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Víctor Rivera

En el tiempo añadido

Víctor Rivera

Capitán Pérez y otros secundarios de lujo

El nivel de compromiso del exalumno de La Inmaculada con una camiseta que siente como propia está fuera de todo debate

No hace tanto, en el mundo del cine se reconocía a los actores secundarios como parte fundamental del éxito de muchas películas. Esto era antes de que esta tontería lingüística encontrase algo despectivo en el término y pasasen a llamarse actores de reparto. En el Sporting de David Gallego, como en el cine, se han destapado como fundamentales un puñado de futbolistas que no tienen un papel protagonista durante el grueso de la competición, pero que dan la cara y rescatan al equipo cuando se les necesita. Son varios, pero el principal es Pablo Pérez, el capitán Pérez.

Se han vertido ríos de tinta y horas de radio en sesudos análisis sobre la dependencia rojiblanca de los goles de Uros Djurdjevic, flamante pichichi de la categoría y nuevo internacional por Montenegro. Es cierto que el balcánico aglutina la mayoría absoluta de los goles del Sporting y que el camino hacia el gol se empina en su ausencia. Pero resulta que el Sporting se mantiene invicto en sus tres partidos de ausencia, en los que ha sumado cinco puntos de nueve. Y esto es así gracias a una arriesgada apuesta personal de David Gallego. Cuando todo el sportinguismo esperaba a Campuzano en Ponferrada, el técnico vio en Pablo Pérez el sustituto ideal de Djuka. El gijonés le respondió con un gol y un penalti provocado.

Tras la exhibición realizada en Vallecas, no queda ni rastro de todos aquellos ¨odiadores¨ que no le pasaron una a este exalumno de La Inmaculada, gijonés y sportinguista de cuna. El capitán Pérez llevó las críticas como pudo, sin alzar la voz, y dejándose la piel (con más o menos acierto) en cada minuto de que dispuso. El Pablo Pérez que hoy triunfa es el mismo al que se odiaba. Quizá el error está en lo que se esperaba de él. No es un goleador, ni un regateador ni un delantero al uso. Tengo mis dudas incluso de que sea delantero. Su gran temporada fue la del ascenso de los guajes en la que Abelardo le situó en distintas posiciones de la mediapunta. Lo que nunca negocia es la actitud.

Pablo Pérez es un jugador de esos que enriquecen las plantillas, es distinto a sus compañeros y es útil en muchas situaciones. Su nivel de compromiso con una camiseta que siente como propia está fuera de debate y aporta al vestuario valores fundamentales. Pablo Pérez es un secundario de lujo, pero no está solo. Además de los goles de Djuka, al Sporting que triunfó en Vallecas le faltaba también el talento de Manu García, la consistencia de José Gragera y la sólida aportación de Saúl o Campuzano. David Gallego encontró recambios solventes para todos.

Mención especial del jurado para Borja López, fundamental en la primera fase de la competición y relegado al banquillo tras la vuelta de Marc Valiente. El gijonés entró al partido en los instantes finales, seguramente para perder tiempo. Y lo hizo sin un mal gesto, dando importancia a cada minuto y sintiéndose parte de la victoria. Lo de Pablo García es otro asunto. No se pueden hacer reproches, tras las dudas iniciales, al rendimiento de Saúl, pero el guaje mantiene una línea ascendente que reabre viejos debates. Juega con el desparpajo de un veterano y ha rondado el gol en los últimos dos partidos. Secó al gigantesco Bebe sin arrugarse y se destapó con un lanzamiento de falta que mereció mejor suerte.

Con permiso de Cristian Salvador, castigado por la dura competencia, el capítulo de secundarios de lujo lo cerraría (de forma provisional, no hay nada definitivo en esta plantilla) Nacho Méndez. Estrella en ciernes en temporadas anteriores, penalizado por una complicada renovación y obligado ahora a adaptarse a una posición que no termina de ser la suya.

El mérito es de todos ellos, pero también de David Gallego, que ha sabido tenerlos a todos enchufados y hacerlos sentir importantes. Habrá dependencia de lo que la haya, pero Vallecas deja claro que la fuerza está en el bloque. Y también en el pie derecho de Pedro Díaz, que dio una victoria importantísima con uno de esos golpeos de futbolista caro. Sopla el viento a favor y el Sporting casi certifica su puesto en las eliminatorias por el ascenso. Y sin renunciar a nada, que talento para soñar hay de sobra.

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