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De cabeza

Autorretrato

Sobre el tanto encajado ante el Lugo y la situación en la que se encuentra el equipo azul

El maestro Rembrandt se pasó la vida pintando autorretratos, como si fuera una especie de autobiografía que reflejase, puntualmente, distintos momentos de su vida. No los pintaba, creo yo, por narcisismo o simple gusto. Para él los autorretratos eran un camino de conocimiento, una forma de investigación que le ayudaba a saber un poco más sobre sí mismo y sobre su arte.

El gol que el Oviedo encajó en Lugo es el autorretrato de la situación y de la trayectoria del equipo. Y la imagen resultante de ese autorretrato es cualquier cosa menos alentadora. Son demasiadas, tal vez, las cuestiones que se reflejan en un gol que ni siquiera era una ocasión de gol: una falta casi frontal, sacada prácticamente desde el centro del campo y tocada de forma bastante previsible, sin que llevara especialmente veneno. En los autorretratos se concentra de golpe todo el tiempo pasado y se vislumbra el futuro más inmediato. En el caso del Oviedo no puede ser más inquietante: penúltimo en la tabla y a cuatro puntos de la salvación con cambio de entrenador de por medio.

Pasan los años, acumulas partidos en tu retina y, aun así, no logras explicarte la razón de que en dos partidos consecutivos se desperdicien cuarenta y cinco minutos. En el segundo tiempo en el Anxo Carro al menos se vio a un equipo vivo y con posibilidades reales de marcar en la portería rival. Pero un partido jugado a medias es un lienzo inacabado, un boceto.

Veinticuatro horas después de finalizar el encuentro volví a ver el gol que marcó el Lugo, no fuera a ser que me dejara llevar por el enfado, aunque, a decir verdad, ni ganas se tienen ya para enfadarse. Visto en diferido, el gol tiene la evidencia de la pintura hiperrealista. Verlo detenida y repetidamente viene a ser como analizar los trazos de la obra, imaginarse y especular sobre qué se esconde en la manera de tomar un pincel y deslizarlo sobre una superficie. Los aficionados, ingenuos y poco previsores por definición, no pudimos ver que el comienzo de este gol tan significativo se remonta mucho más atrás, cuando el club, recién ascendido el equipo y en una situación inmejorable, resolvió de forma lamentable la crisis que supuso la marcha de Sergio Egea. Podrá parecer todo muy lejano pero, en realidad, no lo es tanto.

Nada sucede sin que se cobre sus consecuencias y los peores efectos acaban llegando aunque se tomen su tiempo. Recuerdo que, por entonces, una idea se nos pasó por la cabeza: habíamos perdido una ocasión inmejorable para intentar subir a Primera que tardaríamos en volver a tener. No es ventajista porque esto se dijo en aquel momento y no es ventajista porque a partir de ese momento se ha señalado en cada ocasión todo lo que desafinaba. En el gol de El Hacen resuenan los ecos de la elección de Generelo como sustituto de Egea, el fichaje de Hierro, un técnico sin experiencia en el banquillo, o la marcha de Anquela a destiempo. ¿Qué le vamos a pedir ahora a Ziganda? ¿Profesionalidad? ¿Mensajes positivos? No es una situación agradable a la que se enfrenta el técnico navarro aunque él la ha aceptado, por lo tanto no caben quejas ni disculpas. Sus declaraciones posteriores al encuentro suenan más a terapeuta que a entrenador. Es muy frustrante saber que el Oviedo puede bajar con una plantilla que da más de sí. Sin embargo el fútbol no entiende de teorías. El oviedismo más veterano recordará la plantilla y el once del Atlético de Madrid que descendió a Segunda en el viejo Tartiere. Yo repasaba la alineación jugador a jugador y no me lo podía creer.

Pueda que suceda un milagro, a veces pasa. No obstante, seamos sinceros con nosotros mismos: cuesta creer que se salve un equipo que encaja los goles que encaja.

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