Pocas veces ha hecho el Sporting esta temporada tantos méritos para rascar algo como ayer en Málaga. Ni siquiera en alguna de las cuatro primeras victorias consecutivas que llevaron a los campaneros habituales a darle al badajo sin parar mostró el equipo de David Gallego el ímpetu y la claridad de ideas desplegados durante buena parte del partido en La Rosaleda. Hubo ocasiones más que de sobra para el empate. La más clara fue el gol anulado por fuera de juego tras una mano clamorosa en el área local de Escassi. Otra más. La norma de la FIFA que fija como penalti cualquier contacto con la extremidad superior dentro del rectángulo tiembla cada vez que se cruza con el orgullo del colectivo arbitral, reiteradamente reacio a que el VAR le corrija. No hay nada que interpretar, solo ejecutar. Debería saberlo cualquier colegiado en activo y cualquiera en la reserva que se atreva a opinar.

Estuvo acertado y atrevido Cumic, que durante los primeros minutos agujereó como punzón sobre el papel la defensa andaluza por la derecha. Hasta que una entrada a destiempo le hizo merecedor de una tarjeta amarilla. Bajó el ritmo y las ganas de competir. Aún así, es incomprensible su sustitución en el minuto 49, con la película a medio ver. Menos aún lo sería si el entrenador tomó la decisión por miedo a una expulsión. Andarse con esos remilgos en la jornada séptima sería imperdonable.

Gallego rectificó el colapso que provocó en el centro del campo frente al Tenerife dejando a Nacho Méndez y a Javi Fuego en el banquillo, los que más lo merecían de largo. Salió Gragera, que casi hizo bueno al poleso a base de imprecisiones y mala colocación, incluido una horrenda pérdida de balón que estuvo a punto de suponer el segundo gol del Málaga, salvado por Mariño, el mejor jugador durante los tres últimos años, a juicio de la afición, que en este negocio es siempre juez y parte. Es preocupante que el equipo a estas alturas ande sin nadie que barra por detrás del círculo central. El veterano porque no pasa de tercera y el novato porque tiene problemas al girar el volante.

La Segunda es larga y dolorosa, aunque el Sporting empieza a dejar claro para lo que está capacitado. Los cohetes están a buen recaudo en el almacén y los cenizos profesionales sobran siempre, especialmente a estas alturas. Esto da para lo que da. El equipo es el mismo del año pasado reforzado con canteranos y dos más. Nadie ha engañado.