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Víctor Rivera

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Víctor Rivera

La exigencia y el precio del éxito

Se desconoce si el Sporting subirá este año, pero sí que lo hará pronto

Decíamos ayer que el Sporting de David Gallego es un equipo sólido y bien armado, con un rendimiento muy por encima de los pronósticos más optimistas. Y, claro, triunfar en Gijón no sale barato. Hay un punto alto de exigencia que crece al abrigo de la historia de aquel equipo legendario que discutió títulos y se paseó sin complejos por Europa, favorecido por un contexto propicio para retener jugadores y transmitido por tradición oral de generación en generación. Incluso en años que se prevén complicados, como el actual, se disparan las expectativas a poco que la clasificación sea propicia para los rojiblancos. Quizá por eso, los paladares más exquisitos comienzan a ponerle pegas al juego del equipo. La culpa es de David Gallego, él se lo ha buscado. Quién le manda tener al Sporting codeándose con equipos que multiplican su presupuesto. Quién le ha dado la idea de volver a ilusionarnos cuando estábamos concienciados para otro año gris, lleno de sufrimiento y de partidos soporíferos. Cómo se le ocurre hacernos creer que los empates son poca cosa y que competir es un eufemismo de equipo pequeño.

Y luego se queja de que se critique al equipo por su falta de acierto, obviando su solidez defensiva, que impide a los rivales tener más ocasiones que algún disparo lejano, y el puñado de oportunidades claras que genera su equipo en cada partido. El Sporting jugó ante el Alcorcón sin la mitad de su columna vertebral (recuerden: Mariño, Babin, Javi Fuego y Djuka para arropar y dar vuelo al talento de los guajes) y aún así mereció claramente una victoria que se escapó sólo por una cuestión de finura en el remate y porque Dani Jiménez tuvo uno de esos días tontos que encumbran a los porteros.

Es cierto que el paso es corto y que había ilusión por sumar los tres puntos. Es verdad, también, que el Sporting encadena dos empates consecutivos ante rivales de la zona baja que parecían propicios para haber sumado otros seis puntos y lanzarse de lleno a la pelea por el ascenso directo. Reconozco que me gusta la exigencia, creo además que es buena para mantener la tensión competitiva, pero conviene no perder la perspectiva. Fuera de Gijón aumentan las voces que señalan al Sporting como el auténtico equipo revelación de la categoría, con un rendimiento muy superior a lo esperado que le permite codearse con los gallitos del fútbol de plata. Y todo, en un año sin apenas margen para los fichajes. Un año en el que el Sporting lleva nueve partidos sin perder y en el que nadie ha logrado llevarse los tres puntos de El Molinón.

Algo va mal si el sportinguismo no es capaz de disfrutar de esta temporada, si olvidamos que colarse en el play-off de ascenso parecía un sueño inalcanzable al inicio del curso. Yo no sé si el Sporting conseguirá este año el ascenso o no. Nadie puede saberlo. Lo que sí está claro es que agotará sus opciones y que es un equipo al que nadie querría enfrentarse en una eliminatoria. Ya ha quedado claro que no es fácil ganar al Sporting. La temporada está siendo un éxito mayúsculo y deja algunas certezas a las que abrazarse. La más importante es el buen ojo del director deportivo, Javi Rico, a pesar de su escaso margen de movimiento. Acertó de pleno con el entrenador que necesitaba esta plantilla joven, con gran talento y un inmenso margen de mejora.

Juntos (Rico y Gallego) apostaron por un puñado de guajes que ya estaban listos para corchar, aunque nadie les daba la oportunidad de demostrarlo. Muchos de ellos han sido ya renovados, consolidando un proyecto a medio plazo en el que confiar. Y encima, reforzó al equipo en aquellas posiciones que más lo necesitaba, con fichajes más útiles que ilusionantes, pero que seguramente son de lo mejor a lo que podía aspirar el Sporting en un mercado feroz. Me gusta la exigencia, ya lo he dicho, pero creo sinceramente que este proyecto nuevo se merece un poco de paciencia y un margen de confianza. No sé si el Sporting subirá este año, pero sí creo que lo hará pronto. Dejémosles crecer.

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