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El regreso de Eduardo Llano: del accidente en Oviedo a la selección española de balonmano adaptado

El asturiano, convocado con el equipo nacional en silla de ruedas, vuelve a jugar 20 años después: "Es una oportunidad que no esperaba y que ahora es prioridad"

Eduardo Llano, único asturiano convocado por la selección española de balonmano en silla de ruedas

Eduardo Llano, único asturiano convocado por la selección española de balonmano en silla de ruedas / Luisma Murias

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María Rendueles

María Rendueles

Oviedo

Eduardo Llano dejó el balonmano en 2003 por los estudios, pensando que aquella etapa se cerraba para siempre. En 2005 tuvo un accidente que le dejó en silla de ruedas y el deporte que había elegido de niño volvió a cruzarse en su camino. Esta vez, además, por la puerta de la selección española.

El ovetense ha sido convocado por la selección española de balonmano en silla de ruedas y es el único asturiano en el equipo nacional. La convocatoria llega en un momento clave, con España preparando el Eurohand 4 All, que se disputará desde mañana hasta el 5 de julio en León, y el Mundial, que se disputará en septiembre en Granollers. Eduardo pelea por hacerse un hueco definitivo entre los jugadores elegidos para esas citas. "Quiero afianzarme en el equipo nacional y ser una parte importante de él", asegura.

Una llamada para volver a empezar

Su historia con el balonmano empezó en el Buenavista, en Oviedo, en la temporada 1995-96. Después jugó en el Balonmano Base Oviedo, fue convocado varias veces con la selección asturiana y llegó a entrar en una preselección española. En 2003 decidió dejarlo por los estudios. No se veía viviendo de ello y el nivel exigía demasiadas horas.

El accidente que cambió su vida

Dos años después, un accidente de tráfico cambió por completo su vida. Tenía 19 años, trabajaba repartiendo pizzas en moto mientras estudiaba y un coche le atropelló en Oviedo. Pasó 27 días en coma, sufrió un traumatismo craneoencefálico severo y un derrame cerebral. Cuando despertó, le explicaron que tenía una lesión medular irreversible y que tendría que utilizar silla de ruedas de por vida. "Decidí pensar que había tenido suerte por estar vivo", recuerda. "Fue más fácil haber muerto aquel día que haber quedado con vida". El golpe fue durísimo, pero Eduardo eligió avanzar. Se formó de nuevo, cambió su manera de mirar la vida y acabó dedicándose profesionalmente a la formación en seguridad vial y prevención.

El balonmano nunca se fue del todo

El vínculo con el balonmano, en realidad, nunca llegó a romperse. Entre 2005 y 2010, después del accidente, Eduardo fue entrenador en los colegios de San Pedro de los Arcos y Parque Infantil, en Oviedo, con equipos desde prebenjamines hasta alevines de segundo año. Aquella etapa también fue importante en lo personal. "Me ayudó a darme cuenta de que, aunque no caminase, podía ser un gran entrenador", recuerda. No solo disfrutó enseñando a los niños: también compitieron bien. "Nos divertimos mucho y éramos bastante buenos", resume.

Una vida ligada al deporte adaptado

La práctica del deporte también volvió pronto. Primero fue el tenis en silla de ruedas, una disciplina en la que llegó a competir a nivel nacional y a situarse entre los mejores de España. Después llegó el baloncesto adaptado. Más tarde, el automovilismo: compitió en slalom con un coche adaptado y fue varias veces campeón de Asturias. Incluso cumplió otro sueño personal, rodar en circuito con una moto adaptada.

Nunca dejó de moverse, pero el balonmano seguía ocupando un lugar especial. Era el deporte que había elegido primero, el que más le había enganchado de niño y el que parecía más difícil de recuperar.

El azar juega su papel

En octubre de 2025 viajó a Guadalajara para recoger una furgoneta destinada a una asociación y se alojó en un hotel elegido casi al azar. Allí coincidió con una concentración de la selección española de balonmano en silla de ruedas. "Pregunté quiénes eran y me dijeron: ‘somos la selección española’. Y yo pensé: ‘pero si no había balonmano en silla de ruedas’". Uno de los técnicos, vinculado al equipo de Valladolid, le invitó a probar. Eduardo aceptó y en enero de este año acudió a su primer entrenamiento. La adaptación fue inmediata. El cuerpo y la cabeza recordaban más de lo que él mismo esperaba. Apenas dos meses después, un seleccionador le vio jugar y decidió convocarlo.

La memoria del jugador

"Hay cosas que tienen memoria", explica. Esa memoria deportiva, unida a su estado físico y al conocimiento táctico acumulado de su etapa anterior, aceleró su entrada en una modalidad que en España todavía está creciendo.

Desde entonces, su semana tiene una rutina exigente. Entrena con el equipo de Valladolid una vez por semana. Sale de Oviedo por la tarde, conduce hasta la capital pucelana, entrena de nueve a once de la noche y regresa de madrugada. "Como se suele decir, el que algo quiere algo le cuesta", resume el que también fuera concejal del Ayuntamiento de Oviedo.

Kilómetros y renuncias por una oportunidad

También ha hecho renuncias. Hace apenas unas semanas vendió la moto con la que rodaba en circuito para centrarse en el balonmano. Le dio pena, admite, pero lo entiende como una decisión deportiva. "Quiero dedicar los fines de semana y el tiempo libre a una oportunidad que no esperaba y que ahora es prioridad", después de su familia, cuenta.

"Soy muy necio, muy testarudo. Mi idea es esta", afirma. Esa idea pasa por consolidarse en la selección española y por estar preparado si el balonmano en silla de ruedas sigue creciendo en el ámbito internacional. La modalidad aspira a ganar visibilidad, con la mirada puesta en futuras citas paralímpicas.

El reto pendiente en Asturias

Su caso también abre una pregunta en Asturias. La comunidad no cuenta actualmente con un equipo de balonmano en silla de ruedas y Eduardo es el único asturiano convocado con España. "Lo ideal sería reunir al menos ocho personas para formar un equipo, pero es muy complicado", admite.

Por ahora, Eduardo sigue haciendo kilómetros para entrenar en Valladolid. Allí encontró un equipo, una oportunidad y una manera inesperada de regresar al deporte que más le había marcado.

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