Oviedo disfruta con una selección como una Catedral: espectacular ambiente en la plaza de Alfonso II El Casto
"¡Qué escándalo!, ¡qué baile!, ¿cómo podemos ser tan buenos?", aclama la afición ovetense en una plaza a reventar para acompañar a España en su rotunda victoria ante Francia entre olés

En la plaza de Alfonso II el Casto, la conocida popularmente como la de la Catedral de Oviedo, no se escuchaba otra cosa que música en español y las canciones que acompañaron el Mundial de Sudáfrica. Dieciséis años después, la ciudad parecía empeñada en revivir aquellos recuerdos. La ilusión era la misma, aunque esta vez con una generación distinta como protagonista. "Hoy es más olé que allez", resumía entre risas Samuel Fernández antes del comienzo del encuentro. La alegría duró hasta bien entrenada la noche.
La plaza estaba abarrotada mucho antes del pitido inicial. Camisetas de la selección, gorros, bufandas y caras pintadas teñían de rojo un espacio en el que apenas cabía un alfiler. Algunos protestaban porque la pantalla estaba demasiado baja y desde el fondo apenas se veía, pero nadie parecía dispuesto a marcharse. Cuando sonó el himno de España, la plaza lo cantó con tanta fuerza que daba la sensación de que querían que también se escuchara al otro lado del Atlántico, en Dallas.
Daniel Álvarez celebraba la iniciativa de instalar una pantalla gigante. "La gente puede juntarse y hay mucho más ambiente. El partido lo veo complicado, pero en España siempre se confía. Si jugamos bien, ganamos seguro. Hoy es el partido de Lamine Yamal", aseguraba.
Samuel Fernández había venido desde Ujo para vivir el encuentro rodeado de aficionados. "Los partidos de la fase de grupos los vi en casa con la familia, pero esto había que vivirlo aquí", contaba. Aunque reconocía que el duelo sería complicado, no perdía el optimismo. "Al final España es más olé que allez". En la mochila llevaba un bocadillo de tortilla francesa. "Pero con muchos huevos, como España", bromeaba.
Para Alejandra Gómez también era especial. "Esto es algo único. Es la segunda vez que estamos en unas semifinales. Yo en 2010 tenía 12 años y me acuerdo de todo", recordaba emocionada.
Junto a Samuel Fernández estaba Alba Silva, de Mieres, que seguía el partido con un aliciente añadido. Entre bromas, ambos aseguraban que si España levantaba el Mundial, Samuel le pediría matrimonio.
También había quien había recorrido cientos de kilómetros para no perderse la cita. Félix Pérez llegó desde Madrid esa misma mañana para reunirse con sus amigos. "Y ya me quedo toda la semana, por si jugamos la final", decía convencido.
Hugo Gudín esperaba que la selección cambiara el ritmo de un torneo que, a su juicio, había dejado pocos encuentros memorables. "Está siendo un Mundial muy aburrido porque el balón rueda lento. Pero el partido de hoy va a ser muy bueno, entretenido. Hoy España va a dar la sorpresa".
La explosión llegó en el minuto 22. Mikel Oyarzabal transformó un penalti y la plaza estalló. Algunos ya se atrevían a cantar "campeones del mundo", mientras otros intentaban rebajar la euforia con un prudente "queda mucho partido". Los seis minutos de añadido antes del descanso se hicieron interminables.
La tranquilidad llegó tras el descanso. En el minuto 58, Pedro Porro amplió la ventaja y la emoción se desbordó. Entre lágrimas y abrazos comenzó a sonar un "¡Español, el que no bote!".
Dos minutos después, Lamine Yamal marcó el que parecía el tercer tanto, pero justo en ese instante la pantalla gigante de la plaza se apagó. Durante unos segundos nadie entendía qué estaba ocurriendo. Cuando volvió la imagen, el gol ya había sido anulado. Con el paso de los minutos, los nervios sustituyeron a la euforia. En el 80, una intervención salvadora de Unai Simón hizo contener la respiración a toda la plaza. "Dios es español", gritó un aficionado mientras el resto respiraba aliviado.
Poco después, Oviedo respondió con una gran ovación para Pedro Porro y la entrada de Álex Baena. "Qué buenos somos, tío. Qué escándalo, qué baile", se escuchaba entre el público. La pregunta era casi retórica: "¿Cómo podemos ser tan buenos?".
Los siete minutos de descuento parecieron eternos para toda España. Pero conforme el reloj se acercaba al final, los "olé, olé, olé" comenzaron a imponerse en la plaza. Esta vez, como había anticipado Samuel Fernández, eran olé, y no allez.
El pitido final confirmó que España volverá a disputar una final del Mundial, la segunda de su historia. La primera terminó con una estrella sobre el escudo. La segunda puede que ya se esté bordando, aunque tendrá que esperar al próximo domingo y a conocer hoy quién será su rival tras el partido entre Argentina e Inglaterra. Una cosa sí había una cosa clara: "Hoy se cena tortilla de patata".
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