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El peor día de Ilia Topuria: El Matador pierde el cinturón en su noche más dura

Justin Gaethje, el veterano al que todos daban por derrotado, acabó con la condición de invicto del español en los jardines de la Casa Blanca ante la mirada de Donald Trump

Ilia Topuria recibe un duro golpe de Justin Gaethje.

Ilia Topuria recibe un duro golpe de Justin Gaethje. / Louis Grasse / Zuma Press / Euro

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

La velada de UFC en Washington prometía ser histórica. Un evento en los jardines de la Casa Blanca, algo único. Y lo fue, aunque no lo que Ilia Topuria tenía en mente. Donald Trump celebraba su 80 cumpleaños mientras ultimaba los detalles del acuerdo de paz con Irán, y entre medias se sentó a ver lo que el mundo entero daba por hecho: la decimoctava victoria del Matador. Pero Justin Gaethje tenía otros planes.

El rival que nadie esperaba y la sorpresa de la noche

Para entender la magnitud de lo ocurrido hay que entender quién era Gaethje antes de subir al octógono. Un guerrero de 37 años con una amplia trayectoria dentro de la compañía, pero siempre marcada por la plata. Dos veces había conseguido el cinturón interino del peso ligero, y dos veces se le había escapado el título definitivo de las manos: primero sometido por Khabib Nurmagomedov, luego por Charles Oliveira. Después vinieron victorias que costaron más de lo esperado, actuaciones que hacían pensar que The Highlight se apagaba poco a poco, y una sensación generalizada en el mundillo de que su momento había pasado. Cuando la UFC lo anunció como rival de Topuria para el evento de la Casa Blanca, la reacción fue casi de alivio en la hinchada española. Un rival asequible para una defensa cómoda, se dijo. Era como poner a Curaçao en una final de Mundial contra España. Se sabía cómo iba a terminar antes de empezar. O eso creían todos.

Topuria llegó a Washington siendo Topuria: seguro, desafiante, celebrando la víspera del combate como si el cinturón ya estuviera guardado en la maleta. No era la primera vez que lo hacía y siempre le había funcionado. Pero dentro de la jaula apareció otro hombre con su nombre. El boxeo de Gaethje, caótico e impredecible, tan distinto al de los rivales a los que el campeón estaba acostumbrado, lo descolocó desde el primer segundo. Holloway y Volkanovski tenían un boxeo ordenado, con una lógica que Topuria sabía leer y contrarrestar. Gaethje no tiene lógica. Sus jabs llegaron desde ángulos imposibles, uno tras otro, sin que el campeón encontrara la manera de frenarlos. Al término del primer asalto la cara de Topuria ya contaba una historia muy diferente a la que se esperaba escribir esa noche: ensangrentada, hinchada, castigada.

El público español mantuvo la esperanza. Era el patrón habitual del campeón: dejar pasar el primer round como ronda de estudio, absorber información y explotar en el segundo y el tercero. Siempre había funcionado así. En el segundo asalto hubo un instante en que todo pareció posible. Topuria conectó varios golpes al hígado de Gaethje que lo hicieron tambalearse. El americano estaba en problemas serios. Pero el campeón no tenía piernas para rematar: demasiado castigado por el daño acumulado en el primer round, demasiado mareado para aprovechar el momento. La oportunidad más clara de la noche para el hispanogeorgiano pasó de largo y no volvió.

La lesión de Topuria y el desenlace que cambió la UFC

El tercero fue el asalto que terminó de romper la noche. Un derechazo limpio de Gaethje mandó a Topuria al suelo en una imagen que dejó a todo el mundo sin palabras: el americano con la cara prácticamente intacta, el campeón en el suelo. Al término del asalto, Álex Topuria, hermano y parte fundamental de su esquina, tomó una decisión inteligente y valiente: pidió al médico que examinara al peleador antes de que saliera al cuarto round. El parte era devastador. Ilia prácticamente no veía del ojo derecho, consecuencia del castigo acumulado a lo largo de toda la pelea. El médico estuvo cerca de detenerlo todo.

Pero Topuria es Topuria, y tiró del corazón que siempre lo ha definido. Convenció al médico para continuar y salió al cuarto asalto casi ciego, incapaz de esquivar lo que no podía ver. Fue una demostración de orgullo y valentía que en otras circunstancias habría sido admirable, pero que esa noche resultó insuficiente. Al término del cuarto, Álex Topuria tomó la decisión más difícil que puede tomar una esquina: tirar la toalla de su hermano. "Acabamos con la pelea", dijo. Justin Gaethje, el hombre al que nadie en España quería ver campeón esa noche, se convirtió en el nuevo rey del peso ligero de la UFC con el título que tanto tiempo llevaba persiguiendo.

Lo que vino después del combate fue más preocupante que la derrota misma. Topuria abandonó los jardines de la Casa Blanca en ambulancia rumbo a un hospital de Washington para someterse a pruebas médicas. Las imágenes posteriores mostraron un rostro irreconocible. Dana White, presidente de la UFC, en la rueda de prensa, se pronunció sobre la gravedad de la situación: posible fractura del hueso orbital. El promotor evitó cualquier mención a planes futuros o posibles revanchas. La prioridad, dijo, es que Topuria vuelva a casa y se recupere. Finalmente, en la tarde de ayer se supo que Topuria se encuentra bien, aunque sí se confirmó que tiene una fractura orbital, pero no tendrá que pasar por ningún tipo de intervención.

De todas formas, con una lesión de esa envergadura, una revancha inmediata es directamente impensable. Topuria tendrá que sanar primero, volver a competir después, recuperar posiciones en el ranking y demostrar que lo de Washington fue un accidente puntual y no el inicio de algo más profundo. Porque la primera derrota siempre deja cicatrices, y no solo las físicas. Queda por ver cuánta factura, física y psicológica, le pasará esta noche a uno de los mejores peleadores de la historia.

Mientras, Topuria escribió en sus redes: "Justin, felicidades. Dijiste que dejarías tu huella en mi cara… y lo hiciste. Me quitaste la visión del ojo derecho en el primer asalto, y al final del segundo también la del izquierdo. No hay excusas. Hice uno de los mejores campamentos de entrenamiento de mi vida. Llegué en plena forma, preparado y listo. Fue tu noche. Así es este deporte. La gloria y el dolor caminan de la mano. Me recuperaré. Descansaré. Y volveré más fuerte, más sabio y mucho más peligroso. Y créeme… esta historia entre nosotros está muy lejos de haber terminado. Tendremos nuestra revancha".

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