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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión del día sobre el adiós de Sergio Ramos: El mejor SR4, siempre en el descuento

Se esperaba que en su despedida Ramos fuera más contundente. Pero no. Es más, lo bordó: contó su verdad con señorío, dejó las puertas del club más abiertas que nunca y volvió a demostrar que el mejor SR4 siempre aparece en los minutos finales

Sergio Ramos, junto algunos de los trofeos que ganó con el Real Madrid

Sergio Ramos, junto algunos de los trofeos que ganó con el Real Madrid Real Madrid

Nada es eterno. Y nada crece más allá de la sombra que proyecta. Sergio Ramos se ha despedido a su pesar. Comenzó su fiesta del adiós entre lágrimas, tirando de la fuerza que le ha dado su familia, su clan, con el que llegó hace dieciséis años al Real Madrid y con el que se va no se sabe todavía dónde. Llegó a la capital con 19 años tras una huida de Sevilla a medianoche, donde todavía no le han perdonado aquello, con la cara más rechoncha y casi virgen de tatuajes. Se va (se supone) con los bolsillos llenos, con una prole rubia y de ojos verdes y con la piel sin un centímetro libre de tinta. Ha dado y le han dado, pero el último golpe lo ha encajado el de Camas.

En la carrera de un futbolista entre el mito y la leyenda como es el caso de Ramos hay momentos en los que el poder es omnímodo. Pero cuando llega el ocaso, los resultados no acompañan y el que manda se cansa de tu cara, el poder desaparece más rápido de lo que llegó. A Ramos no le ha pasado nada distinto a lo que le ha ocurrido a otras leyendas ante el final de su carrera.

En su caso, y tratando de reconstruir el puzle utilizando sus palabras, sus silencios y el fuego continuo de la artillería mediática rendida a los pies de Florentino, parece claro que Ramos no midió bien a quién se enfrentaba. Y cuando vio que la cosa iba en serio y se mostró dispuesto a firmar lo que fuera con tal de seguir en Madrid, ya era demasiado tarde. Sentarse a jugar al póker con trileros profesionales solo con el corazón en una mano y lo que cuelga por ahí abajo en la otra siempre acaba mal.

Ramos no midió bien a quién se enfrentaba. Sentarse a jugar al póker con trileros profesionales solo con el corazón en una mano y lo que cuelga por ahí abajo en la otra siempre acaba mal

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Por eso había quien esperaba que en su despedida Ramos fuera más contundente. Pero no. Es más, lo bordó: contó su verdad con señorío, dejó las puertas del club más abiertas que nunca y volvió a demostrar que el mejor SR4 siempre aparece en los minutos finales, en el descuento. Así que el héroe de la Décima volverá. Seguro.

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