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FIEBRE EN LAS GRADAS

Anoche soñé que volvía a El Molinón

Los mejores años en el Sporting han sido aquellos en los que se ha hecho de la necesidad virtud

Anoche soñé que volvía a El Molinón. Me encontraba ante mi puerta de entrada habitual, pero el camino estaba cerrado. Entonces me sentí poseído de un poder sobrenatural y la atravesé como un espíritu. Subí las escaleras, largas y empinadas como siempre, pero según avanzaba percibí que la naturaleza había tomado posesión del espacio con sus tenaces dedos. Finalmente, allí estaba nuestro sagrado templo, reservado y silencioso. Estos meses no habían desfigurado la imperfecta simetría de sus gradas. A veces la luna puede jugar con la imaginación.

Creí ver a Quini peloteando con Luis Enrique y Villa, mientras Manolo Mesa corría por la banda junto a Jony y Diego Castro y Joaquín se desesperaba porque Ablanedo le paraba todos sus lanzamientos desde fuera del área. Pero una nube con forma de directiva hereditaria y secretaría técnica repleta de caras cubrió repentinamente la luna y se detuvo un instante, como una mano sombría escondiendo un rostro. La ilusión se fue con ella extinguiendo las luces. Entre las sombras veía ahora a Torrecilla jugando al Pc Fútbol, y por las antes verdes praderas vagaban las sombras de Kosolapov, Traoré, Colin, "La Bestia" Ángel Pérez y me entretuve viendo a Popovic intentando que un lanzamiento desde cinco metros se colara entre los tres palos de una gigantesca portería en la que Pasasaggio se ocupaba de ver crecer las margaritas de un campo desolado, sin que el menor murmullo del pasado rozara sus imponentes paredes. Nunca podremos volver a El Molinón que fue, eso es seguro. Pero algunas veces en mis sueños vuelvo allí, a los días de mi vida en los que atravesar el muro de San Lorenzo y enfilar al parque para divisar un estadio al que parecía que no iba a llegar nunca se convertía en el mejor momento de la semana?

Plagiar de esta manera ruin el célebre inicio del libro Rebeca de la escritora Daphne du Maurier no tiene otro sentido que el de tratar de expresar negro sobre blanco los sentimientos que me provoca esta nueva temporada que arrancó hace una semana. Una temporada que llega tras firmar la peor de la historia y en la que lo que más ilusión me produce es que parece que no se van a poder producir muchos fichajes. Si algo se ha empeñado en mostrarnos la realidad en esta larga travesía es que los mejores años han sido aquellos en los que se ha tenido que hacer de la necesidad virtud y acometer la temporada mirando (de verdad) hacia la cantera. El balance hasta la fecha es que los laterales que jugaron el pasado domingo no desentonaron con respecto a los que llegaron a golpe de talonario en los últimos tiempos, que lo mismo pasa con el extremo derecho y que Fuego (con Gragera y Salvador al acecho) junto a Pedro, Manu y Nacho (si finalmente se queda) pueden conformar un centro del campo de lo más ilusionante. Si conseguimos tener la capa de superhéroe de Mariño limpia y planchada y Djuka comienza a pensar que el fútbol es menos un campo de batalla y más un lugar donde se puede, incluso, esbozar una sonrisa a lo mejor, puede, quizá, este año nos lo pasaremos bien y soñaremos de una vez por todas en construir un equipo al que a medio plazo se le pueda exigir algo más que mantener la categoría y del que nos podamos sentir orgullosos.

"Rebeca" tuvo su adaptación cinematográfica de la mano de Alfred Hitchcock. Decía el director británico que: "No hay mucha gente que quiera ver la realidad, ya sea en el cine o en el teatro. Solo debe parecer real, porque la realidad es algo que ninguno de nosotros puede soportar durante mucho tiempo. La realidad puede ser más terrible que cualquier cosa que pueda uno imaginar". Permítanos la temporada, al menos, obviar la realidad tras la que andamos y soñar con que este año nos lo vamos a pasar bien.

La protagonista de la novela lucía en su adaptación cinematográfica una chaqueta fina de punto que se abrochaba con botones por la parte delantera. A raíz del éxito de la película a esa prenda se le asignó el nombre de la película. Hagamos caso pues de ese dicho popular de nuestros mayores y soñemos, sí, pero no nos olvidemos de coger la rebequina por si refresca.

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