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El observatorio

Ni calidad, ni actitud

La Real Sociedad deja en evidencia a un Sporting que prolonga su racha negativa

El Molinón explotó en una bronca tan breve como intensa al final del partido. Si para algún jugador del Sporting pudo ser un consuelo que no hubiera sido mayor, debería matizarlo de inmediato con la observación de que parte del graderío se había quedado vacío en los minutos finales del partido. De modo que hasta las butacas mostraron su decepción ante un equipo, como el rojiblanco, que se empeña en cada partido en dejar jirones de crédito, porque ni exhibe calidad ni muestra actitud. En contraste, el millar de aficionados realistas expresaban su felicidad por la incontestable victoria de su equipo, que demostró que sus aspiraciones a entrar en las competiciones europeas tienen fundamento. Y eso fue el partido: la confrontación desigual entre un equipo que, por ahora, se empeña en demostrar que la Primera División le viene ancha y otro que va sobrado.

Decepcionante desde el principio

Si para el Sporting el partido de ayer era crucial, no lo demostró en ningún momento, y menos, al principio. Su comienzo fue penoso. Lo esperable era una salida enérgica, pero fue todo lo contrario. Se echó atrás, en una actitud más pasiva que prudente, y cedió el campo a la Real. Al principio pudo parecer una estrategia, sorprendente, pero estrategia al fin. Pero no se tardó en comprobar que de lo que se trataba en realidad era de impotencia. Cada vez que el Sporting, tras superar un susto grave -la Real tuvo ocasiones claras en dos primeros minutos-, recuperaba el balón lo perdía de inmediato tras un intento de jugada individual que de antemano se veía que no llegaría a ninguna parte. Fue preciso que pasaran doce minutos para que el Sporting hiciera algo parecido a una jugada colectiva. Y ésa sería la tónica general del partido.

Mucha Real

La Real, en cambio, se mostró como todo un equipazo, cuya superioridad llegaba a veces a ser humillante para un rival que parecía incapaz de arrebatarle el balón. El final del primer tiempo no pudo ser más elocuente, con todo el equipo realista volcado sobre el área local y combinando en corto sin que los rojiblancos lograran interrumpir aquel carrusel. La Real se agrupó muy bien en todo momento y se desplegó mejor. Consciente de su capacidad, supo ser versátil. En el primer gol fueron decisivos el centro de un lateral, Yuri, y el cabezazo de un central, Íñigo Martínez, en una jugada de despliegue, no de estrategia. Y el segundo gol, también tras centro de Yuri, lo marcó un medio defensivo. Del tercero habrá que hablar aparte. Entre lo mucho y bueno que puso la Real sobre el césped de El Molinón, contó, sobre todo, Xabi Prieto, un espléndido jugador entre líneas, que creó espacios una y otra vez e incluso remató con peligro.

La ocasión del Sporting

Pese a sus penurias, el Sporting pudo meterse en el partido gracias a un gol estupendo, el que consiguió Cop en el minuto 27, tras un centro de Douglas desde la derecha y una dejada de Moi Gómez que aprovechó Cop para meter un bote-pronto perfecto. Era la primera vez que los rojiblancos llegaban a la portería contraria -ni siquiera habían logrado forzar un córner-, pero goles así son capaces de enervar a un equipo. No fue el caso. Para el débil Sporting de ayer fue un éxito sostener el empate hasta el descanso. Del vestuario salieron los mismos equipos que habían entrado. Y la Real lo demostró en seguida con un nuevo gol.

El mazazo de Íñigo

Si había alguna esperanza de que los rojiblancos se levantaran de nuevo, la borró en seguida Íñigo Martínez con un gol de ésos destinados a prevalecer en la memoria. Fue un lanzamiento fantástico con su poderosa zurda, que, desde unos 30 metros, llevó el balón al ángulo superior izquierdo de la portería de Cuéllar, a apenas una cuarta del larguero y tan ajustado al poste que lo tocó antes de entrar. En esta ocasión Íñigo tuvo más acierto que unos días antes en Wembley, cuando, jugando con la selección española, intentó un disparo lejanísimo y casi mandó el balón al córner. Pero para que Íñigo Martínez tuviera ese acierto supremo fue preciso que antes Amorebieta hubiera cometido una falta sobre William José que seguramente hubiera sido evitable si previamente no hubiera perdido la posición persiguiendo en la banda a un contrario que no tenía el balón.

Pudo ser peor

El tercer gol realista dejaba sin opciones al Sporting, salvo milagro. Abelardo lo buscó a la desesperada, sacando a un tercer delantero, lo que no arregló precisamente las cosas, porque no ganó en peligrosidad ofensiva y perdió en eficacia defensiva, pese al generoso esfuerzo de Meré por impedirlo. Sobre El Molinón empezó a planear entonces la sombra de la revancha literal con respecto al partido de la pasada temporada, cuando la Real cayó por 5-1. Los donostiarras la tuvieron a su alcance, pero Xabi Prieto y Juanmi, por dos veces, fallaron goles cantados. Para el Sporting todavía pudo ser peor.

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