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Así es la familia del entrenador del Oviedo: Los Ziganda son la leche

El Cuco, técnico del conjunto azul, es el pequeño de siete hermanos creadores en el valle navarro de Ultzama de una afamada fábrica de cuajada

Por la izquierda, Fermina Barberena, su marido, Gabriel Ziganda, Antonio Ziganda y Jesús Ziganda, en la fábrica Ultzama, que ellos mismos crearon en el valle navarro del mismo nombre. |

Por la izquierda, Fermina Barberena, su marido, Gabriel Ziganda, Antonio Ziganda y Jesús Ziganda, en la fábrica Ultzama, que ellos mismos crearon en el valle navarro del mismo nombre. |

La historia de los Ziganda se entiende desde la capacidad de superación de una familia humilde del valle pirenaico de Ultzama, Navarra. En Larráinzar, uno de sus catorce pueblos, nació el técnico del Oviedo José Ángel Ziganda, el pequeño de los siete hijos de Domingo y María Josefa, dedicados, en su mayoría, al sector lácteo. Trabajadores en la factoría Danone ubicada en la zona, todo cambió en 1995. La planta cerró dejando en el paro a más de media familia. De la crisis, oportunidad. Reunieron capital, ovejas lachas y mano de obra para sacar adelante su propia empresa: Dulces Ultzama. Hoy, su cuajada es una de las más apreciadas de toda Navarra y País Vasco. “Aquí se arremanga hasta José Ángel”, aseguran los Ziganda.

“Esto salió adelante con mucho esfuerzo y porque allí arriba hay uno que nos sigue echando una mano”, explica Antonio Ziganda, en referencia a Patxi, el único hermano que ya no está. “Falleció a los 18 años en un accidente de moto”, detalla quien, a sus 69 años, ejerce con orgullo de su condición de hermano mayor. Le siguen Jesús, Gabriel, Maite, Carlota y, por supuesto, José Ángel. Porque en casa, el entrenador del Oviedo no es ni Ziganda, ni el Cuco, es José Ángel. “El pequeño es el que más ánimos nos dio siempre a los demás. Y lo sigue haciendo”, aseguran.

“¿Sabe lo que significa beharra? Es una palabra en euskera que quiere decir necesidad. Así creció nuestro pueblo, luchando ante la necesidad”, resume Antonio sobre cómo su padre, ganadero, y su madre, ama de casa, sacaron adelante a siete hijos. También lo aplica para resumir cómo después ellos fueron capaces de crear una empresa cuando todo el mundo les decía que “lo más racional era irse a trabajar a Pamplona”. “Nos pilló en una edad en la que temíamos por el futuro de nuestros hijos. Ahora, muchos de ellos trabajan con nosotros”, continúa sobre aquel 1995 que no sabe si fue mal o buen año. Paradojas de la vida, en aquella época el Cuco Ziganda ya se había destapado como delantero de Osasuna y la rompía en el Athletic de Bilbao. Él fue entonces uno de los socios capitalistas del proyecto Ultzama. “Ya le digo, nos ha ayudado siempre en todo. ¿Y sabe qué ha sido lo mejor? Que hemos podido seguir viviendo en el valle. Esto es un paraíso”, apostilla Antonio.

Dulces Ultzama, ubicada en Lantz, pueblo pegado a Larráinzar, emplea ahora 45 personas, “casi todos de la familia”; cuenta con más de mil cabezas de ovejas lachas y produce a diario, además de cuajada, queso, yogures y helados. Todo, con leche de oveja. “En lo del helado fuimos pioneros con este tipo de leche. No es por ser comercial, ¡eh!”, asegura Antonio, cercano en el trato, bromista en ocasiones. Vive con la misma pasión el deporte, especialmente el fútbol. “Nosotros queremos que José Ángel gane siempre, aunque no sea derbi. Soy consciente de lo que supone el partido ante el Sporting. Vale doble. En verano estuve en Oviedo. La ciudad es de Primera”, destaca. La visita a Asturias no sólo fue para hablar de fútbol. En la familia también hay pasión por la bicicleta. “Subimos, con José Ángel, El Fitu y los Lagos. En Covadonga sufrimos”, confiesa.

No habrá reunión de hermanos en torno al televisor para ver el partido de El Molinón. “Cada uno lo seguirá a su manera, pero atentos estaremos todos. En mi caso, aunque tendré a los nietos cerca, lo veré solito. Otros saldrán a andar por la montaña, esperando que le mandemos un mensaje con el resultado”, dice Antonio en referencia a Gabriel. “¿Si he hablado con José Ángel esta semana? Lo haría todos los días, pero espero a que me llame él. Dice que se empieza a notar tensión, pero que no hace falta motivar. Ante el Sporting, se motivan solos. Tiene chavales majísimos, se entregan, lo dejan todo”, comenta sobre los jugadores azules.

Larráinzar, de donde también es el futbolista del Eibar Arbilla, y donde se crió Carlota, una de las grandes promesas del golf nacional, hija de Jesús y sobrina de Ziganda, también es un poco azul estos días. “Aquí vivimos unos ochenta, y todos le apoyamos. Hay que tener paciencia, espero que acaben bien y el año. El que viene será mejor, seguro”, explica Antonio, consciente de que la afición del Oviedo aspira a estar más arriba. En eso están los Ziganda, en seguir convirtiendo cualquier aparente crisis en la mejor de las oportunidades.

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