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Francisco García

Una opinión sobre el Oviedo Baloncesto: Elástica ley de la gravedad

El ABC del baloncesto en el libreto de Lezkano: defiende, corre y tira

Micah Speight durante el partido ante el Castelló

Micah Speight durante el partido ante el Castelló Miki López

En un fin de semana de frustración futbolística por las derrotas insanas de azules y rojiblancos, no había mejor bálsamo de domingo para sanar los moratones que acercarse a la pista de Pumarín a comprobar hasta qué punto es elástica la ley de la gravedad: si a un bigardo como Norelia le ponen un billete de 50 euros en el borde superior del tablero, lo alcanzaría de un salto sin mayor esfuerzo. Cerrando el patio trasero con Kabasele, los dos hombres de color parecen empleados de las aerolíneas federales. Sin menosprecio de Oli Arteaga, con un juego de pies de lo mejor de la categoría. Parece mentira que un tipo tan largo y tan veterano se desenvuelva en las cercanías del aro con movimientos de ballet clásico.

El fútbol, que es ejercicio tendente a la horizontalidad –tan es así que hay muchos partidos que conducen al público al decúbito supino y a la añoranza de la siesta– no puede competir con el baloncesto bien jugado: perdería en la mayoría de las ocasiones la verticalidad. Preferir hoy día el baloncesto a cierto fútbol es tener altura de miras.

El Oviedo Baloncesto dictó en la última jornada ante sus fieles una nueva lección: que todo lo vertical es celeste. Bajo la batuta magistral de Natxo “Karajan” Lezkano, confirmó que la partitura del deporte de la canasta tiene mil variaciones en base a tres notas: defender, correr y disparar. Y esas tres lecciones, la plantilla, muy poderosa de físico, muy compacta y versátil, las tiene bien aprendidas.

Tal vez echando mano del ABC del baloncesto se pueda aspirar a la ACB. ¿Por qué no soñar de altura?

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