Los derbis de los noventa, recordados por un veterano Ultra Boy y un miembro de Brigadas Azules: "Antes íbamos en corteo por el centro de Oviedo, ahora da la risa"

“Un año sabíamos que nos iban a tirar piedras y fuimos todos con cascos de obra con nuestros colores: se agotaron”, relata un antiguo ultra del Oviedo

Una recreación del ambiente vivido en los años noventa en los prolegómenos de un derbi

Una recreación del ambiente vivido en los años noventa en los prolegómenos de un derbi / LNE

Formó parte de la peña Ultra Boys desde sus orígenes, en 1981. Ahora, a sus 56 años, este trabajador del ámbito sanitario es padre de familia, vive de manera menos intensa aquella etapa, pero no le importaría que alguno de sus hijos siguiera sus pasos dentro del “movimiento juvenil más importante y numeroso que hubo en Asturias”. Alberto Fernández, nombre ficticio dado que no quiere revelar su identidad, accede a detallar a LA NUEVA ESPAÑA, mediante un cuestionario, cómo se vivían los derbis de su época en el fondo sur de El Molinón.

“Fui miembro activo durante unos treinta años. No había que pasar ninguna prueba. Ser fanático del Sporting era currículum bastante. Éramos gente de lo más variopinta, de diferentes estratos sociales, de diferentes barrios. Respecto a jerarquía, digamos que había un grupo de personas, pocas, que llevaban todos los temas: la confección del material (banderas, pancartas), organización de viajes…”, relata Fernández sobre los inicios de Ultra Boys.

Si lo habitual era que la mayoría se reuniera en los días de partido, la semana de derbi la dinámica cambiaba. “Prácticamente todos los días había gente colaborando en la confección de tifos o recogiendo dinero de billetes de tren o entradas si el partido era en Oviedo”, detalla. No oculta que los tifos más originales que se lucieron en días de derbi “surgían de días de fiesta, con unas cervezas alrededor”. Los mejores duelos ante el conjunto carbayón los disfrutó en territorio rival. Cita “el gol de Juanele en el antiguo Tartiere coincidiendo de pleno con sus fiestas de San Mateo, o el 0-2 cuando estrenaron el campo nuevo”. De los vividos en El Molinón, se queda “con la avalancha que hicimos cuando el gol de Monchu (1992)”.

Alberto Fernández se indigna con que solo se planteen ahora desplazamientos en modo “burbuja” para toda la afición rival. “Pasamos de ir sin Policía y llegar sin problema, a llevarnos por el medio de Oviedo, desde la estación de tren hasta el Tartiere antiguo, con policías antidisturbios en ‘corteo’. Eso se implantó muchísimos años. Lo que no es concebible es lo que hacen ahora, solo una mente muy patosa e incapaz hace venir a Gijón a gente de diferentes puntos de Asturias (incluido Oviedo) para ir juntos hasta ¡¡¡Oviedo!!! Luego hay unos registros exhaustivos, buscando no sé muy bien qué, haciendo quitar hasta camisetas. Eso a todos. No se pueden amparar ni siquiera en la tan manida frase de ‘es que son ultras’. Mentira”, reivindica. “Antes había muchos menos controles. Pensar en aquella época en ir al campo con entradas nominativas e ir todos como ganado horas antes da hasta la risa”, añade.

Este seguidor del Sporting reconoce que vivió “algún episodio violento” durante su etapa en Ultra Boys, pero prefiere no hablar de ello. Zanja ese tema lanzando un dardo al presidente del Oviedo. “Pregunte mejor a Menéndez Vallina, que parece tener una buena memoria para lo que le interesa”, desliza. Admite que ahora tiene “menos trato” con los “jóvenes” que mantienen activo este colectivo, pero “tienen mi respeto y gratitud por hacer que siga existiendo”. Va más allá, y defiende que “si no fuera por Ultra Boys, El Molinón sería un cementerio, por mucho que hablen de Mareona y tonterías”.

Las reuniones, entonces, se hacían de manera unilateral. Oviedo, por un lado, y Sporting, por el otro. Del lado azul, tenían lugar en el cuartel de la Policía Nacional. Acudían representantes de Brigadas Azules y de la Peña Chiribí, los dos grupos ultra que de aquellas, los años 90, estaban en el Tartiere. También acudía al encuentro el jefe de seguridad del Oviedo. Ahí se sentaban las bases del desplazamiento desde Oviedo a Gijón en los últimos derbis en Primera División. Y a comienzos de la década surgió la idea que se convirtió en una imagen icónica de aquellos partidos: los ultras azules eran conducidos en tren a Gijón y después escoltados hasta el El Molinón por el paseo de la playa. “Era una excursión bastante animada”, dice sarcástico un miembro de Brigadas Azules en aquellos años. El tren, sin paradas, unía Oviedo y Gijón en apenas 15 minutos. “Depende del año, pero viajábamos entre 500 y 1.000 para cada derbi. Aquello era un poco ‘show’, una fantasmada”, recuerda uno de los que vivieron desde dentro aquellas burbujas. Aquel operativo se convirtió en rutina.

“Llegabas a Gijón, ibas paseando hasta el estadio, te insultaban, tú los insultabas, y listo”, resume el ultra azul. La cosa, afortunadamente, no llegó a pasar a mayores. Eso sí, para la Policía suponía un esfuerzo mayúsculo. Se cortaba el paseo de la playa hasta El Molinón y se acompañaba a los miembros de Brigadas y Chiribí durante todo el trayecto, de cerca de una hora. Si los agentes detectaban por el camino grupos que consideraban peligrosos, los sacaba de la vía hacia las calles interiores. Estaba todo perfectamente programado: “A veces, en el viaje de vuelta, como sabían que nos podían estar esperando, cambiaban la ruta y volvíamos por El Llano”. El ultra azul iba preparado para el dispositivo. Sabía que iba a haber tensión, alguno incluso la disfrutaba, y también algún riesgo. “Alguna pedrada te podía caer”, resume el seguidor. Hubo un año que a Oviedo llegó el rumor de que los Ultra Boys, ya por entonces el grupo más peligroso del Sporting, estaría esperando a los seguidores con piedras en su camino al campo. Y desde Brigadas idearon un plan para evitar las contusiones.

“Sabíamos que nos querían apedrear, así que en el fanzine del grupo avisamos de que quien pudiera llevara un casco de obra de color azul. Sacamos la idea de los ultras del Verona en un partido en Milán”, relata el ultra. La respuesta fue mayoritaria. “Agotamos todas las unidades de la ciudad. Ibas a una ferretería y te decían: ‘Pero, ¿qué pasa esta semana con los cascos? No entendían nada”, añade. Aquella burbuja estaba reservada para los ultras. Los miembros de Brigadas Azules y Peña Chiribí cuando tocada derbi en Gijón. Los de Ultra Boys con el duelo en Oviedo. Con los aficionados comunes no había restricciones. Viajaban libremente, aparcaban donde desearan y se mezclaran con los seguidores del equipo rival. En este punto es dónde contrasta con lo que sucede en la actualidad, cuando todos los seguidores son conducidos bajo estrictas normas protocolarias. “El problema viene del derbi de 2017, cuando apedrearon el autobús del Oviedo y detuvieron a varios de ellos”, defiende el ultra azul que propone una alternativa: “Lo del desplazamiento actual es una milonga. Todo se soluciona ‘limpiando’ los alrededores del estadio cuando llega la afición visitante, especialmente la zona por la que acceder al campo. Así se ahorrarían muchos problemas”.

Suscríbete para seguir leyendo