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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre Luis Enrique y la selección: Lucho, apunten y fuego

Lo sucedido ante Polonia ha alentado a todos los cazadores a rescatar de sus armeros las miras láser, que ya apuntan a una única cabeza

Luis Enrique, durante un entrenamiento

Luis Enrique, durante un entrenamiento Reuters / Sergio Pérez

La cacería ha comenzado. Lo de hasta ahora había sido un simple estiramiento. Pero lo sucedido ante Polonia ha alentado a todos los cazadores a rescatar de sus armeros las miras láser, que ya apuntan a una única cabeza. Luis Enrique es la pieza que todos se quieren cobrar. Pocos tienen decorada su sala de estar con la cabeza de un seleccionador, pieza más que codiciada. Ya se verbaliza e incluso se pone negro sobre blanco que la silla del asturiano comienza a tener tres patas.

Cualquier cosa, al margen de las malas vibraciones que desprende el equipo, sirve como munición. Incluso el vídeo distribuido por la propia Federación de la salida de los jugadores hacia La Cartuja en la previa del partido ante los polacos: se denuncia que nadie tuvo la delicadeza de saludar a los aficionados que daban palmas. Poderosos enemigos los de Luis Enrique, que tampoco es que pierda mucho el tiempo en hacer amigos al otro lado del micrófono.

Entre hacer el once a pachas con el García de turno y culpar a la prensa de la muerte de Manolete debería existir un término medio

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Entre hacer el once a pachas con el García de turno y culpar a la prensa de la muerte de Manolete debería existir un término medio. Pero allá cada uno con sus filias y fobias, aunque una de ellas pase por seguir incluyendo en la lista de enemigos exteriores al césped de La Cartuja. Sí que Lucho ha bajado el tono en este asunto, pero sus chicos siguen el camino abierto por el técnico para horror y pasmo de Rubiales. Unos sienten desafección por el campo en el que juegan y otros por la selección que los representa. Y por allí resopla Eslovaquia, a la que unos y otros dan por derrotada. Ojo, que los suecos y los polacos también eran unos paquetes. Así que todos al suelo por lo que pueda pasar.

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