Opinión
Melchor Fernández Díaz analiza las opciones de España en el Mundial: De momento, en la semifinal
La selección española sigue mostrando su capacidad para conseguir por segunda vez el título mundial

Una acción del partido entre España y Bélgica / CHRIS TORRES
Tras eliminar a Bélgica, España conserva todas las esperanzas de llegar a la final del Mundial de fútbol y, como no, de ganarla. Su obstáculo mayor será, seguramente, el inmediato, que es el penúltimo y no el último. Francia, en efecto, parece el rival más complicado de cuantos quedan en pie, con Mbappé como principal motivo de preocupación. En cualquier caso, en el lado español sigue habiendo motivos suficientes para el optimismo, lo que es compatible con el reconocimiento de la dificultad de lo que queda.
BÉLGICA, DIFíCIL.
La ya superada eliminatoria con Bélgica puede servir como referente de esa dificultad. Un rival cuyo estilo de juego tiene un planteamiento defensivo pero que no carece, ni mucho menos, de recursos atacantes, obligó a la selección española a ofrecer el máximo de su capacidad, ya fuera en el campo o en el banquillo. En ese partido cada equipo jugó sus bazas. Bélgica acumuló hombres atrás y supo contragolpear con tanta rapidez como peligro. Para eso último tiene a Jeremy Duko, tan veloz como hábil. España mandó en el centro del campo, con la batuta de Rodri tan activa como eficaz. Por cierto, Rodri y Duko son compañeros en el Manchester City, club que acaba de abandonar Pep Guardiola después de completar un periodo cuajado de éxitos.
LAMINE Y NICO.
España presionó a Bélgica, pero le costó mucho trabajo, quizá demasiado, crearle peligro. Quizá porque lo intentó demasiado con Lamine Yamal y los belgas estaban bien pertrechados al respecto. A Lamine le gusta arrancar desde la posición de parado y no es lo mismo intentarlo cuando se tiene enfrente a un solo rival que cuando le esperan dos o tres. Una urgencia de la selección española es atacar con peligro por las dos bandas. Lo de la derecha lo tiene adjudicado. Y se sabe sobradamente quien puede hacerlo por la izquierda. Es Nico Williams, pero hasta el viernes el seleccionador español no le había considerado disponible, supuestamente por estar renqueante de una lesión. Cuando al fin Nico salió unos minutos ante Bélgica mostró detalles. Si mejorase hasta su nivel habitual, podría añadir, con la colaboración de Cucurella, recursos importantes a su equipo, que tiene ya bien cubierta la banda derecha con Porro a la espalda de Lamine.
MERINO Y LOS CENTRALES.
La selección española cuenta con más activos eficaces que los que salen al campo desde el principio. En el banquillo quedan efectivos que pueden aportar soluciones. Uno de ellos es, sin duda, Merino. Seguro que muchos aficionados recuerdan el espléndido cabezazo con el que marcó un gol en la última Eurocopa. Serán muchos más los que, por proximidad en el tiempo, tengan presentes unos goles suyos que en el actual Campeonato del Mundo han abierto a España en dos casos el pase a la fase siguiente : a Portugal primero y a Bélgica ahora, ambos en los minutos finales del partido. Es justo recordarlos con elogio. Refiriéndonos al gol marcado a Bélgica se puede añadir algo más. En esa jugada Merino supo estar en el momento y el lugar adecuados para aprovechar el rechace de Lammses, el portero que había sustituido dieciséis minutos antes en la portería belga a Courtois, que se había retirado entre lágrimas. En ese partido tuvieron un buen papel los dos centrales españoles, lo que sería decisivo para el resultado final. El rechace del portero belga, que aprovecharía Merino, se había producido en el minuto 87 como respuesta a un disparo fuerte, raso y lejano de Cubarsí, uno de los dos centrales españoles. Y dos minutos después, cuando el partido iba a concluir, el otro central español, Laporte, impidió bajo los palos el empate belga al evitar que se colara un remate que había cogido al guardameta Unai Simón fuera de la portería. Los dos centrales españoles, uno veterano, Laporte, y otro jovencísimo, Cubarsí, están haciendo un gran Mundial.
ANTECEDENTES CON MALEFICIO.
Antes de ese partido las estadísticas decían que España, para seguir adelante, tenía que superar su maleficio histórico de los cuartos de final. "El País" lo describía muy bien en su periódico del pasado jueves, en el que relataba las frustraciones que a la selección española se le habían ido acumulando en esa fase de los campeonatos del Mundo desde 1934, cuando España se enfrentó a la Italia que, convertido como estaba el país en un estado totalitario, bien se le podía poner el apellido de Mussolini. Y seguro que el Duce tuvo algo que ver en lo caro que le resultó a España llegar a un empate al final de un partido del que se retiró al vestuario nada menos que con ocho lesionados, entre ellos su legendario portero Ricardo Zamora. No había entonces liguilla ni penalties para resolver los casos de empate sino un partido al día siguiente. Lo ganaría Italia por 1-0, lo que supuso la eliminación de España. El papel de los árbitros de los dos partidos fue más que influyente a favor de los italianos. El del primero, el belga Baert, sería inhabilitado por su federación. Al del segundo, el suizo Mercet, lo apartaría de por vida la FIFA.
Pasarían los años de la postguerra con episodios como el gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil, que ganaría Uruguay, que se harían famosos pero que sirvieron de poco a efectos clasificatorios. Para tener posibilidades de alcanzar los cuartos de final habría que esperar hasta 1986, año en el que España sería eliminada por Bélgica después que, en la tanda de penalties, el portero belga Pfaff le detuviera al sportinguista Eloy su lanzamiento.
Ocho años después, en 1994, España fue perjudicada en su partido con Italia en los octavos de final por un clamoroso penalty que no se pitó. El protagonista, la víctima, fue otro gijonés, Luis Enrique, al que el italiano Tasotti, rompió la nariz de un codazo dentro del área de su equipo. El árbitro, Sandor Pulh, no quiso enterarse, a pesar de lo visible que era la hemorragia que llenaba de sangre la cara al asturiano. A Tasotti le impondrían días después una sanción de ocho partidos de suspensión, por lo que no pudo jugar las semifinales y la final, que, sorprendentemente, fue arbitrada por Pulh.
En 2002, en Corea, el árbitro anuló a España dos goles con toda la apariencia de legales. El partido, prórroga incluída, terminó con empate a cero y fue Corea, adversario de España en ese choque, quien, al ganar el desempate por penalties, se aprovechó de una oportunidad que no debería haber tenido.
Hubo que esperar al año 2010, en Sudáfrica, para que España rompiera todas las barreras hasta llegar a la final, que ganó por primera vez, para proclamarse campeona del mundo. Un partido clave había sido el disputado con Paraguay, que se resolvió en el minuto 83, tras un triple remate español a la madera, que devolvió primero un tiro de Pedro y luego mandó el balón de poste a poste un nuevo remate español descansara junto a la red para que finalmente el cuero descansara en la red. El autor e esa carambola feliz fue Villa, para completar hasta ahora el protagonismo asturiano en esa serie de partidos históricos.
SIN ASTURIANOS.
No habrá tal en el título que se está disputando actualmente y que tendrá su escenario final en Nueva York. De Miguel no ha seleccionado a ningún jugador asturiano para intentar la proeza de lograr el campeonato del mundo por segunda vez. Seguro que ese detalle no rebajará las esperanzas de los aficionados de Asturias, categoría que en casos como este no se limita a los que son habitualmente futboleros. Seguro que para todos ganar la semifinal sería poco. Importa llegar a final y ganarla.
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