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Así es la familia del entrenador del Sporting: Los Gallego, carácter minero

El abuelo y el padre del técnico del equipo rojiblanco emigraron desde el pueblo granadino de Castril para ganarse la vida extrayendo sal y potasa en la comarca barcelonesa del Bages

Por la izquierda, Andrés Gallego, Isaac Valle, José Zomeño y Edu Maqueda posan con las camisetas del Sporting y del Suria ante las minas de sal y potasa de la comarca del Bages. |

Por la izquierda, Andrés Gallego, Isaac Valle, José Zomeño y Edu Maqueda posan con las camisetas del Sporting y del Suria ante las minas de sal y potasa de la comarca del Bages. |

La historia de los Gallego se entiende desde el contexto de la emigración andaluza a Cataluña. Graciano, el abuelo del entrenador del Sporting, tomó la decisión de dejar Castril, un pueblo al norte de Granada, llevándose a la familia a la otra punta de España en busca de oportunidades. Junto a él, sus cinco hijos. Entre ellos, Andrés, padre del técnico rojiblanco, que contaba entonces con once años. En tierras catalanas nacerían tres hermanos más. Todos vivieron del trabajo del cabeza de familia en las minas de sal y potasa en la comarca del Bages, Barcelona. El padre de David heredó el oficio en Suria. Allí nació y forjó su carácter el hombre que ha devuelto la ilusión del ascenso a Gijón.

“En Suria se ha empezado a seguir los partidos de Segunda por el Sporting. Hay mucha gente que aprecia a David”, comenta Andrés Gallego. A sus 76 años, el padre del técnico rojiblanco derrocha energía. No sólo porque antes de su conversación con LA NUEVA ESPAÑA se ha metido “20 kilómetros por la montaña, me encanta”. Asegura que nunca ha podido estar quieto. El fútbol tiene la culpa. Ha seguido la carrera de su hijo, tanto la de jugador como la de entrenador, de manera literal. “Cuando fue jugador del Córdoba, cada quince días estaba allí. Cuando estuvo en el Recreativo de Huelva, lo mismo. Incluso estuve cuando le tocó jugar algún partido en Francia. Pero bueno, eso nos queda cerca”, explica. Ahora está fastidiado porque la pandemia le ha impedido venir a Gijón. Habla con devoción del mayor de los tres hijos que ha tenido con la catalana Montse Rodríguez (Esther y Silvia completan la familia). “Oiga, si ve que me excedo, córteme. Ya sabe cómo somos los padres”, avisa.

“En mi casa no se ve un partido de fútbol más que donde esté mi hijo. El derbi lo seguiremos aquí. Los sábados siempre vienen a comer mis hijas, mi nuera, mis yernos y mis cuatro nietos. Comeremos y después, a animar al Sporting, a animar a David. Y a ganar. Porque hay que ganar”, continúa Andrés. Tres de esos nietos (Alba, David y Marc) son fruto del matrimonio entre el entrenador rojiblanco y Ely Cantero. Ellos, con casa en Suria, residen en Sant Cugat, Barcelona, desde que David Gallego fichó por el Espanyol. “No conocemos cómo es la rivalidad allí, pero sí nos podemos hacer una idea por los vividos aquí entre Espanyol y Barcelona”, añade el mayor de los Gallego.

Campo de Riera del Tordell, en Suria, donde empezó a jugar y a entrenar David Gallego. | I. V.

Cuentan en Suria que el entrenador rojiblanco siempre fue un niño unido a una pelota. “No sé de dónde sacó la habilidad, porque yo no soy capaz ni de pegar una patada al balón. Tampoco su abuelo. Recuerdo ir a verle jugar partidos, de pequeño, y decirme: ‘¿Por qué todos esos niños corriendo detrás de una sola pelota? No sería mejor que le dieran una a cada uno y así todos contentos’. Ya se puede imaginar los precedentes que tenía en casa”, recuerda, con humor, Andrés Gallego. El crío se forjó en el fútbol de la calle, el de su barrio, Salipota. Entonces ya era puro carácter. “Siempre pedía jugar con los mayores. Entraba y quería el balón, no se arrugaba. Era valiente”, comenta José Zomeño, uno de sus vecinos y buen amigo del técnico de los gijoneses.

“Era una pulga jugando y qué guerra daba”, recuerda Isaac Valle, amigo de David y profesor de la escuela Francesc Macia, uno de los dos centros educativos de Suria, el más cercano al Riera de Tordell, el campo de fútbol del pueblo. Donde tantas veces jugó Gallego. Donde debutó como entrenador y vivió su primer ascenso, a la Segunda catalana. “Estuvimos tres años entrenando juntos y a partir de ahí nos hicimos íntimos”, apunta Edu Maqueda, segundo entrenador de aquel Suria campeón. Por el camino, Gallego ideó un campus de verano para niños, llamado Vila de Suria. “Eso que dice ahora en rueda de prensa de que lo importante es el grupo, no las individualidades, ya nos lo decía entonces. Él es así”, asegura Isaac, que también fue futbolista suyo en el Suria.

“Hay entrenadores buenos y malos, pero éste siempre tiene a los equipos arriba. Tiene un don para entrenar. Coge a un niño, lo mete entre los mayores, y no se ve la diferencia”, comenta Andrés sobre su hijo. “Después de que el Espanyol no lo quisiera, ojalá acabe subiendo a Primera con el Sporting. Pero ya sabe cómo es esto, sobre todo el play-off, es una lotería”, comenta el padre de David Gallego. No faltará trabajo, no faltará modestia, dicen en su entorno. “Con eso del partido a partido quiere que se mantenga la humildad, que nadie se lo crea, pero estoy seguro de que piensa que el play-off ya no se escapa”, concluyen los amigos del entrenador rojiblanco, puro carácter minero para salir del pozo de Segunda.

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