen para hablar después de los partidos".
El partido apenas había comenzado cuando llegó el primer estallido de alegría. En el minuto 8 marcó México. En el salón se celebró con fuerza. Era el equipo de Álvaro. El equipo al que toda la familia acompañaba por una noche. No todo fueron sonrisas. Hubo una falta sobre el centrocampista asturiano que hizo contener la respiración. "Venga, nada. Arriba, Álvaro", reaccionaron desde el sofá. Los nervios regresaban cada vez que el balón pasaba cerca de él. Porque para el resto del mundo aquel era el partido inaugural de un Mundial. Para ellos seguía siendo el niño de Hevia.
En la segunda parte llegó uno de los momentos más comentados en el salón. Álvaro apareció cerca del área y dispuso de una buena ocasión. "Tenía que haber tirado él directamente a puerta", lamentó Rafa. La jugada dio conversación durante varios minutos. También había orgullo en cada intervención, en cada plano de televisión, en cada carrera del centrocampista.
El próximo viernes llegará un nuevo capítulo, frente a Corea. Habrá más nervios, más llamadas de teléfono, más comentarios sobre si tenía que pasar o tirar y más ojos pendientes de cada aparición en pantalla. Y seguramente volverá a repetirse la misma escena: la de un abuelo señalando orgulloso el televisor cada vez que aparece su nieto. Como si el mundo entero no supiera ya quién es Álvaro Fidalgo.
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