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Eloy Méndez

En otras manos

Las severas limitaciones en el último pase y más problemas habituales

El Sporting puso ayer su destino en manos del Lugo, el club que agotó las camisetas gracias al gol de un tal Caballero hace ya seis años, cuando un puñado de chavales de Mareo forjados para no bajar lograron la proeza de subir. Eso dando por descontado que los de David Gallego hacen sus deberes y son capaces de doblegar el domingo al Almería, que no es moco de pavo. A favor, tienen que El Molinón ha sido el fuerte Laramie durante toda la temporada, con dos excepciones frescas en la memoria: el derbi y el Mirandés de José Alberto. En contra, la sensación de agotamiento físico y psicológico de un equipo que ha jugado siempre a lo mismo, con distinto resultado en función del momento. Nueve meses saliendo a no perder quizás hayan sido demasiados.

Pero de nada vale rasgarse ahora las vestiduras y recrearse en el empate logrado en la periferia madrileña porque ninguna conclusión servirá para lo poco que queda, sea un partido o sean más. Los rojiblancos no dieron ninguna muestra de jugarse más que el Fuenlabrada, se empeñaron hasta la saciedad en mostrarle al personal sus limitaciones con el último pase y lo fiaron todo a una casualidad que no llegó, sin profundidad ni estrategia conocida. Bien se pudo perder porque los de casa fallaron lo que no está escrito. Y bien se pudo ganar si Campuzano, el envío invernal que llegó sin precinto, hubiera acertado con la que tuvo. Toca cruzar los dedos o encomendarse a Nuestra Señora de los Ojos Grandes, patrona de todos los lucenses. Que elija cada cual.

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