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Valdano, el Ensidesa y Alemania

A propósito de las dos efemérides que marcaron la carrera del crack argentino: el gol en el "ultimátum" ante los avilesinos y el del título mundialista frente a los germanos, al cumplirse 50 y 40 años, respectivamente

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Jorge Valverde

Jorge Valverde

Avilés

El encuentro, fortuito, se produjo en junio de 1995, en los jardines del sublime Ritz, adyacente al Museo del Prado. Allí tenía lugar el fiestón que un rotativo organizaba para premiar a los ganadores de la novedosa "Liga Fantástica", juego que en su estreno ya era fenómeno de masas entre los lectores y eso que para participar había que cumplir el embrollo de recortar semanalmente el cupón, introducirlo en sobre, sellarlo y remitirlo vía correo postal.

Entre la flor y nata del fútbol noventero español, por allí andaba Jorge Valdano, entrenador que acababa de conducir al Real Madrid hasta el título de Liga:

–Hola, Jorge, qué tal, me llamo ídem y me apellido casi igual. Soy aficionado a la historia del fútbol y llevo unos días investigando en la Biblioteca Nacional, en Recoletos, y en la Municipal de Conde Duque, a la búsqueda de los orígenes de la pelota en mi ciudad, Avilés. Ya que te veo aquí, me gustaría comentarte lo del gol más importante de tu vida, en el 86.

–Te refieres al que marqué en la final del Mundial, contra Alemania, en 1986.

–No, no, no me refiero al año 86, sino al minuto 86, el del gol al Ensidesa en Vitoria, gracias al cual el Alavés se mantuvo en Segunda. Fue en junio de 1976.

Tras instantes de extrañeza, Valdano claudica al razonamiento: sin ese gol, el Alavés hubiera descendido y la estricta legislación no permitía jugadores extranjeros en Tercera División. Nunca se sabrá, pero el argentino, veinteañero, recién terminada su primera y más discreta temporada de las doce que estuvo en España, muy probablemente hubiera regresado a Argentina, quizá devuelto al "Ñuls", y la bajada del portón europeo bien podría haber provocado una trayectoria muy diferente a la que le encumbró.

Para Valdano, el remate aniquilador del Ensidesa fue el gran punto de inflexión en su incipiente carrera; por de pronto, le servía para suavizar un par de episodios martirizantes, los seis meses que llevaba sin marcar y la fortísima sanción económica que el club babazorro le acababa de imponer por acto de indisciplina hacia el entrenador, Abdallah Ben Barek, durante un entrenamiento en la localidad riojana de Haro, donde el Alavés hacía parada, camino de Burgos.

Pero, por encima de todo eso, le valía para evitar el cataclismo del Alavés, seguir en el club con el que tenía contrato y continuar fraguando el trayecto de relumbrón que le esperaba. Todo, a costa del Ensidesa y a partir del único resquicio que la zaga avilesina le dejaba para convertir su lanzamiento en "el gol que me dio la vida". Medio siglo acaba de cumplir aquel instante –salvador o fatídico, según se mire–, sobre el que el propio crack argentino, con el sentido del humor que caracteriza a los santafesinos, trató de buscar redención el año pasado, dirigiéndose a los históricos componentes del "Ensi": "Os prometo no volver a repetirlo".

Justo una década después, enfrente ya no estaban los siderúrgicos Pilu Lombardía, Toni Vallina, Tino Quirós o Goyo Esteban, sino los "Mannschaft" Toni Schumacher, Hans-Peter Briegel, Karlheinz Förster o Andi Brehme, sus nuevos damnificados. Ante Alemania Federal y en Méjico DF –ahora sí, en el año 1986–, el día que Argentina salió bicampeona del mundo, Valdano anotaba el segundo gol más trascendente de su vida, pues la cronología manda y decreta que el de la sentencia al Ensidesa llegó primero y marcó el camino. La ejecución del Azteca, por cierto, era muy parecida a la del Mendizorroza: irrupción en el área con chut cruzado y raso.

Hace tres semanas se cumplieron 40 años de esta segunda efeméride, heredera de la que dictó el futuro de Valdano a cuenta de un Ensidesa que sigue vivo en la memoria de los nostálgicos de Avilés y, por supuesto, en la del crack argentino.

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