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Antonio Rico

Gracias por todo, Diego Armando Prometeo

El barrilete cósmico representó la piedra filosofal de un fútbol tan apasionado como un poema de Neruda

Dicen que Napoleón hizo que uno de sus consejeros le resumiera en unos pocos folios la filosofía de Kant, el filósofo que escribió la “Crítica de la Razón Pura”, y que luego se la expusiera en cuatro horas. No sé qué es más difícil, la verdad. En todo caso, hasta las tareas más complicadas como resumir la filosofía de Kant en unos folios pueden ser llevadas a cabo con éxito si detrás hay genios dispuestos a hacer un esfuerzo digno de Prometeo.

Carl Sagan resumió el universo (y todo lo demás) en la serie “Cosmos”, y el arqueólogo Zahi Hawass puede resumir el universo egipcio en unos cuantos documentales y armar un buen jaleo académico y político con un par de frases (“Los británicos y los alemanes son unos ladrones, nos tienen que devolver la Piedra Rosetta y a Nefertiti”). Prometeo engañó a Zeus cuando le dio a elegir la parte de los sacrificios que comerían los dioses, y luego robó el fuego para dárselo a los hombres. Hesíodo dice que Zeus se dejó engañar conscientemente por Prometeo, pensando en la venganza futura. Otros dicen que los dioses de la ciencia dejaron que Sagan y Hawass divulgaran las leyes del universo y del mundo egipcio para luego vengarse lanzando contra ellos el desdén de la ciencia “seria”. Supongo que la filosofía académica miraría por encima del hombro al esforzado consejero de Napoleón que resumió en unos pocos folios la filosofía de Kant. Qué le vamos a hacer.

¿Quién fue Maradona? El genio filosófico que resumió la magia del fútbol en un simple calentamiento en el estadio Olímpico de Múnich al ritmo de “Life is Life”. El barrilete cósmico que habría encantado a Carl Sagan después de que dejara tirado a tanto inglés en el Mundial de 1986. El egiptólogo impaciente que exigió devolver a Nápoles la Piedra Rosetta de un fútbol tan popular y apasionado como un poema de Neruda. Maradona. Qué futbolista, amigos. Algunos dicen que los dioses del fútbol dejaron que Maradona nos maravillara con su clase inigualable para luego vengarse de él convirtiendo al Pelusa en una caricatura, en una sombra, en un dios ridículo que habita en algunas calles de Nápoles, en un personaje atrapado por su pasado. Son los mismos que miraban por encima del hombro a Maradona porque su carrera fue menos larga de lo que debería haber sido y su cuerpo terminó doblegado por las circunstancias sin imponerse a ellas. Qué le vamos a hacer.

Como Prometeo, el consejero de Napoleón, Carl Sagan, Zahi Hawass, Maradona y muchos otros benefactores de la humanidad, los amables y sabios guías que nos llevan de paseo por la profundidad escondida de Estambul, París, Nueva York o El Cairo en la estupenda serie documental “Ciudades bajo tierra” son capaces de robar para los espectadores el fuego del pasado y mostrarnos los tesoros ocultos bajo las calles y plazas de las grandes ciudades. Debajo de la Piazza Navona, en Roma, están los restos del estadio que ordenó construir el emperador Domiciano, pero además de ver lo que queda de aquel inmenso estadio nuestros guías ofrecen una reconstrucción en tres dimensiones y explican que el estadio se construyó solo en seis años porque los arcos romanos permitían construir rápido y, así, el emperador que encargaba una obra podía verla terminada.

¿Saben dónde está lo que queda de la Basílica de Trajano o el Parque de bomberos de Augusto? Bajo el suelo de Roma. Fascinante. ¿Se puede resumir la filosofía de Kant en unos folios o echar un vistazo a la Roma subterránea en menos de una hora? Pues sí. ¿Se puede resumir la esencia y la existencia del fútbol en unos fogonazos o echar un vistazo al fútbol profundo en busca de la Basílica de Trajano? Claro que sí.

Gracias por todo, Prometeo. Gracias por todo, Diego Armando Maradona.

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