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Antonio Rico

Fútbol es fútbol

Antonio Rico

La opinión sobre los dos grandes del fútbol español: El bigote de Hitler y el whisky con agua

El doble juego del Barça y el Real Madrid con la cantera y los fichajes millonarios

El mal momento del Barça y, un poquito menos, del Real Madrid es desconcertante no tanto porque culés y merengues pierdan unos cuantos partidos, sean eliminados antes de tiempo de algunas competiciones o torturen a los futboleros con un juego indigno de sus futbolistas, sino porque las soluciones a sus problemas vuelven a pasar por fichar a grandes estrellas que cobrarían sueldos galácticos. ¿Problemas con los goles? Fichemos a Haaland. ¿Problemas con la ausencia de un cromo que venda camisetas? Fichemos a Mbappé. ¿Problemas existenciales? Fichemos a Neymar. ¿Problemas en la defensa? Fichemos a Alaba o a Koundé. Fichemos, fichemos, fichemos, fichemos. Eso sí, siempre dejando claro que la “apuesta” por la cantera es firme, decidida, potente, clara y, la nueva palabra de moda, estratégica. Hay que aclararse, amigos. El Barça no puede decir que confía en Collado y en Ilaix, excelentes futbolistas del filial, y rebuscar a la vez en eso que llaman “mercado” un futbolista buenísimo y barato que envié a Collado y a Ilaix a hacer un “Erasmus” en la Premier League.

Los parroquianos del bar Asyler´s Rest de “Ola de crímenes en el castillo de Blandings”, una novela del gran escritor británico P. G. Wodehouse, llegaron a la conclusión de que Hitler estaba en una encrucijada y debería tomar una decisión definitiva: o se dejaba crecer el bigote, o se lo afeitaba. No podía seguir indeciso de esa manera. Un hombre lleva bigote o no lo lleva. No hay términos medios, a no ser que se quiera llevar un bigotillo ridículo como el de Hitler. Como dice el formidable celestino y bebedor Michaleen Flynn en la película “El hombre tranquilo”: “Cuando bebo agua, bebo agua; y cuando bebo whisky, bebo whisky”. No hay medios bigotes. Un whisky es un whisky. O se busca dinero para fichar a megasuperestrellas, o nombramos ya a Collado caballero de la Mesa Redonda. O se cambia el nombre del Camp Nou a cambio de mucha pasta y se invierte ese dinero (y algo más) en comprar los goles de Haaland, o tiramos a la basura el carné de identidad de Ilaix y dejamos que se mueva por el Camp Nou recordándonos lo que una vez fue Pogba. Bigote o no bigote. Whisky o agua.

¿Los chicos de la cantera no garantizan títulos ni un rendimiento (en goles, asistencias, influencia en el juego o venta de camisetas) inmediato? Es posible. Pero el fichaje de Hazard no ha conducido al Real Madrid a la tierra prometida de la Liga de Campeones ni de sus botas mana leche y miel. Y los fichajes de Griezmann, de Coutinho y de Dembélé no solo no hicieron olvidar a Neymar, sino que han llevado al Barça al rincón de pensar, a Koeman a comparecer en las ruedas de prensa con un sonrosado toque nihilista en las mejillas, a que el palco culé se parezca cada vez más a las desquiciadas últimas horas en el búnker de la cancillería antes de la caída de Berlín y a que los culés se sienten a ver jugar a su equipo como un ecologista se dispone a escuchar una charla de Donald Trump sobre el cambio climático. ¿Quieren beber whisky? Pues que dejen de hablar de agua. ¿Prefieren el agua? Pues que no nos vendan whisky.

Creo que entre la indecisión de Hitler en relación con su bigote y la seguridad de Michaleen Flynn con relación al whisky lo que conviene al Barça y al Real Madrid es seguir el ejemplo de Flynn. Cuando un equipo bebe Haaland, no bebe Collado. Y cuando un equipo bebe Ilaix, no bebe los vientos por el retorno de Neymar. Y cuando un equipo no quiere hacer el ridículo, no se deja medio bigote.

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