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El ojo asturiano de la segunda estrella, el ovetense Álvaro García retrató desde dentro de la Roja la conquista del Mundial: "Me siento un privilegiado, nunca lo olvidaré"

Ni jugó de azul ni de rojo, pero ha estado más cerca de una Copa del Mundo que casi cualquier futbolista salido del Principado, con permiso de Mata y de Villa

A la izquierda, Pedri y Álvaro García con el trofeo. A la derecha Pedro Porro y Cucurella

A la izquierda, Pedri y Álvaro García con el trofeo. A la derecha Pedro Porro y Cucurella / LNE

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

¿Recuerdan a Nico Williams bailando con Marc Pubill al ritmo de Bad Bunny en lo alto del autobús descapotable? ¿A Joan Garcia regando con champán a todos sus compañeros nada más pisar el vestuario? ¿O quizá a Lamine Yamal señalándose el pecho en el césped del MetLife Stadium, indicando que ya hacía falta bordar una segunda estrella? Todas esas imágenes, las que se quedan para siempre en la memoria de un país, pasaron antes por el ojo de una cámara. Y detrás de esa cámara, casi siempre invisible, estaba Álvaro García Cuesta (Oviedo, 1980), Alvarito para todos, el infiltrado de lujo dentro de la selección, encargado de grabar los "insides" e inmortalizar junto al también asturiano Borja Medio al combinado que acaba de proclamarse campeón del mundo.

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Álvaro García, con su cámara, en el autobús de la celebración del Mundial por las calles de Madrid, acompañado por Rodri, Fabián (con la Copa), Unai Simón, Marcos Llorente, Baena y Marc Pubill. / .

Es difícil encontrar en el fútbol asturiano de las últimas décadas, un oficio tan singular como el suyo. Ni jugó de azul ni de rojo, pero ha estado más cerca de una Copa del Mundo que casi cualquier futbolista salido del Principado, con permiso de Mata y de Villa. Antes fue, durante años, cámara en las retransmisiones de Fórmula 1. Ahora es, como le definen quienes le conocen, el ojo que todo lo ve de la Roja. Estuvo en la Eurocopa de Alemania, donde España levantó su cuarta corona continental, y ha estado en el Mundial de 2026, el más largo y el más disputado de la historia, repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, con 48 selecciones y 104 partidos. Y en los dos torneos, España fue campeona.

LA NUEVA ESPAÑA habla con él apenas unas horas después de la rúa de los campeones por Madrid, todavía con la voz tomada por el cansancio y la emoción acumulada de 52 días de concentración, doce vuelos, cambios de horario imposibles y una final ganada en la prórroga. Cuesta que las palabras le salgan ordenadas. No es extraño: lleva casi un día y medio sin dormir bien y la cabeza, dice, todavía la tiene puesta en el autobús.

Un privilegiado con cámara al hombro. Casi dos millones de personas se echaron a la calle el lunes 20 de julio para acompañar el recorrido del autobús descapotable desde el Palacio de la Zarzuela y La Moncloa hasta la Plaza de Cibeles, con parada simbólica en Colón. Alvarito iba dentro, cámara al hombro, grabando la fiesta. "Ya había tenido la suerte de vivir la Eurocopa, pero esto fue, aparte de emocionante, histórico", cuenta todavía impresionado. "Te sientes un privilegiado. Verlo desde el autobús, con los jugadores, poder grabar esos momentos que, si lo piensas, cualquier español querría vivir con ellos, viendo la cantidad de gente que estaba unida al paso de ese autobús... Eso no se te olvida en la vida. Y captar esas imágenes... Es imposible que se te olvide, fue maravilloso".

Un lugar que, según cuenta, ya no le resulta ajeno. "Son unos jugadores que te hacen sentir partícipe a ti también. Son 52 días juntos, por lo cual acabas teniendo mucha confianza con ellos. Te hacen sentir uno más. Eso es lo bueno que tiene este grupo, este equipo que, como dice el seleccionador, son todos buenas personas. Creo que esa es una parte del éxito de esta gente".

Tres fotografías, tres historias. Preguntado por una imagen que se llevará para siempre, si tuviese que quedarse con una sola de las miles que ha disparado en estas semanas, no lo duda, pero tampoco elige una sola. Tiene, dice, tres jugadores con los que ha pasado más tiempo, con los que lleva ya muchos años de relación. Con Ferran Torres se hizo una foto muy especial en el autobús, los dos besando la Copa del Mundo. "Sé qué ha significado, porque al principio la gente lo criticaba mucho, y con su gol nos ha dado el Mundial. Eso es algo que quedará para la historia", explica Alvarito.

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García, con Pedri y Ferran, tras el partido. / .

El gol de Ferran Torres llegó en el minuto 106, ya en la prórroga, y resolvió una final bloqueada durante noventa minutos ante Argentina: un centro de Pedro Porro, la prolongación de Nico Williams y el remate certero del delantero, que le dio a España su segunda estrella dieciséis años después de Sudáfrica 2010, cuando Andrés Iniesta hizo algo muy parecido en el minuto 116 ante Países Bajos.

Con Pedri le une, cuenta, "una relación muy especial". Se hicieron una foto juntos levantando la Eurocopa hace dos veranos, y fue el propio centrocampista quien lanzó la profecía: "Vamos a hacernos una con la Copa del Mundo". Y la promesa se cumplió sobre el césped de Nueva Jersey.

La tercera fotografía tiene nombre de compañero más que de jugador: Marcos Llorente. "Yo trabajaba en el Real Madrid y nos conocemos desde hace mucho. Hemos visto el amanecer juntos, igual cuarenta y pico días, y han sido momentos muy especiales con él, porque hablas de cosas que no son de fútbol", relata Alvarito. "Cuando ha habido momentos en los que pesaba la carga de trabajo, él a veces me animaba, me levantaba. Por eso han sido esos momentos tan especiales. Me quedo con esas tres personas, que han sido importantes tanto en el terreno como para mí fuera de él. Aunque, repito, todos son muy buena gente. Esa fue una de las claves para ganar".

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Con Ferran, besando la Copa en el autocar. / .

"Pesa mucho". Pocas personas ajenas al vestuario pueden decir que han tocado con sus propias manos la Copa del Mundo. Alvarito sí, y todavía se le nota la sorpresa en la voz al recordarlo. "Pesa mucho. Eso llama la atención, lo que pesa. Poca gente lo sabe. Has visto tantas veces el trofeo en la tele o el del 2010, que es el que veo en la Federación todos los días. Pero cuando lo coges en primera persona y te lo dejan tocar ahí en el vestuario, es increíble: brilla, pesa mucho...Te cambia la cara".Chattanooga, Dallas y los relojes que no cuadraban. Lo de vivir un Mundial, insiste, no tiene nada que ver con vivir una Eurocopa. En Alemania, la selección tenía un único cuartel general al que volvía tras cada partido. En Norteamérica, el campo base de España estuvo en Chattanooga, una ciudad de Tennessee de apenas 190.000 habitantes elegida por la Federación por su cercanía a Atlanta, sede de los dos primeros duelos de grupo. Pero, avanzada la competición, la logística se volvió una carrera contrarreloj de maletas, aeropuertos y husos horarios que cambiaban cada dos o tres días.

"Era un Mundial más especial, diferente a la Eurocopa, donde estábamos siempre en un sitio, en Alemania, y después de cada partido volvíamos allí. Creo que hicimos doce viajes en avión", cuenta Alvarito. "Luego los cambios de horario, que al final son raros, porque en Chattanooga había una diferencia de siete horas con España, luego íbamos a México y eran nueve horas de diferencia, volvías a Chattanooga y otra vez siete... Dormías poco. Fue un poco más complicado en ese sentido, pero gracias a Dios que la gente de viajes de la Federación lo hizo muy bien, porque estuvimos la primera fase en Chattanooga y luego nos íbamos moviendo al día siguiente de cada partido".

Pone un ejemplo para entender la incertidumbre con la que viajaba todo el equipo. "Si jugábamos en Dallas no sabías si perdías y te volvías a casa. Cuando acababa el partido, ya estaba todo organizado para que al día siguiente se entrenara por la mañana y por la tarde nos fuéramos a Los Ángeles. Estaba todo muy bien pensado, pero era difícil de gestionar, porque no sabías qué iba a pasar, cómo iba a ser el resultado. Fue un poco locura en ese sentido. Pero al final todo lo compensa".

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García, junto a Porro y Cucurella, viendo imágenes en Chattanooga. / .

Lo que no sale en cámara. Detrás de las imágenes que llenan de orgullo a un país hay también una factura personal que Alvarito no esconde. Cincuenta y dos días de concentración significan cincuenta y dos días fuera de casa, lejos de su mujer y de su hija de cuatro años. La noche de la fiesta en Cibeles, mientras media selección seguía de celebración, él prefirió recogerse pronto. "Tenía muchas ganas de ver a mi mujer, a la niña... Llevas 52 días fuera de casa. Te pierdes cosas, más con una niña de cuatro años a la que echas mucho de menos", confiesa. "Ya hubo bastante fiesta durante la rúa. Llevas casi un día y medio sin dormir, y te puede el cansancio".Zarzuela, Moncloa y el móvil que no para de vibrar. Antes de la fiesta popular en Cibeles, la comitiva pasó por el Palacio de la Zarzuela y por La Moncloa, donde los campeones fueron recibidos por la Familia Real y por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Alvarito estuvo también ahí, cámara en mano, viviendo por segunda vez un protocolo que, admite, todavía le sigue pareciendo irreal. "Tener la suerte de saludar al Rey, al presidente del Gobierno... Muchas veces lo piensas y dices: ‘¿Estaba yo ahí también?’ Es algo muy raro", reconoce entre risas. "Y, además, mientras estás saludando al Rey, es muy curioso, porque justo acabas de hacerlo y te empiezan a llover mensajes en el móvil. De amigos, de gente que te escribe... Es increíble".Unas horas trabajando, tres o cuatro dormido. El vuelo de vuelta a Madrid, después de una final que se hizo larga hasta la prórroga y de una ceremonia de clausura interminable, fue tranquilo. "Salimos muy tarde de Nueva York, así que la mayoría de la gente fue durmiendo, porque sabías que tenías un día largo por delante. Trabajé un poco y luego estuve tres o cuatro horas durmiendo", recuerda Alvarito. La gente, resume, estaba recargando pilas para lo que venía: la rúa, Cibeles, casi dos millones de personas coreando "España, España" por el centro de Madrid.Ser los ojos de dentro. García fue los ojos de la campeona del Mundo, ese oficio que cada vez tiene más peso en el fútbol moderno y del que él es, dentro de la selección, una de las caras visibles aunque casi nunca aparezca en pantalla. "Me dedico a hacer el inside, que es garbar desde dentro, ser los ojos para la gente. Es una parte de la comunicación de la Federación", resume. "Desde el vestuario, desde los entrenamientos, desde el primer día hasta el último. Me dedico a sacar historias con los jugadores, ese perfil que ahora cada vez se ve más en el mundo del fútbol".

Un oficio que empezó filmando monoplazas a 300 kilómetros por hora y que hoy consiste en captar lo contrario: la quietud de un vestuario después de un pitido final, el peso real de un trofeo que en la tele parece de mentira, la cara de un padre que lleva 52 días sin ver crecer a su hija… Alvarito no salió al césped del Estadio Nueva York aquella noche del 19 de julio, no marcó ningún gol ni levantó la Copa ante 80.663 espectadores. Pero su cámara sí estuvo ahí, y gracias a ella millones de españoles pudieron ver por dentro, como si fuesen uno más en la expedición con una especie de capa de invisibilidad como en Harry Potter, lo que se siente al ser, por segunda vez en la historia, campeones del mundo.

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