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Víctor Rivera

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Víctor Rivera

La insoportable levedad de la fe

El Sporting ha hecho un primer tercio tan ilusionante como inesperado con un equipo de gran potencial que necesita madurez

Pocas cosas hay más volubles que las apuestas en firme. Mucho menos en el fútbol. Y son casi inapreciables en el entorno del Sporting. Con las primeras lluvias de noviembre y la primera derrota sonada (lo del derbi ya se tiene asumido) florecen como setas en otoño los críticos de

Se derrumbó el Sporting en Las Palmas en apenas 45 minutos y sacó a relucir la insoportable levedad de la fe. Ésa que hace tiempo ya que decae a menudo. Las cosas no suceden porque sí. Es evidente que el Sporting es uno de los equipos que más minutos acumula en su equipo base y también lo es que eso pasa factura. Para entender por qué no hay variaciones en la alineación, basta con analizar las respuestas de Gallego cuando se le pregunta por las rotaciones: “Cada domingo pongo al que me parece el mejor equipo para ese partido”. Queda claro que el técnico confía más en su equipo base con algunos jugadores al 70% de su capacidad que en las alternativas a pleno rendimiento. Un poco de Manu es mucho, como se vio en el primer tiempo.

Que nadie se sorprenda ahora al descubrir las limitaciones de la plantilla rojiblanca, cara y corta para la categoría. Si descuentas a los que no han estado nunca disponibles y a aquellos que no se han ganado la confianza del entrenador, te topas de frente con los malabares para evitar la alineación indebida por exceso de fichas del filial. Quizá por eso ayer Gallego no fue justo con Gaspar, héroe de la batalla anterior.

Con algunas excepciones que elevan la media notablemente, el del Sporting es un plantel joven, con sus ventajas que son muchas y sus pecados de juventud. Nada de lo dicho hasta ahora justifica un desplome como el del estadio de Gran Canaria. Parece más una cuestión de inmadurez, ya sea por dar el partido por ganado o por no saber encajar cada gol de los canarios.

Dice David Gallego que el equipo ya se encontró incómodo en el primer tiempo. Si fue así, supo disimularlo muy bien. Lo que se vio en la tele fue un Sporting bien asentado, dominador y que parecía sentirse superior a su rival. Para paladares exquisitos hubo también varios detalles, como los pases de Manu y Gragera a Djuka en los goles. Lo que vino después es un expediente sin resolver (algo pasa en esas malditas islas que todo se les tuerce siempre a los rojiblancos).

Por encima de todo, el Sporting se dio en Canarias un baño de realidad. El equipo que ha ilusionado a la parroquia rojiblanca lo tiene muy complicado para seguir el ritmo a los grandes transatlánticos de la categoría. La ventaja de los recién descendidos es mayor este año que ningún otro. El Sporting ha completado un primer tercio tan ilusionante como inesperado. David Gallego tiene a su disposición un equipo con gran potencial, pero en plena fase de maduración. Y esto, como sucede con los buenos vinos, requiere tiempo. Y paciencia. Y una verdadera apuesta en firme.

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