Chus Álvarez, tras cerrar su etapa como árbitro de balonmano: "Siento vértigo, no sé lo que hace la gente los fines de semana"
"La sociedad asume cualquier error, pero que nosotros fallemos no entra dentro del guion", asegura el gijonés, que será distinguido en la gala de la Federación Asturiana

Chus Álvarez, durante un partido. / J. V.

Tras toda una vida pegada al silbato, Chus Álvarez (Gijón, 1991) dijo basta. La dificultad del árbitro para compaginar su trabajo como policía con su mayor pasión le obligó a poner fin a una carrera que se encontraba en su punto más álgido. Un año antes había logrado alcanzar la categoría IHF, con la que llegó a arbitrar partidos internacionales. Su último encuentro fue un Barcelona-Nava de la Asunción de las semifinales de la Copa del Rey. Ahora, antes de ser distinguido en la gala anual del balonmano asturiano, se sienta a repasar su carrera con LA NUEVA ESPAÑA.
Terminó su carrera de árbitro a lo grande.
Tengo una buena sensación por haberme ido cuando he querido y cuando creo que era necesario para mí. Estoy contento, aunque todavía un poco desubicado. Se siente muchísimo vértigo porque tengo 35 años y llevo 21 en esto. No sé lo que la gente normal hace los fines de semana. Tengo ganas de hacer otro tipo de cosas y de ver qué etapa viene ahora, que será diferente.
¿Cómo vivió ese último encuentro?
Con las emociones a flor de piel. Intenté disfrutar todos los minutos sabiendo que era lo último. Cuando terminó ya era como: "esto se acabó y no voy a arbitrar nunca más". El balonmano me lo ha dado todo y ha sido una gran etapa para mí.
¿Por qué decide despedirse del balonmano ahora?
Era necesario para mí porque cada vez era más complicado compatibilizar mis dos trabajos (policía y árbitro). Me exigía cada vez más tiempo fuera, pedir más días y vacaciones; era duro cuadrarlo todo. Sientes que estás trabajando todos los días del mes, me iba a empezar a afectar a la salud y tuve que parar y echarme a un lado.
¿Cuando lo decide?
Por enero de este año. Nos llegó una designación para Kuwait para la Champions de los países del Golfo. Faltando un par de semanas nos avisan de que no se va a celebrar, que se iba a posponer, y yo ya tenía todo cuadrado: había hecho mil turnos y favores a mis compañeros para que me lo pudieran devolver, cambiado las vacaciones… Ahí llegó el momento de decir que no porque sabía que se iba a repetir. Vivo a 1.000 kilómetros de mi casa y no podía ver a mis amigos y familia porque mi trabajo me ocupaba el 95% de mi tiempo.
La decisión llega justo un año después de haber logrado la categoría IHF que le permitía arbitrar a nivel internacional.
Llega en el mejor momento de mi carrera, sí. El objetivo de cualquiera es llegar lo más lejos posible y, cuando lo consigues, te das cuenta de que todo ese esfuerzo tiene una recompensa, pero ves que tu modo de vida no es compatible con eso.
Después de dos décadas arbitrando, ¿con qué momento se queda?
Diría que con los ascensos de categorías, que al final eran las metas que tienes. Me quedaría con el ascenso a Liga Asobal, en 2016, aquello era lo máximo. El tema internacional que vino después lo tenía más apartado y creía que no era para mí. Ese mundo está montado para jugadores y entrenadores, que es su trabajo. Si los árbitros fuésemos profesionales no estaríamos hablando de estos problemas, pero tenemos partidos por semana y el finde y es complicado encontrar un trabajo compatible con esa actividad.
Desde sus inicios hasta ahora han cambiado mucho las cosas
Sí, todo va cambiando. El balonmano en general ha cambiado mucho porque ahora es mucho más rápido y las construcciones de jugada eran totalmente diferentes. Eso como árbitro te exige estar mucho mejor en lo físico. No tiene nada que ver con cuando empecé.
También el ambiente, ahora se paga más la frustración con su profesión.
La sociedad puede asumir que cualquier entrenador o jugador cometa fallos, pero que nosotros fallemos no entra dentro del guión. Hay que saber llevarlo y que te van a permitir tener muchos menos errores que el resto. Es la responsabilidad y lo que te va en el sueldo, es más exigente en ese sentido. En el balonmano hay momentos de tensión y el público es muy parcial, pero es mucho más relajado que en otros como el fútbol. El ambiente es de compañerismo y saber que somos necesarios. El balonmano es un deporte más noble.
Suscríbete para seguir leyendo
- La carrera que bate récord en la Universidad de Oviedo y desbanca a Medicina: las primeras notas de corte y listas de admitidos
- Mañana caerá el gran chaparrón del verano: a partir de las dos de la tarde toda Asturias estará en alerta por fuertes chubascos y tormentas con granizo
- El refugio de verano de Amancio Ortega está en un pequeño pueblo rodeado de calas preciosas, conocido como el Caribe gallego
- Cambios en el permiso de conducir a partir de 2026: la norma de la DGT afecta a los conductores nacidos entre 1956 y 1961
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la máquina de coser de mano que garantiza los mejores resultados: compacta, ligera, portátil, potente e ideal para reparaciones rápidas
- Parquímetros por la noche a partir de las 21.00 y también los domingos: se aprueba el inesperado cambio a la hora de aparcar en zona azul
- El pueblo asturiano en el que Santiago Abascal recupera 'el tiempo robado a la familia': el presidente de Vox ya está de vacaciones en el Principado
- El gran espectáculo de drones de Gijón se queda sin una de sus grandes novedades