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El Sporting y su jazz emancipador

Hay una estrecha, y prolongada en el tiempo, relación entre el Sporting de Xixón y la música. Abarca géneros y estilos tan dispares como la toná (El Tordín de Frieres), la música coral (Coro Marinero "Manín" de Lastres), el punk-rock ("Los Nikis"), los cantautores (Víctor Manuel), la canción melódica (Pipo Prendes), el pop-rock ("Los Maurizios"), el hip hop (Dark la eMe) o el heavy con tintes folk ("Banda Nocturna"), entre otros. Fueron muchas también las canciones que se popularizaron durante las primeras décadas del siglo XX y que tenían en su letra al equipo rojiblanco como principal protagonista, buena parte de ellas recopiladas por el periodista Janel Cuesta.

Pero de lo que no cabe duda es que uno de los hitos de la relación entre el Sporting y la música lo constituye la creación de su himno en 1974 por el afamado músico y compositor asturiano Rafael Moro Collar (1911-1996), quien también compuso la de su eterno rival el Oviedo. Son numerosas las versiones que del himno sportinguista se han hecho dentro del amplio y variado abanico que comprende la música popular, tales como las de Dj Caamaño, Banda Municipal de Xixón, Joaquín Pixán, Bras Rodrigo, Coro Asturiano de La Calzada, "Banda Nocturna", y un largo etcétera de adaptaciones de esta emblemática canción para los seguidores del equipo gijonés.

Menos conocida es, sin embargo, la relación que existe entre el Sporting y uno de los géneros musicales más importantes del siglo XX y de lo que va del XXI. Nos referimos, claro está, al jazz. El desarrollo industrial y comercial de Xixón en las primeras décadas del siglo XX provocó un considerable incremento de las actividades de ocio. Bares, cafés, cines y teatros se convierten en el lugar preferido de peregrinaje tanto para la burguesía como para el incipiente proletariado. Es entonces cuando el jazz, bien se le denomina foxtrot, shimmy, charlestón, swing?, hará acto de presencia en la ciudad -y que ya nunca más la abandonará- y acabará por emparentar, aún a título anecdótico, con el principal bastión futbolero de los playos y también de buena parte de los asturianos.

Los hechos en cuestión se remontan al carnaval de Xixón de 1919. Una de sus principales actividades era la celebración, ya consolidada al parecer en años anteriores, en el teatro Dindurra -actual teatro Jovellanos- de tres bailes de disfraces para los socios y familiares del Sporting. Para promocionar tales eventos, en el periódico gijonés "El Noroeste" (1897-1937) del 1 de marzo de dicho año, se publicó un poema de Luis Fernández Valdés, "Ludi", (1895-1937), que con el nombre de "¡¡Sporting Hip Hip Hip!!" y bajo el subtítulo de "Fantasía foxtrotesca", animaba a las gijonesas -que no a los gijoneses- a abandonar lo que en la citada canción se denominaba "encierro maldito y voluntario" y recordaba a las jóvenes de Xixón, cual carpe diem, que "el horario del reloj de tu vida es harto breve", rematando a continuación el alegato liberador con un "vete del Sporting á los bailes, á marcarte un fox-trot, como se debe", como si de auténticas flappers se tratara.

La música de esta fiesta de antroxu estuvo a cargo de la orquesta de Heliodoro González, en la que destacaba el pianista Ignacio Uría, que interpretó también otros ritmos que emparentan más directamente con el jazz como el one-steep o el two steep, así como tangos, mazurcas, habaneras?, conformando un completo mosaico de los sonidos más populares del momento.

El foxtrot está considerado uno de los bailes en el que el jazz de las primeras décadas del siglo XX mejor se ve reflejado, aunque posteriormente ésta etiqueta perdió buena parte de su primigenia connotación jazzística. No obstante, como sostiene W.C.Handy, autor del célebre "St. Louis Blues" y considerado el padre del blues, "el jazz creció alrededor del foxtrot y todavía lo tiene como base principal".

Por otro lado, hay que tener en cuenta el contexto político y social en el que esta canción fue escrita y publicada: la Restauración borbónica, en la que la visibilidad pública de la mujer era muy reducida y se la encorsetaba mayoritariamente en el espacio privado del hogar como baluarte y sustentadora del mismo bajo el prisma de una ideología católica fuertemente conservadora. Y es que a la emancipación económica y social de la mujer todavía le quedaba un largo -y en ocasiones tortuoso- camino por recorrer, siendo precisamente en estas primeras décadas del XX cuando ésta da sus primeros pasos.

Es de justicia recuperar este fox-himno sportinguista dedicado -no sé si consciente o no- a la liberación de la mujer, y que de forma clarividente y poética -no falta de una buena dosis de humor- finalizaba con un emancipador discurso, principalmente dirigido al ámbito burgués, en una de sus últimas estrofas: "¡Estatua inanimada por un néctar fatal anestesiada, despierta de tu sueño, y en ir á tales danzas pon empeño!". No cabe la menor duda que el baile siempre tiene un efecto liberador, y en este caso más aún si es a ritmo de hot-jazz, al menos en cuanto a su espíritu, con sabor rojiblanco.

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