Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre la nueva polémica entre el Sporting y el Oviedo: Cuando algo falla allí arriba

Sobre la incapacidad de la propiedad del Sporting para gestionar las situaciones de crisis y la manía del Oviedo y de sus dirigentes de dejar la política exterior (y muchas veces la interior) en manos del “qué dirán en las redes”

Las directivas del Sporting y del Oviedo antes de un derbi en El Molinón

Las directivas del Sporting y del Oviedo antes de un derbi en El Molinón RSG

Cuando se juntan la torpeza, la escasez de ideas (buenas) y la afición por contar verdades a medias, la historia toma tintes de tragedia. Si a esto se le añade esa pizca de banalidad y ausencia de materia gris tan típica del planeta fútbol, y se aliña con un ataque de aldeanismo ilustrado tan habitual por estas latitudes, el tablao flamenco ya está montado. Ahí está lo sucedido entre el Sporting y el Oviedo. Un asunto local como era la polémica por la situación del fútbol base de Mareo se convirtió en treinta segundos en una afrenta de sangre que ha reabierto la herida que provocó la lejana “crisis de los urinarios” y que parecía cerrada tras la mediación de Joaquín y César; Corral y Martínez.

La incapacidad de la propiedad del Sporting para gestionar las situaciones de crisis se estudiará algún día en los mejores gabinetes de psicoanálisis. Pero hasta entonces, si hay algún psicólogo en la sala bien haría en presentarse voluntario para explicar a los que mandan en el Sporting que no pasa nada por afrontar los problemas, que procrastinar como filosofía de vida no es la solución. Y menos en un sistema presidencialista de manual como el que impera en el Sporting.

En esos mismos foros también se analizará con lupa la manía del Oviedo y de sus dirigentes de dejar la política exterior (y muchas veces la interior) en manos del “qué dirán en las redes”, de los vociferantes haters del mundo virtual. Todo por participar en ese juego de fin de fiesta de competir para ver quién orina más lejos. No es nuevo que a Jorge Menéndez Vallina se le calienten los pulgares cuando entra en el mundo virtual y comprueba que se junta la escandalera que montan cuatro seres con un teclado y wifi con un par de menciones al patrón. Dinamita en vena. Ya está armada.

El drama comenzó después de que el Sporting negara que algunos de sus futuros valores hayan picado a la puerta de El Requexón cansados de esperar por información sobre qué iba a hacer el Sporting con la cantera, de “vacaciones” por esto del covid. Tanto procrastinar tiene estas cosas, la gente se harta de preguntar y no recibir respuesta, o de encontrarse con que alguien bloqueó el sistema de mensajes de la aplicación para comunicarse con el club, no fuera a ser que se escribiera algo que molestara a quien todo lo manda.

Hay una obsesión de que no trascienda que las gentes de ambas instituciones se hablan, se saludan cuando se ven e, incluso, son amigos. Lo demás son postureos para quedar bien con una parte del auditorio, que ni siquiera es la mayoritaria

decoration

Y sí, hubo llamadas, por mucho que ahora se niegue. Lo que ocurre es que en la zona abuhardillada y bunkerizada de Mareo se juega con las cartas marcadas: saben que ninguna familia se atreverá a ponerle cara y voz a su situación. ¿O sí? El que se mueve de Mareo o se queja es depurado y se le cierran las puertas para siempre. El Sporting está en su derecho de sacar a los niños de su ciudad deportiva y blindar en más de 100.000 metros cuadrados al primer equipo y poco más para evitar sustos con el covid. El mismo que tienen los padres a saber qué va a pasar con sus hijos. Pero hasta que el asunto no trascendió, se vinculó a un hipotético problema de liquidez y se contó que empezaba la estampida de jugadores, ni una palabra. Luego, lo de siempre: culpar a los demás.

¿Y en el Oviedo? Pues en la casa azul pasa como en muchos partidos políticos, donde hay cuatro afiliados y se contabilizan no menos de diez corrientes de pensamiento y familias. Ahora se está a la caza de los que rechazaron dar cobijo a los huidos de Mareo por ese pacto de caballeros entre ambos clubes para no robarse chavales. Y todo por la obsesión de que no trascienda que las gentes de ambas instituciones se hablan, se saludan cuando se ven e, incluso, son amigos. Lo demás son postureos para quedar bien con una parte del auditorio, que ni siquiera es la mayoritaria. Con sucesos así resurgen las dudas sobre si al Oviedo y al Sporting les falla algo allí arriba, algo en el puente de mando. Una vez más, dudas despejadas.

Compartir el artículo

stats