Asturias exhibe su fervor por la selección tras el histórico triunfo en el Mundial: "Ya no quedan banderas"
"Fui por la mañana y ya no quedaba nada", relatan los aficionados

Por la izquierda, Pelayo Álvarez y Blanca González, en Avilés; Nati González, Fernando Muñiz, Yayo Rodríguez y María Álvarez, en Oviedo; Regina de Friera y Marina González, en A Coruña. | LNE / LNE

La celebración multitudinaria terminó, los jugadores ya abandonaron Madrid y las calles recuperaron su aspecto habitual, pero la segunda estrella de España continúa muy presente. También en unos escaparates en los que apenas quedan rastros de la selección. La clasificación para la final del Mundial disparó la venta de banderas y bufandas hasta el punto de que muchos aficionados que acudieron a comprarlas el mismo domingo se encontraron con las existencias prácticamente agotadas.
Regina de Friera salió a buscar una bufanda el día de la final, pero llegó tarde. "Fui por la mañana pensando que todavía habría bastantes y ya no quedaban. Pregunté en varios sitios y estaban prácticamente agotadas", explica.

Regina de Friera y Marina González, en A Coruña. / .
Elisa López vivió una situación similar. Su intención era comprar una bandera para colocarla en el balcón de su casa de Luanco antes del inicio de la final, pero se encontró con que los modelos de mayor tamaño ya se habían terminado. "Por lo menos mi vecina de arriba la tiene puesta", decía entre risas. Su pareja, Miguel Fernández del Pino, también la buscó por todas partes. La compra se convirtió casi en una misión de última hora, aunque terminó dando resultado. "Acabamos tapándonos con ella para dormir cuando llegamos a casa", relata. Ahora la bandera cuelga del balcón.
Blanca González tampoco quiso afrontar la final sin algún distintivo de la selección. Acudió durante la mañana a comprar pinturas para la cara, pero tampoco las encontró. "Pensé que habría muchas porque se venden en bastantes sitios. Al final le eché imaginación y usé pintalabios y cúrcuma", explica orgullosa.

Pelayo Álvarez y Blanca González, en Avilés. / .
Las dificultades para encontrar productos de España confirmaban la expectación generada por una final que mantuvo en vilo a los aficionados hasta los últimos minutos de la prórroga. Fernando Muñiz vio el partido en casa junto a Nati González. Él lo vivió "histérico" y ella con una tranquilidad difícil de comprender. "Estuvimos nerviosos hasta última hora y después, pegando saltos", recuerda Fernando, que considera que España anuló por completo a Argentina: "No les dejó jugar absolutamente nada". Nati, en cambio, asegura que nunca dudó del desenlace. "Yo sabía que España iba a ganar. Tengo una intuición", afirma.
María Álvarez Cuesta siguió la final desde casa por una cuestión de supervivencia emocional. Rechazó la invitación de unos amigos porque sabía que no podría permanecer sentada. "Me pasé el partido caminando. Recorrí kilómetros", confiesa. Ni siquiera el gol español consiguió tranquilizarla. "Hasta que no señalaron el final, no respiré".

En primer término, Aima García e Iván Fernández en Japón. / .
Ahora piensa en comprar la camiseta de España con la segunda estrella y el nombre de Cucurella, uno de sus futbolistas preferidos. No porque sitúe al lateral por encima del resto, sino por la admiración que siente hacia un equipo en el que nadie quiso apropiarse del protagonismo. "Ganamos porque éramos un bloque. Cuando brillaba uno, también lo hacía el otro", sostiene.
Yayo Rodríguez llevó la celebración fuera de casa. Vio la final en la pantalla gigante instalada en el parque Jovellanos de Mieres y asegura que nunca perdió la confianza. "Sabía que íbamos a ganar y a golear", afirma, aunque admite con humor que la goleada "se estaba alargando". Cuando llegó el tanto de Ferran Torres, salió corriendo entre la multitud. "Me recorrí unos cien metros y volví. No podíamos ni movernos porque estábamos todos juntos", relata.

Miguel Fernández del Pino y Elisa López, durante la final del Mundial. / .
Después continuó la fiesta por Mieres hasta una hora próxima a la apertura de las panaderías. Ya con el triunfo digerido, define a España como una selección "formidable" y destaca su organización "desde el entrenador hasta el último jugador".
Pelayo Alonso decidió comprar una bandera pocas horas antes del encuentro para llevarla al lugar en el que iba a ver la final. Tampoco lo tuvo fácil. "Fui demasiado tarde. En varios sitios me dijeron que se habían terminado y donde todavía quedaban solo había modelos pequeños", recuerda. Finalmente encontró una que pudo llevar durante la celebración. "No era la que tenía pensada, pero viendo cómo estaba todo, me pareció suficiente".

Por la izquierda, Pelayo Álvarez y Blanca González, en Avilés; Nati González, Fernando Muñiz, Yayo Rodríguez y María Álvarez, en Oviedo; Regina de Friera y Marina González, en A Coruña. / .
Las banderas en los balcones, las bufandas al cuello, las camisetas de la selección y hasta las pinturas improvisadas acompañaron una final que cada aficionado vivió de una manera: caminando por el salón, saltando frente al televisor o corriendo entre la multitud. Algunos lograron encontrar lo que buscaban y otros tuvieron que conformarse con las últimas unidades o recurrir a la imaginación.
La fiesta del domingo terminó, pero la segunda estrella continúa en las conversaciones y en los balcones. España ya tiene un nuevo título. Durante unas horas, lo que casi no tuvo fueron banderas suficientes para celebrarlo.
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