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Víctor Rivera

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Víctor Rivera

La opinión sobre el Sporting: Cuestión de entrenador; entrenador en cuestión

Sobre la gestión de David Gallego en el Sporting y Marcelino García en el Athletic

David Gallego

Pocas cosas marcan tanto el carácter de un equipo (que no de un club) como la personalidad, el talante y la ambición de su entrenador. Por eso, todos los proyectos de los directores deportivos comienzan con la elección del técnico que habrá de gestionar la plantilla. El acierto en esta apuesta determinará las opciones de éxito.

En algunos casos, como en el de Javi Rico, la elección del entrenador fue una de las pocas decisiones que tuvo margen para adoptar. Acertó con David Gallego y comenzó a labrarse una buena reputación como máximo responsable del Sporting.

Rico ha consumido ya la mitad de la ventana de enero con un único movimiento. La salida de Álvaro Vázquez fue tan justa como necesaria, pero puede suponer un debilitamiento del potencial colectivo si el Sporting no encuentra un sustituto antes de que la ventana se cierre. No vaya a ser que se resfríe Djuka. La opción de promocionar a Álvaro Santamaría no parece que se contemple, así que habrá que buscar fuera.

Con Campuzano atado para junio, Rico busca en silencio y parece que lejos de la Liga un ariete con garantías de rendimiento y adaptación inmediata. Sorprende, de entrada, la discreción de la que se ha sabido rodearse el director deportivo y el respeto con el que se esperan los resultados de su trabajo. Dos cosas inéditas en estas latitudes.

En la decisión final, tendrá mucho que decir David Gallego. Si llega un futbolista para seis meses, tiene que ser uno que se adapte como un guante al gusto del técnico. Los mejores entrenadores son aquellos que saben gestionar las situaciones críticas. Gallego ha librado con nota la primera fase del “evento Sporting”.

Pero ahora viene lo más complicado. Reincorporar a los implicados con naturalidad y ser justo con los que han dado el callo y han brillado por su profesionalidad. Lograr esto sin que se produzcan fisuras en la unión de la plantilla requerirá toda la mano izquierda del técnico. Al tiempo que conviene dejar claro que lo sucedido no queda impune. Y todo ello, sin merma del rendimiento deportivo. Esa es la cuestión para el entrenador.

La vuelta de los convalecientes definirá la talla del preparador rojiblanco, así como sus prioridades, sus valores y su carácter. Como el que asomó el domingo cuando golpeó el techo del banquillo de El Molinón tras la enésima felonía del reincidente De Burgos Bengoechea.

Qué lástima que el mal desempeño arbitral no permitiera a los rojiblancos discutirle el partido al Betis. Seguramente, los de Pellegrini hubieran impuesto su calidad, pero los 300 sportinguistas que volvieron al templo y los miles que se quedaron fuera se merecían ver hasta dónde era capaz de llegar su equipo.

Como lo fueron los del Athletic que celebraron a golpe de trompeta el desembarco de Marcelino García Toral, uno de los mejores entrenadores de España.

Basta con ver su hoja de servicios en todas las plazas por las que ha pasado. El único lunar fue el del Sevilla, pero hasta Monchi ha reconocido que fue un error no tener más paciencia con el técnico de Careñes.

A Marce le han bastado doce días en el cargo para llenar de carácter a su equipo y dotarlo de un plan táctico que superó sin paliativos a Real Madrid y Barcelona para volver a sacar la Gabarra. Se esperaba que Marcelino repitiera en Bilbao los éxitos de Gijón, Huelva, Santander, Villarreal o Valencia, lo que sorprendió fue que lo lograse tan rápido. Buscaba el Athletic un preparador a la altura de su historia y Marcelino es el entrenador en cuestión.

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