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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión del día sobre Pablo Carreño, el Sporting y el Oviedo: El día de la victoria y ese plan ADO

El medallero sigue engordando, a los deportistas nos les llegan las becas ni para comer y los directivos-políticos siguen engordando el sistema con asesores que solo van a los Juegos a hacerse selfies

Por la izquierda, Khachanov, Zverev y Pablo Carreño, con sus medallas

Por la izquierda, Khachanov, Zverev y Pablo Carreño, con sus medallas

Un alemán, un ruso y un español sudando en Tokio. Parece el inicio de un chiste de cuñado a las cuatro de la mañana en Nochevieja (¿se acuerdan de cómo era aquello de salir, entrar y volver a salir sin miedo a una multa?). Pero no. Es la historia, la feliz historia del podio con los tres mejores tenistas de los Juegos Olímpicos, entre ellos el compatriota Pablo Carreño. El asturiano y gijonés ya pudo morder su bronce para pasar a la siguiente pantalla, que ya veremos cuál será. El éxito del tenista ha descongelado el medallero español, que ya suma algún metal más tras la plata de Ray Zapata y el bronce de Ana Peleteiro. Honor y gloria para los muchachos.

Así que en el momento de escribir estas líneas, España ya suma siete medallas. ¿Muchas, pocas, lo normal? Si hay que hacer caso a lo que sesudos políticos y afines “encargaos” del asunto deportivo dijeron antes del inicio de los Juegos, casi que más que a las medallas había que tener en cuenta los cuartos, quintos y sextos puestos. Es lo que hay. El mismo nivel de exigencia que ayudas a los deportistas que no viven de lo suyo. Ahí está, por ejemplo, el caso de Hugo González, el buque insignia de la natación masculina en España que con solo 22 años medita su retirada porque la famosa beca ADO no le da ni para comer.

Hay más de uno y de dos deportistas que se muerden la lengua cuando comprueban cómo las expediciones a las distintas competiciones se engordan cada vez con más asesores y gabineteros pluriempleados que a lo que van es a hacerse selfies

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Así que es lógico que el secretario de Estado de turno no esté para exigir mucho, no le vaya a salir alguno respondón. Sobre todo cuando hay más de uno y de dos deportistas que se muerden la lengua hasta hacerse sangre cuando comprueban con sus propios ojos cómo las expediciones a las distintas competiciones se engordan cada vez con más asesores y gabineteros pluriempleados que a lo que van es a hacerse selfies con el triunfador del día, a cobrar la soldada y a sacarle brillo a las rodilleras para ir trabajándose el siguiente destino. Eso sí que es un chiste de cuñados ebrios de ron y de poder. Pero no tiene una pizca de gracia.

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