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Las historias femeninas de los derbis: así viven ellas la rivalidad (II)

Patricia Allende, Hugo Carreño y Elva Riveiro

Patricia Allende, Hugo Carreño y Elva Riveiro

Patricia, líder rojiblanca en Caravia

40 años de pasión rojiblanca contemplan a Patricia Allende, la líder del sportinguismo en Caravia. Gijonesa afincada en el concejo caraviense desde hace años, allí lidera la peña Moracey, en la que “salí elegida presidenta con una directiva completa de hombres”. Le sobra energía y amor a los colores. Presume con orgullo de haber hererado el sportinguismo de su abuelo José Ramón y de sus padres Gerardo y Conchita. Ahora ella se encarga de perpetuar el sentimiento a través de Lía, su sobrina, quien con 6 años “ya canta los goles” de un Sporting que espera ver victorioso este sábado en El Molinón. “Aquí hay mucho azul, nos tienen machaos, pero de buen rollo, ¡eh!. Creen que van a volver a ganar, pero ya les he dicho que toca cambio”, sentencia.

“Veremos el partido en el Bar-Café Carlos. Hay clientes del Oviedo, pero somos mayoría rojiblanca. Hay tres televisiones, así que nos repartiremos. Y por supuesto, haremos todo respetando las restricciones”, explica Patricia Allende sobre el escenario en Caravia desde el que se vivirá con especial intensidad el derbi. Ella representa a una nueva generación de mujeres decididas a dirigir una peña sportinguista, agrupaciones que, hasta no hace mucho tiempo, solían estar en manos de hombres casi en su totalidad. Moracey, creada hace cinco años por un grupo de amigos que llevaban toda su vida detrás del Sporting, forma parte de esa renovación que la Federación de Peñas Sportinguistas pretende continuar para conseguir, entre otras cosas, dar mayor visibilidad a la mujer.

“Vamos a ganar 2-1 con doblete de Djuka. El gol del Oviedo no sé, puedes ponérselo al que tú quieras”, comenta Paticia a la hora de dar un pronóstico del partido entre los dos conjuntos asturianos. Ella, habitual de La Mareona, echa de menos poder apoyar a los de David Gallego dentro del municipal gijonés, aunque confía en que la espera obligada por la pandemia merezca la pena. “Deseo que suban a Primera esta temporada. Ya sé que hacerlo de manera directa es ya imposible, porque por encima hay distancia y muy buenos equipos, pero en el play-off... Ay, no sé, ojalá se puede”, apunta dejando entrever los nervios. Porque aunque sea a distancia, admite que se sufre. “El último mes de competición va ser el más importante. Al final, siempre acaba subiendo el sexto clasificado, el que se mete en promoción el último. Lo importante es llegar fuertes a esas fechas”, continúa. Por último, hace un llamamiento a los jugadores y cuerpo ténico para el encuentro de El Molinón: “Tenemos fe en vosotros. ¡Ganaremos!”.

Elva, sufridora oviedista

A Elva Riveiro (Oviedo, 1975) le tocó vivir en territorio sportinguista hasta los 14 años. Concretamente en Bimenes. “Son casi todos del Sporting, es raro encontrar uno del Oviedo”. No importó mucho porque a la oviedista, hija de minero y de ama de casa, la pasión por el fútbol y por el Oviedo le fue apareciendo con los años. “Mi padre no era futbolero, mi madre algo más, y siempre tiró un poco por el Oviedo, pero tampoco muy forofa”. Todo empezó a cambiar cuando la familia se trasladó a la capital. Ella tenía 14 años. Las malas comunicaciones de Bimenes con Oviedo fueron el motivo. Y poco a poco, las amistades y la cercanía (física) con el equipo hicieron el resto. El oviedismo afloró. “Me empecé a enganchar al equipo. Montamos una peña, la ‘Vuelta la burra al trigo’. Mis amigas eran futboleras cerradas”, rememora Riveiro, que estudió Magisterio y en junio cumplirá 18 años como conserje del Centro Asturiano. “Tengo mucha relación con Javi Amieva, que trabaja aquí. También con algún jugador que pasó por las inferiores del Centro, como Steven, Riki o Jimmy”, asegura. Cuando el Oviedo cayó a las catacumbas, en el año 2003, el oviedismo de Riveiro aumentó. Ni ella misma sabe explicar muy bien el motivo. “Será que soy un poco sufridora. Creo que en esa etapa todos tuvimos bastante ilusión por el equipo. Estar en Tercera fue un lastre en lo deportivo, pero unió más a la gente”, asegura. Conocer al que sería su marido, Marcos, también fue clave para mantener la pasión oviedista. Con el Oviedo de vuelta en la élite nació su hijo, Hugo, que heredó la pasión de sus padres. “Tiene una afición tremenda, yo a veces pienso que tiene obsesión con el Oviedo. Es fan de Tejera”. Sobre los derbis, no duda. “Me pongo muy nerviosa, pero intento llevarlo bien. Me tocó vivir el 4-1 en El Molinón contra el Sporting B. Un día horroroso”. La oviedista verá el derbi en familia en casa, con su marido Marcos Carreño y con su hijo, Hugo. Todos se vestirán del Oviedo delante de la tele. “El Sporting llega tras dos partidos perdidos y no vienen creciditos. Vamos a ganar 0-1”.

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