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José Luis

Patadón a La Ería

José Luis Salinas

La opinión del día sobre el Oviedo: “Tiburón dependitis”

Sobre la falta de acierto en ataque de los azules

Blanco Leschuk, ayer en El Requexón.

Blanco Leschuk, ayer en El Requexón. MIKI LÓPEZ

La falta de “killer”, y perdonen por el anglicismo, nos está matando. Al Oviedo le falta la salsa del futbol, lo que te hace estar arriba, lo más importante, ya saben, el gol. A ratos juega bien o, al menos, lo hace con criterio, si le da la gana deja que el rival controle el partido e intenta matar al adversario a la contra; y, otras veces, es mucho menos contemplativo y tiene la posesión y llega a manejar la pelota con criterio, como ocurrió frente al Lugo. Pero no tiene gol.

Lo de Castellón fue un espejismo, una goleada frente a un equipo debilitado, dolido por los costados y por el centro que acabó sucumbiendo a un Oviedo muy superior. Contra los lucenses podía haberse repetido la misma historia, porque los carbayones tuvieron el partido donde quisieron –salvo unos minutos de descontrol en el primer tiempo–; marearon al pulpo a su antojo, pero lo dejaron que se escapara con vida de la olla. Lo hicieron porque, simple y llanamente, casi no tiraron a puerta. Se aproximaron, rondaron..., pero a la hora de la verdad, nada de nada.

Lo peor de todo es que los carbayones comienzan a tener una dependencia de Gustavo Blanco Leshuck, más conocido como el “Tiburón”, un jugador superlativo para los carbayones, y uno de los grandes fichajes de este verano. Pero, por lo visto en el prao, no tiene recambio. Los experimentos cuando no está el argentino, no están funcionan, y cuando no está el equipo en ataque –salvo algún que otro ramalazo– acaba diluyéndose, perdiéndose en un mar de inocencia y dejando que los rivales se salgan con vida cuando deberían haberlos matado. El Oviedo tiene “Tiburón dependitis”.

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