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Pablo González

Territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre la Superliga: Florentino Puigdemont

El Madrid y el resto de la élite del fútbol europeo quieren una Liga separatista haciéndose un Robin Hood a la inversa: desangrar a los más pobres para hacer a los ricos más ricos

Florentino Pérez

Florentino Pérez

No podía ser otro. Tenía que ser él. Florentino se ha convertido en el Puigdemont del fútbol europeo impulsando la Liga separatista. El tito Floren y el resto de la élite futbolera –a la espera del PSG y de los alemanes– quieren jugar entre ellos haciéndose un Robin Hood a la inversa: desangrar a los más pobres para hacer a los ricos más ricos.

Alguien tiene que pagar, por ejemplo, el nuevo Bernabéu y los estragos del covid. El problema es el de siempre, el único: la pasta. Si la UEFA y la FIFA –para nada ejemplo de algo bueno– reparten mejor los dividendos, puede que no llegue la sangre al río. El precio de salida está marcado: 3.500 millones para cuadrar las cuentas del covid. Aunque si a estas alturas de la película hay que apostar, no da la sensación de que sea una jugada meramente táctica para sacar mayor tajada de la nueva Champions. Así que para el fútbol se avecinan tiempos tumultuosos.

De lo que ni unos ni otros quieren hablar es del porqué se ha llegado a esta situación. De cómo se han desmadrado los sueldos, del doping financiero o, por ejemplo, el escandaloso papel de los comisionistas que por una llamada de teléfono se llevan 20 millones. Sin olvidar de cómo es posible que organismos como las federaciones (la de Rubiales y las territoriales) sigan funcionando con un sistema heredado del franquismo.

De lo que ni unos ni otros quieren hablar es de cómo se han desmadrado los sueldos, del doping financiero o, por ejemplo, el escandaloso papel de los comisionistas que por una llamada de teléfono se llevan 20 millones

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El nuevo show entorno al fútbol ha comenzado. Hagan acopio de palomitas, pero no sueñen con ver al dueño de ACS comiendo patatas fritas sentando en un banco de un parque belga rodeado de palomas. Waterloo no está hecho para el tito Floren.      

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