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Mario Antuña

Djukic no tiene Dalsy

El nuevo entrenador no da con los remedios para un equipo que mira ya con temor al descenso

Resulta obvio que Miroslav Djukic no tiene Dalsy, ese conocido medicamento infantil que combate la fiebre y da a los niños un plus de energía, un chute espídico en el tránsito de la gripe. Djukic llegó al Sporting con media plantilla afectada por los virus y hubo que suspender el partido de Zaragoza que a la postre se perdió. El nuevo entrenador serbio llegó con las esperanzas desplegadas como velas en busca de buen viento: el objetivo se mantenía intacto en el ascenso, al menos en alcanzar la promoción. De manual. Las expectativas se fueron rebajando con suma rapidez, según tomaba los primeros contactos con la plantilla. Y tras un partido de entrenamiento con el filial, qué sería lo que vio en la primera plantilla que Djukic afirmó que si fuera necesario jugaría con los guajes del Sporting B, fiel a la teoría de los 11 castrones (por decirlo finamente) que el galés Toshack decía mandaría a rascala por ahí cada domingo que perdía, pero debía volver a alinear en el partido siguiente.

Miroslav Djukic aún no cumplió su amenaza. Es más, mantiene el esquema de jugadores titulares de José Alberto, quizá porque la realidad es tozuda y lo demás son sueños inalcanzables: la plantilla es deficiente, de escasa calidad, poco rendimiento y mal planificada. Los mismos errores por tercera campaña consecutiva del director deportivo responsable máximo de los fichajes, que ya suman decenas. Y de donde hay poco, poco se puede sacar. Ahora, el objetivo, como lo era hace unas semanas para quien no se quisiera engañar, es no bajar. Y cuidado, que equipos dados por muertos, como el Deportivo de la Coruña, están resucitando. Todo se complica.

Tres partidos, tres puntos de una victoria. Hasta ahora, con Djukic tenemos más de lo mismo: gruesos fallos defensivos, falta de combinación en el centro del campo, exigua llegada al área rival y nulo remate. Poca mejoría. Paupérrimos brotes verdes sobre el campo. Sorprende que José Alberto, en su desahogo, afirmase que el problema del Sporting no es de actitud o intensidad, sino de falta de juego, que él no fue capaz de conseguir. Pero, si un equipo de fútbol no tiene fútbol, ¿qué le queda?

Nuevos fichajes

La esperanza en nuevos fichajes en el mercado de invierno, siempre apuramos hasta el final, es escasa o nula. El fracaso incontestable del pasado deja poco margen para confiar en que ahora se acierte. Casi es más fiable la ofrenda a la Santina o encender grandes cirios para velar por la permanencia, si los renglones torcidos del equipo no se enderezan.

Como las ilusiones no sobran, estos son algunos propósitos para este año: que el Sporting encuentre una defensa sólida, un centro del campo que juegue al fútbol y una delantera que marque goles (sí, lo sé, suena a perogrullo; pero es lo que no hay?); que la familia Fernández deje de sufrir por el Sporting y la familia sportinguista por los Fernández; que Torrecilla encuentre la luz al final del Negrón; y que Djukic, sin Dalsy, dé con las fórmulas magistrales para acabar con todos los males del equipo. Pura ingenuidad...

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