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La opinión del día sobre el Oviedo: muy previsibles, demasiados despistes

Sobre el momento actual del Oviedo y la necesidad de que no cunda el pánico para salvar la categoría

Llega la hora de la verdad de la Liga y coge al Oviedo en el peor momento de su temporada. No cunda el pánico. Pero como diría Luis Aragonés, que de joven jugó y más tarde, siendo ya el Sabio de Hortaleza, entrenó a los azules, el partido frente a Las Palmas de Pepe Mel, Jesé y Mujica es de los que hay que ganar por lo civil o por lo criminal.

Este calendario asimétrico, que no acaba de convencerme nada, vuelve a poner en el camino del Oviedo a un rival contra el que se jugó bien en la primera vuelta en un partido que, desde la perspectiva que permite el paso de los meses y el avance del calendario, ofreció pistas de la temporada que se avecinaba. Dos chispazos en los que el equipo se olvidó de ese juego previsible y gris que ha acabado por marcar estilo permitieron adelantarse en el marcador, un penalti fallado por Blanco Leschuk suscitó las primeras dudas sobre el instinto matador del Tiburón ovetense y el despiste final en un córner obligó a la afición azul a sufrir, una vez más, en la prórroga, aunque al final los tres puntos viajaron del Atlántico a la Cordillera Cantábrica. La misión para hoy sábado del plantel del comandante Ziganda es evitar que cojan el billete de vuelta y se marchen en vuelo regular en el zurrón de los canarios.

En una competición tan igualada y sufrida como la Segunda División española, los despistes a la larga se pagan muy caros. El Oviedo ha demostrado ser un equipo que compite y al que, salvo en un puñado de partidos, los rivales no han sido capaces de superar claramente, pero esa cara ha tenido su cruz: al conjunto del Tartiere le hacen goles con muy poco y más de una vez por una disposición defensiva con muchas carencias.

El gol que recibió en el Estadio Insular se ha repetido con demasiada frecuencia: Álex Suárez remató fácil pese a estar rodeado de mayoría de jugadores azules. Por desgracia hemos visto esta imagen más de lo que hubiéramos deseado: goles en contra con un Femenías indefenso pese a tener una nutrida compañía de camisetas azules a su alrededor. Meter atrás a todo el once azul, once bajo la lona, no ha sido la solución. Datos cantan y los vídeos ahí están, para repasar, aprender, corregir y mejorar. Como también resulta difícil de entender que ningún jugador azul tenga la costumbre de situarse al borde de la media luna del área cuando hay un balón parado, ya sea a favor o en contra, para rebañar un chut sorpresivo o dificultar un remate rival. Son acciones básicas y obvias, claro que sí, pero brillan por su ausencia.

En este tramo decisivo de la temporada, con nueve partidos para el final, no queda otra que ser tan atrevidos y audaces como sólidos para, como ha dicho el míster, sumar cuanto antes esos 50 puntos y evitar angustias indeseadas. Seguro que los aficionados más veteranos no olvidan que cuando el Oviedo bajó por última vez de Primera División solo estuvo en descenso esa jornada, la última y fatídica de aquella tarde veraniega en Mallorca.

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