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Antonio Rico

Fútbol es fútbol

Antonio Rico

Georgia no es una canción de Ray Charles

El papel de España en los últimos partidos de los de Luis Enrique

Me gustó la selección griega de fútbol, que consiguió empatar con España disparando a puerta tantas veces como aquel tipo tan despistado que no sabía si había hecho el amor una vez o ninguna. Y me gustó la selección de Georgia, un país que no tiene nada que ver con la Georgia a la que cantaba Ray Charles (con música de Hoagy Carmichael y letra de Stuart Gorrell) en “Georgia on my mind” y, sobre todo, me encantó Kvaratskhelia, un futbolista capaz de convertir una excursión al campo en un lunes en la oficina. Es probable que Grecia no se clasifique para el Mundial de Qatar, y es más que probable que tarde muuuuuuuuucho tiempo en volver a ganar una Eurocopa. Es seguro que la Georgia de Kvaratskhelia no entrará en la cabeza y el corazón de los aficionados, y es más que seguro que la selección georgiana no llegará al Mundial de Qatar tan dulce y clara como la luz de la Luna a través de los pinos.

Y, sin embargo, a los viejos futboleros nos conmueve la fe (más bien la razón) de los griegos en una forma de jugar que no necesita a tipos como Pedri o Bryan Gil, y los que hemos crecido con el sonido de “¡gol en Las Gaunas!” entendemos muy bien a los equipos que juegan al fútbol para no perder y, si hay suerte, ganar gracias a un gol del Kvaratskhelia de turno. No todas las selecciones de fútbol pueden jugar como Alemania, España o Francia, así que no entiendo el fastidio de tantos futboleros que se sientan en el sofá para ver jugar a Grecia o Georgia como si fueran Sheldon Cooper dando clase de física en un instituto. El filósofo francés Pascal Bruckner dice en su ensayo “El vértigo de Babel” que las grandes naciones están siempre acechadas por el provincianismo y la arrogancia, mientras que hay espontáneamente más cosmopolitismo en los pequeños países políglotas. Por eso, añade Bruckner, ninguna región del mundo está tan cerrada a las otras, es tan insular a pesar de su posición, como Estados Unidos.

Los futboleros españoles, sobre todo los que han sido educados por la gran selección de Luis y Del Bosque, somos bastante provincianos y, cuando se trata de enfrentarnos a selecciones como la de Grecia o Georgia, muy arrogantes. Seguro que los griegos y georgianos son más cosmopolitas porque su pequeño tamaño futbolístico les permite entender todos los idiomas, tanto el de Pedri como el de Bakasetas o Kvaratskhelia. Hay muchas formas de jugar al fútbol, muchas formas de empatar un partido sin casi disparar a puerta y de perder un partido que se podría haber ganado. ¿A quién no le gusta ver jugar a Pedri? Pero no seamos provincianos. ¿A quién no le gusta la relojería defensiva de Grecia y la elegante fiereza de Georgia?

¿Acaso queremos que selecciones como la de Grecia o Georgia nos imiten como el Zelig de Woody Allen, que podía ser pseudochino, pseudomusulmán o pseudoafricano pero siempre, en palabras de Bruckner, desesperadamente otro a falta de ser él mismo alguna cosa? ¿Los futboleros queremos ver un partido entre la selección española y la selección pseudoespañola con el escudo de Grecia o Georgia? ¿Es eso? ¿Alemania contra pseudoalemania con el escudo de Rumania? ¿Francia contra pseudofrancia con el escudo de Kazajistán? ¿O preferimos que la selección española de Pedri se enfrente a la selección griega de Bakasetas y a la selección georgiana de Kvaratskhelia? ¿Georgia on my mind? Puede que no. Puede que Ray Charles no se refiriera a la selección de Georgia. Pero los georgianos casi empatan con España. Un respeto cosmopolita a Kosovo.

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