España aplaza el primer grito: el empate ante Cabo Verde enfría la euforia de Asturias en el estreno del Mundial
Miles de aficionados siguieron el estreno desde Oviedo, Avilés, Gijón y Sama entre ilusión, nervios y confianza en el futuro del torneo
Así vivó Asturias el primer partido del España en el Mundial ante Cabo Verde / Mara Villamuza, Marcos León, Fernando Rodríguez
Toda España esperaba la tarde del lunes con la ilusión de quien se ve entre los favoritos. No era una espera cualquiera. Había demasiados ecos de 2010 como para no agarrarse a ellos: una Eurocopa ganada dos años antes, el mismo grupo, la misma fecha del partido inagural y esa sensación, tan española, de que los grandes caminos rara vez empiezan cómodos. Entonces fue Suiza y derrota 0-1. Hoy fue Cabo Verde y empate sin goles. Tampoco hubo victoria.
En Oviedo, antes de que rodara el balón, el ambiente todavía era de confianza. En las terrazas se hablaba de apuestas, de goleadores y de un debut que muchos daban por resuelto antes de tiempo. “Tiene que marcar Pedro, Oyarzabal y dos Ferran”, comentaba Pablo Soto entre risas con sus amigos. La apuesta que casi nadie contemplaba era la que acabó imponiéndose: un empate ante Cabo Verde, un país que se estrenaba por primera vez en un Mundial.
La afición llenó bares y terrazas para el estreno mundialista
La expectación también se notó en Avilés. “Reservamos mesa el pasado miércoles”, comentaba Gustavo Rodríguez minutos antes del inicio del encuentro. Como él, decenas de aficionados se aseguraron con varios días de antelación un sitio desde el que seguir el debut de España en el Mundial. La demanda fue tal que en varios establecimientos colgaron el cartel de completo, con bares y terrazas llenos de aficionados dispuestos a vivir juntos el estreno de la Selección.
Entre el público predominaba el rojo de la camiseta española, aunque este año destacaba especialmente la presencia de la segunda equipación. Tampoco faltaban versiones retro de otras generaciones. “Hay muchas expectativas puestas en este torneo, yo creo que como mínimo estaremos en cuartos”, señalaba David Rodríguez, confiado en las opciones del combinado nacional.
El partido avanzó sin que España encontrase la forma de romper a Cabo Verde. En Gijón, los bajos de El Molinón se habían convertido, a falta de partidos del Sporting, en punto de encuentro para animar a la Selección. Mesas llenas, barras que no daban abasto y mucho rojigualda marcaban el estreno del combinado nacional. “Para ganar el Mundial es clave empezar ganando hoy”, analizaba Héctor González junto a Raúl Villazón, que ya en los primeros minutos detectaba que algo no fluía. “No me está gustando. Falta ritmo arriba y echo en falta a Dani Olmo”, añadía. El descanso llegó sin goles y con la sensación de que España había hecho lo suficiente para merecer algo más, pero no lo bastante para conseguirlo.
En Sama, Fernando Villares y Alexis Ramos seguían el encuentro desde una terraza. Ramos vio claro lo que le esperaba a la Selección: “El problema para España, más que el calor, es que muchos equipos se le van a encerrar atrás”. Aun así, el tropiezo inaugural no le movía de su pronóstico. “Pienso que somos los favoritos, junto con Francia”. Villares compartía el optimismo: “España tiene muy buen equipo y hay probabilidad de ganar el Mundial”.
Antes de que volviera a rodar el balón, también había quien vivía la cita como si ya fuese eliminatoria. Carla Prieto, Lucía Rodríguez y Claudia de la Cuesta, con bandera de España a los hombros y pintura roja y amarilla en la cara, estaban preparadas como para una final. “Todos los partidos son importantes”, defendía Carla. Y hasta se atrevía con una promesa de largo recorrido: “Si llegamos a semis, nos teñimos el pelo de rojo”.
El optimismo resiste pese al empate ante Cabo Verde
La segunda parte arrancó con más obligación que brillo. En Oviedo empezaron a oírse comentarios de los que suelen aparecer cuando el resultado no acompaña. “Ahora todo el mundo empezará a desconfiar, a opinar y a saber más que nadie”, decía Carlos Gutiérrez, antes de agarrarse a lo esencial: “Hay que remar, somos España”. La frase encajaba con el ambiente: nervios, decepción, pero todavía más ganas de creer que de sentenciar.
En El Molinón, la segunda parte se pareció demasiado a la primera. Gritos de ánimo en cada acercamiento, gestos de desesperación con cada jugada fallada y la sensación de que el primer gol del torneo estaba siempre a una acción de distancia. “No estamos finos, pero hay equipo de sobra”, resumía Miguel Cano.
En el otro lado del empate, la lectura era muy distinta. Para Cabo Verde, el 0-0 tenía algo de celebración. Helio Pina, jugador caboverdiano del Confía Base, vivió el partido desde Oporto, donde estaba de vacaciones, con el corazón dividido pero consciente de lo que significaba la tarde para los suyos. “Creo que habrá mucha gente apoyando a Cabo Verde. Hay países de África que están con nosotros”, afirmaba. Pina sabía que el empate era mucho más que un punto: “Un empate nos vale”. Y recordaba la dimensión del estreno: “Es la primera vez que estamos en el Mundial y estamos todos contentos por eso”. Entre los caboverdianos, decía, había una frase repetida estos días: “Un 1% de posibilidades y un 99% de fe”.
España lo intentó hasta el final, pero no terminó de encontrar el camino. En Gijón, la celebración del primer gol quedó aplazada al próximo encuentro. En Langreo, el optimismo sobrevivió al tropiezo. Y en las terrazas, entre vasos vacíos, camisetas blancas y banderas todavía colgadas de los hombros, quedó una idea compartida: los comienzos nunca son fáciles.
No ganó España. Tampoco lo hizo en su primer partido de aquel Mundial que acabó levantando. Entonces fue peor, porque ante Suiza llegó la derrota. Hoy, al menos, quedó un punto, muchas ocasiones y una advertencia temprana. Para ganar también hay que aprender a sufrir cuando todavía no sale nada. Y este Mundial, como aquel, acaba de empezar.
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